NO EN MI TURNO  

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Una de las frases más repetidas por el siempre ingeniero Eduardo Aguirre Perales, el célebre Pitarreo, era aquella de ¡Qué turno!

Si se la pasaba uno una hora con Lalo, o si era toda la tarde, podía escuchar la misma frase repetida cinco, diez, veinte veces, y en cada una de ellas tenía sentido, por más que se tratara de temas distintos, desde la más elevada política, hasta la más baja, desde problemas familiares, hasta programas de televisión, y por supuesto a que para él era un turno pesado el tener que soportar a quienes eran sus compañeros locutores o periodistas. Habrá quienes se habrán sentido aludidos, apenados incluso de hacerle el turno existencial difícil al Pitarreo, otros se lo agarraban a guasa y más duro le tupían con lo que lo molestaba e incomodaba, así es la raza periodiquera, no respeta ni las canas, y mucho menos las calvas.

Nunca supimos de donde había sacado aquella frase del turno. Lo que sí, es que en algunas novelas, que luego se volvieron películas de éxito en los Estados Unidos, de hace algunos años, uno de los diálogos más impactantes del personaje más fregón de todo el elenco, solía decir “not in my watch”, que podría traducirse más o menos como “no en mi turno”, o no mientras esté yo de guardia.

Si no nos acordamos mal, se la oímos pronunciar a Morgan Freeman, en uno de sus papeles más acabados, de presidente de los Estados Unidos, quien ante la disyuntiva de iniciar o responder un ataque nuclear, contestaba a quienes lo azuzaban: no en mi turno, en mi turno no se va a acabar el mundo. No nos negarán que la línea es buena, bien actuada le podría conseguir un Óscar a cualquiera. Luego la escuchamos, como le decimos, tres o cuatro ocasiones, así de buena es la frase, de que yo soy tan responsable, que estando yo de guardia, o de vigía, pueden confiar en que no va a ocurrir nada grave. Incluso aquello que me está autorizado hacer, como apachurrar el botón rojo para volar la mitad del planeta por el espacio intergaláctico, no lo voy a hacer, resolveré el problema que ni cuenta se van a dar de lo cerca que estuvimos.

De acuerdo, son novelas o son películas, o son periodistas quejándose de lo que les ha tocado vivir, pero como que da tranquilidad el pensar que hay gente responsable haciendo el trabajo que se les encomendó, hasta el límite mismo de sus capacidades, y todavía más allá.

Esto viene a cuento por lo sucedido en torno al incendio de la “estación migratoria provisional” instalada en Ciudad Juárez, Chihuahua, por el Instituto Nacional de Migración. Allí tiene a Adán Augusto López, “el hermano” del presidente Andrés Manuel López Obrador, el que pregona que los tabasqueños son más inteligentes que los norteños y que todos los mexicanos, diciendo que la responsabilidad de lo sucedido no es suya, ni la dependencia a su menos que digno cargo, sino de Marcelo Ebrard, y de la Secretaría de Relaciones Exteriores…

Sí, es cierto, la declaración la hizo ante Joaquín López Dóriga, quien con su particular estilo periodístico, lo acorraló de tal manera que no se le ocurrió mejor manera de escaparse de la trampa que echar de cabeza a su compañero de gabinete y acérrimo enemigo en la contienda por la nominación de MORENA como candidato a la presidencia de la república en la elección de 2024. En el colmo de la chapuza, Adán Augusto salió con la vacilada de que “hay un acuerdo”, por el cual la Secretaría de Gobernación se hace cargo de lo administrativo del tema migratorio, nos imaginamos que del Instituto Nacional de Migración, que orgánicamente depende de la Secretaría, pero que de lo otro, de la política migratoria, el encargado es ni más ni menos que Marcelo Ebrard, secretario de relaciones exteriores.

Lo que a un servidor se le hubiera ocurrido pedir en ese mismo instante es ¿y tendrá, señor secretario, a la mano el acuerdo para poder mostrarlo al público radioescucha, lector o televidente?

Quede claro, no es que estuviéramos presentes el día y la hora en que el presidente le encomendó a Marcelo Ebrard hacerse cargo del tema de los migrantes, pero sí lo tenemos en la mente, ocurrió en alguna de tantísimas mañaneras, aquel, que si se lo esperaba porque lo habían platicado antes, o que le cayó el tortazo de sopetón, puso cara de circunstancias, y el “sí, patrón”, ni siquiera tuvo que pronunciarlo.

¿”ezdeque” así se hacen las cosas en este sexenio?, ¿con una declaración del presidente de la república en una conferencia de prensa, ya queda todo en firme?, uno lo que esperaría, mínimo, es un nombramiento, oye tú Marcelo, como te dije hace rato, te haces cargo de esto, esto y esto; o por encima de eso, un decreto, por disposición del ciudadano presidente, acá mi carnal Marcelo, o quien ocupe la secretaría de relaciones exteriores, pasa a hacerse cargo temporalmente de la política migratoria del gobierno, para lo cual se transfiere enterito el Instituto Nacional de Migración, tantos más cuantos batallones de la policía militar, tantos otros de Infantería, dos o tres brigadas de la Guardia Nacional, para que se haga cargo de esa función…

Claro, esto debería pasar al Congreso porque implica una modificación a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, debería votarse y aprobarse, y solo entonces entrar en vigor. Así es más o menos como deberían operar las cosas, hasta la Secretaría de Hacienda tendría que ser notificada de que todo el aparato de migración cambia de centro de costos de Gobernación a Relaciones Exteriores.

Pero no, no en la 4T, palabra de presidente es palabra de rey, de mesías o de dios. Él dijo que se hacía, y se hace…

Sí, nada más que como Adán Augusto no soltó al Instituto Nacional de Migración, como Marcelo a lo que se dedicó es a caravanear ese y otros asuntos a su estilo de alta política, sin bajar a los sótanos de la operación gubernamental, más bien las cloacas, que es a lo que equivale el funcionamiento del INM, resulta que a la hora que pasa lo que pasó en Ciudad Juárez… no había nadie de turno…

No estaba nadie de guardia, ni el secretario de gobernación, para más señas jefe de la política interior del país y jefe del gabinete presidencial, tampoco estaba Marcelo que andaba con lo de Tesla en Monterrey, y seguro que ni por la mente le pasaba que lo de las estaciones “pato” de migración pudiera caer en su órbita de responsabilidad. El que en teoría sí estaba de guardia es el jefe máximo, comisionado es el nombramiento, del Instituto Nacional de Migración, un tipo que se ha caracterizado por lo duro en una función que debería ser más que blanda, suave.

El problema con la 4T es que no respetó desde el principio los turnos. Allí andaba Marcelo comprando vacunas, allí anda el Ejército entregando libros de texto gratuitos y medicamentos, allí anda Relaciones Exteriores haciéndose cargo de migración, y todo esto de pico para afuera, sin la correspondiente asignación de recursos, sin un nombramiento o designación que habilite, nada. La manera tan “artesanal” de gobernar ya hizo crisis, por el simple hecho que nadie estaba de turno cuando aquello ardió, con cien migrantes dentro.


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