Ciudad de México, diciembre 29. El astronauta Rodolfo Neri Vela cumplió el sueño de llevar a México al espacio al convertirse en el primer mexicano en viajar fuera de la Tierra y el segundo astronauta de América Latina, tras ser seleccionado entre 800 aspirantes para una misión conjunta entre México y la NASA.
Su participación permitió colocar en órbita tres satélites de comunicaciones, incluido Morelos II, el segundo satélite mexicano, en lo que hasta hoy ha sido la única misión espacial propia de México como nación, según se publica en de la edición de este mes de la Revista Latina.
Rodolfo Neri Vela nació en 1952 en Chilpancingo de los Bravo, Guerrero. Es ingeniero en Comunicaciones y Electrónica egresado de la UNAM, con estudios de maestría en Telecomunicaciones por la Universidad de Essex, en Inglaterra, y doctorado por la Universidad de Birmingham, donde se especializó en radiación electromagnética. Fue becario del CONAHCYT y del Consejo Británico, formación académica que resultó clave para su posterior selección como astronauta.
Antes de su viaje al espacio, Neri Vela desarrolló una amplia trayectoria como profesor e investigador en la UNAM, además de colaborar como ingeniero en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, la Secretaría de la Defensa Nacional y el Instituto de Investigaciones Eléctricas. Sus áreas de especialización incluyeron teoría electromagnética, antenas, comunicaciones por satélite y fibras ópticas, consolidándose como una figura central del desarrollo científico y tecnológico del país.
En 1985, mientras se desempeñaba como académico, México y la NASA iniciaron la búsqueda del primer mexicano que viajaría al espacio. Tras superar el proceso de selección, Neri Vela fue sometido a un año y medio de entrenamiento intensivo en el Centro Espacial Lyndon B. Johnson, en Houston, donde se preparó en el manejo de procedimientos satelitales y del brazo robótico del transbordador espacial Atlantis.
La misión STS 61 B despegó la noche del 26 de noviembre de 1985 desde el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, Florida. El objetivo fue colocar en órbita los satélites AUSSAT II, SATCOM K 2 y Morelos II, este último diseñado para fortalecer las telecomunicaciones nacionales en telefonía, televisión y transmisión de datos, bajo operación de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

Durante la misión, Neri Vela orbitó la Tierra 109 veces y participó en tareas clave como la toma de fotografías para monitoreo ambiental, estudio de desastres naturales, cambio climático, cartografía, documentación del estado de la nave e investigaciones en microgravedad, además de experimentos propios de la misión. El transbordador aterrizó el 3 de diciembre de 1985, tras permanecer 6 días, 21 horas, 4 minutos y 49 segundos en órbita.
El propio astronauta describió la experiencia como profundamente personal al poder observar México desde el espacio, señalando que no solo se trató de una misión técnica, sino de un viaje que le permitió capturar la magnitud y belleza del país desde una perspectiva única.
La misión de Neri Vela convirtió a México en el país pionero de la exploración espacial en América Latina, marcando un precedente histórico. Aunque otros mexicanos han colaborado posteriormente en programas espaciales, esta ha sido la única misión espacial realizada por México como nación.
El legado de Rodolfo Neri Vela continúa vigente como símbolo de que la preparación académica y científica permite superar límites considerados inalcanzables. Su historia inspira nuevas generaciones y forma parte del mensaje central del documental “Neri Vela, Espacio sin límites”, que reflexiona sobre el destino, la vocación científica y el futuro de la exploración espacial, incluyendo los planes hacia Marte y la Luna.
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