Neli Herrera, el adiós de una mujer imprescindible

Por Heriberto Medina 

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¿Qué es lo que impulsa a alguien a buscar el beneficio colectivo por encima del personal? No lo sé, pero conocí a una persona así, su vida era guiada por la justicia y la solidaridad, se llamaba Neli Herrera, ayer falleció.

Manuela Herrera Rodríguez, por todos conocida como Neli, era extraordinariamente sensible a las situaciones de injusticia, no podía permanecer indiferente, pasaba a la acción en lugar de quedarse en las lamentaciones.

A muy temprana edad tuvo contacto con las estructuras de opresión y de injusticia social que la llevaron a participar en el movimiento de huelga Cinsa – Cifunsa de los años 70, ahí fue evidente su compromiso y su liderazgo en la acción.

La historia cuenta que uno de los líderes vendió el movimiento de huelga y aún que aparentemente los trabajadores perdieron, fue un paso evolutivo de la sociedad saltillense, la huelga fue la germinal de liderazgos que aún hoy siguen marcando la región sureste de Coahuila, entre esos liderazgos se cuenta al extinto y mítico Padre Pedro Pantoja y, por supuesto, Neli.

Parafraseando a Facundo Cabral, el corazón de Neli no bebía del trago amargo de la traición al movimiento de huelga, nunca la escuché tocar el tema, su actitud ante la injusticia era más de caridad que de rebeldía, más de amor por quienes sufrían por las situaciones de opresión, que de odio a los opresores, y así fue siempre.

Neli siguió por el camino del cooperativismo, de la solidaridad entre los trabajadores y no solo como un tema teórico sino dejando un legado en esa materia.

Y siendo Neli como era, resultaba imposible que no se involucrara en la lucha ciudadana contra la injusticia que le da origen a una dictadura y la injusticia que genera la propia dictadura; ella hizo lo que le tocaba desde la trinchera que le correspondía.

Así se convirtió en fundadora de la organización ciudadana Alianza Cívica, mediante la cual fue impulsora y pionera de la observación electoral desde los años 80.

Documentó las prácticas fraudulentas del PRI, una y otra vez exhibió sus mapacherías, sus violaciones legales, su cinismo, una y otra vez. Desde luego que eso le valió odios, pero ¿Qué le podían hacer a una persona como Neli? Nada, absolutamente nada.

Los ataques que le lanzaron fueron ridículos, solo revelar la baja estofa del moreirismo, mostraron temprano que en la difamación no tienen límites.

El primer ataque que recibió fue la “gran revelación pública” de que no se llamaba Neli, sino Manuela, luego filtraron a la prensa una conversación telefónica con el obispo Raúl Vera, en la que no si decía nada malo, con eso solo mostraron que tenían intervenidos los teléfonos.

De todo eso Neli resultó ilesa, ni por enterada se dio, porque Neli era un ave de plumaje inmaculado, volaba sobre el pantano señalando y exhibiendo a las criaturas que ahí habitan, no la podían vulnerar.

Su lucha social y su gran corazón le generaron una gran familia de amigos, de hermanos, de hijos y de nietos, hoy que me enteré de su partida no pude evitar que a mi mente viniera la imagen de muchas mujeres que ahora participan activamente en las luchas sociales, me las imaginé como un coro, como un tributo despidiendo a Neli. Yo antes nunca lloraba, seguramente me estoy volviendo viejo.

La frase de Bertold Brecht sobre las personas que luchan toda la vida y son imprescindibles se aplica perfectamente


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