Fronteras del crimen
Por Víctor Manuel Sánchez Valdés
Los narcocorridos es uno de los géneros más populares en México. De acuerdo con datos de Spotify, los 15 artistas de narcocorridos más populares tienen más de 351 millones de reproducciones mensuales, donde Fuerza Regida encabeza la lista con 46 millones al mes.
Debido a la alta popularidad de los artistas de narcocorridos, estos tienen muchas presentaciones en todo el país, a pesar de que el año pasado hubo una oleada de leyes y decretos que han prohibido las canciones que hacen apología del delito en varios estados y municipios.
La censura no debe existir en un país democrático, cada persona debe tener la libertad de escuchar narcocorridos o la música que prefiera, sin temor a ser molestado por ello, lo que también aplica para los empresarios que organizan conciertos con estos artistas, pero resulta absurdo que los gobiernos destinen recursos públicos para contratar a estos cantantes o grupos.
Los gobiernos estatales y municipales, así como el Federal, contratan cada año a artistas para amenizar festivales, eventos conmemorativos y ferias, en donde las celebraciones del 15 de septiembre tienen una relevancia central.
La oferta de grupos y cantantes es amplia y abarca muchísimos géneros, por lo tanto, no existe escasez de opciones, por lo que es cuestionable la decisión del gobernante que contrata a un artista o grupo que interpreta narcocorridos en lugar de cualquier otro género, dado que se utilizan recursos públicos.
Los narcocorridos elogian e incluso son un vehículo de publicidad de grandes capos, así como de sus organizaciones criminales, las cuales le han hecho daño a la sociedad, cometiendo asesinatos, secuestros, extorsiones, desapariciones y otros delitos, que los gobiernos deben perseguir.
De manera que, si un gobierno pone en el escenario de una plaza pública, con los impuestos de la gente, a un artista que alaba a los capos que tanto daño hacen, está olvidando su papel de autoridad, por mucho que el artista y su música sean populares entre la misma población.
¿Qué artistas de narcocorridos fueron contratados para las fiestas patrias de este año?
Una revisión hemerográfica nos permitió detectar artistas conocidos en el ámbito de los narcocorridos, que fueron contratados por las autoridades municipales de 13 ayuntamientos del país para amenizar las fiestas patrias.
El Estado de México fue la entidad con más presentaciones de este tipo de artistas pagadas con recursos públicos. El Komander, precursor del movimiento alterado, se presentó en Villa del Carbón; los Buitres de Culiacán, en Isidro Fabela, y Lenin Ramírez, en Metepec, en la zona conurbada de Toluca.
En la Ciudad de México hubo dos presentaciones: Luis R. Conriquez, en la alcaldía Gustavo A. Madero, y Calibre 50, en la alcaldía de Tlalpan. También en Coahuila hubo dos, Gabito Ballesteros, en el municipio fronterizo de Piedras Negras, y Alfredito Olivas, en Torreón, aunque de este último no hay evidencia de que haya cantado narcocorridos esa noche.
El Panter Bélico amenizó los festejos de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas; Régulo Caro, los de Lázaro Cárdenas, en Michoacán; el grupo Máxima Autoridad estuvo en Tecomán, Colima; Gerardo Ortiz, en García, Nuevo León; Moy Bobadilla, en San Luis Potosí capital, y los Plebes de Rancho en, San Andrés Cholula, en Puebla.
Se debe hacer una acotación con algunos de los artistas enlistados. Por ejemplo, Alfredito Olivas, Régulo Caro, Los Plebes de Rancho y Gerardo Ortiz, a pesar de tener en su repertorio narcocorridos, en los últimos años se han alejado del género e interpretan también otra música.
¿Debe regularse la interpretación de narcocorridos en espacios públicos?
Sin duda es un debate abierto que admite muchas posiciones, por ejemplo, no existe evidencia concluyente de que escuchar narcocorridos aumenta la probabilidad de ingresar a una organización criminal o de cometer ilícitos, por tanto, pensar en una prohibición general suena excesivo.
Por otro lado, los narcocorridos buscan dar publicidad positiva a narcotraficantes y a organizaciones criminales, incluso algunos artistas como Peso Pluma han aceptado que han recibido dinero de capos para componer narcocorridos por encargo, por ende, consumir esta música fortalece una industria que guarda relación con organizaciones criminales.
De forma que se debe buscar una regulación que respete la libertad de expresión de los artistas, la libertad de empresa de quienes comercializan esta música y organizan conciertos, así como la libertad de los consumidores, que tienen el derecho de escuchar la música que más les agrade.
Pero que también ataque el involucramiento del crimen organizado en la industria musical y que impida que se gaste dinero público en música que promueven las figuras de los narcotraficantes.
Por tal motivo, esa legislación equilibrada debe permitir que los narcocorridos se puedan interpretar en espacios públicos y privados, de igual manera permitir que los artistas graben todo tipo de música, siempre que no exista dinero del crimen organizado en el proceso, porque en ese caso lo que se castiga no son las letras, sino el entablar negocios con una organización delictiva.
De igual manera debe haber disposiciones que impidan que se destine presupuesto público para grabar o producir esta música, así como también evitar cualquier tipo de pago para tocar en cualquier evento cultural como concierto, feria o festividad organizada por un ente gubernamental.
Porque, como se indicó en párrafos anteriores, la alta oferta de artistas de diferentes géneros hace que no se justifique que se opte por grupos que promueven a generadores de violencia, por mucho que se respete la libertad de los ciudadanos de escucharlos en eventos organizados por actores privados.
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