Crean iniciativa para documentar y visibilizar un problema generalizado pero escasamente registrado en México
Ciudad de México, 23/05/25 (Más).- La creación del Observatorio de Violencia Obstétrica (OVO) en México responde a una necesidad urgente: la falta de cifras sistematizadas y comprensivas sobre un fenómeno que afecta a miles de mujeres en el país, muchas veces sin ser nombrado ni reconocido como una forma de violencia.
Los impulsores de esta iniciativa sostienen que visibilizar y documentar la violencia obstétrica es un primer paso para transformarla.
Historias clínicas de pacientes como las incluidas en un estudio presentado durante la inauguración del Observatorio, ilustran los efectos duraderos de prácticas médicas realizadas durante el parto sin consentimiento, sin información adecuada o con comentarios y actitudes que refuerzan una cultura de deshumanización en la atención.
En estos casos se describieron episodios de estrés postraumático, reactivación de traumas previos, depresión posparto, problemas en la vida sexual y familiar, e incluso internamientos psiquiátricos.
La ginecobstetra Mariana Robles, la antropóloga Irene Álvarez, la psicóloga Teresa Navarro Ordaz y el ginecoobstetra Christian Mera Hernández explicaron que el observatorio se constituye como un mecanismo de análisis, denuncia y articulación para visibilizar las múltiples expresiones de la violencia obstétrica en el país. Subrayaron que nombrar esta violencia es esencial para poder enfrentarla.
“¿Para qué nos va a servir hacer esto? Para ponerle pies y cabeza al fenómeno, para entenderlo, dimensionarlo y tener todos los matices que hacen falta, y también para no asumir que en todos lados pasa igual, para tener mucha más precisión”, explicó Álvarez. Añadió que Observatorio de Violencia Obstétrica es más que una herramienta estadística, es un movimiento enfocado en soluciones y transformación.
El observatorio se organiza en torno a cuatro ejes. El primero es visibilizar y medir la violencia obstétrica, a partir de datos como los de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021, que reveló que el 31.4% de mujeres entre 15 y 49 años que dieron a luz entre 2016 y 2021 reportaron incidentes de maltrato obstétrico. Esto equivale a más de 2 millones de mujeres.

El segundo eje es la capacitación y sensibilización en hospitales, donde además de recoger testimonios directos, se impartirán talleres sobre parto respetado. El objetivo es incidir directamente en el personal de salud, generando cambios desde la práctica clínica.
El tercer eje es el apoyo a víctimas. Este incluye contención emocional, acompañamiento terapéutico, orientación legal y acceso a información clara y adecuada. “Apoyar a las víctimas de violencia obstétrica no es un gesto humanitario. Es una política de salud pública”, sostiene el Observatorio de Violencia Obstétrica. Los impulsores del observatorio enfatizaron que actualmente no existen suficientes instancias especializadas para la atención psicológica y legal de estas mujeres.
El cuarto eje es la investigación y vinculación con actores clave, como universidades, organizaciones civiles y organismos internacionales. El objetivo es generar un repositorio confiable de datos, desarrollar recomendaciones de política pública y divulgar hallazgos que impulsen la transformación del sistema de salud desde distintas áreas del conocimiento.
Durante la presentación del observatorio, Mariana Robles señaló la necesidad de ampliar el enfoque hacia formas más amplias de violencia ginecológica. Insistió en que prácticas como el parto respetado no requieren grandes presupuestos, sino un cambio de enfoque y sensibilidad del personal médico. “La empatía no requiere presupuestos”, afirmó.
En su intervención, Robles criticó la postura de la Federación Mexicana de Colegios de Obstetricia y Ginecología, que desde 2019 ha rechazado el término “violencia obstétrica” y ha anunciado que respaldará a médicos señalados por este tipo de agresiones. Consideró que esta negativa institucional contribuye a perpetuar una visión masculina y deshumanizada del parto.
Álvarez, por su parte, explicó que el modelo del Observatorio de Violencia Obstétrica busca que nuevas prácticas de atención humanizada y respetuosa del parto se difundan más allá de contextos privados, para que estén al alcance de todas las mujeres. Reconoció que actualmente estas opciones están restringidas a quienes pueden pagar un parto en sanatorio o contar con servicios como dulas o cursos psicoprofilácticos.
El observatorio se presenta como una respuesta articulada frente a un problema sistémico que, según sus impulsores, ha sido minimizado o negado. Su objetivo es transformar la experiencia del nacimiento en México, desde un enfoque basado en los derechos humanos, la salud pública y el conocimiento científico.
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