Rodrigo Morales M.
A pesar de todo el tiempo que hubo para planear y ejecutar obras, y para prevenir situaciones políticas, llegó la hora de la inauguración del Mundial 2026 y lo que se ofreció fueron obras inconclusas y parchadas, y un ánimo social exacerbado. Esta vez el Mundial de Futbol no fue ocasión para mejorar la infraestructura, y tampoco para serenar los ánimos.
Contrario al discurso oficial, la imagen que se proyecta no es la de un país en orden y prosperidad. El sistemático caos que se vive en la Ciudad de México es inocultable para quienes nos visitan. La planeación está peleada con los gobiernos de la 4T. Pero también la prevención.
Todas y cada una de las manifestaciones de descontento se habían expresado con anterioridad, habían anunciado las acciones que emprenderían, y en lugar de procurar espacios de solución, se apostó por la contención. Los maestros de la CNTE, los colectivos de madres buscadoras, las organizaciones de productores agrícolas, los transportistas, los trabajadores de la salud, los pensionados, a todos se les pudo haber atendido al menos para atenuar las protestas.
Divorcio entre el discurso oficial y la realidad
No solo no fue el caso, sino que, conforme pasa el tiempo, las soluciones se alejan. Ahora el punto ya no es si se trata de demandas legítimas, el punto es estigmatizar cualquier protesta contra la 4T. La empatía desapareció. El nuevo guion reza que cualquier inconformidad está financiada por la derecha internacional, que no hay movimientos genuinos, que todo se trata de montajes e injerencia. Es muy preocupante ver cómo crece la esclerosis política del régimen.
Ahora, en lugar de procurar espacios de diálogo, se insiste en el monólogo. Morena ha anunciado la realización de asambleas informativas para defender la soberanía y a los gobiernos de la transformación. Se confirma el diagnóstico: el gobierno no enfrenta problemas reales (es imposible que la transformación genere algún tipo de inconformidad), enfrenta una campaña promovida por la derecha internacional a la que hay que responder con asambleas. Lástima.
Los problemas no se solucionan, las amenazas crecen y la estrategia no cambia. Y todo ello mientras las pantallas del mundial dan cuenta del divorcio entre el discurso oficial y la realidad. Parece que al gobierno le urge no solo una pausa de hidratación, si no que ya se acabe el partido.
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