Por Horacio Cárdenas Zardoni
Hasta eso, no nos parece nada mal cuando los empresarios llegan al gobierno. Por más que en estos tiempos de la cuarta transformación, el solo concepto de que los fifís, conservadores, dueños del capital, explotadores, y demás epítetos que suelen repartir como si de becas del bienestar se tratara, para criticar a las clases pudientes, esté vedado, lo cierto es que cuando han estado en el gobierno, han hecho aportaciones que los burócratas de profesión no hubieran siquiera intentado, ni siquiera aquellos que cursaron estudios de posgrado en universidades de los países del primer mundo.
Una de las aportaciones que consideramos excepcionales, fue, porque en la actualidad eso ha dejado de existir, el trabajo por objetivos, mismo que a su vez trae aparejada la retribución en función del cumplimiento de esos objetivos.
Pocas cosas hay más razonables que eso: poner a la gente que puede hacer el trabajo de manera eficiente a hacerlo, y si lo hace bien, pagarle bien, y si lo hace mejor o en menos tiempo, pues pagarle mejor, ya si además innova en procesos y procedimientos, pues caray, hasta una gerencia le damos. Pero la administración pública suele regirse por reglas diferentes, la eficiencia, sin decir que deje de estar presente, pasa a un definitivo segundo o tercer plano, a favor de cuestiones de índole política, que no suelen ser distintas de la conveniencia de personas, familias o grupos, a costa del trabajo y de quienes financian el gobierno, en una práctica que no por ser casi universal, deja de ser imperdonable. En ciudades como Saltillo son famosas las situaciones en que los empresarios prominentes, antes que dejar que sus negocios caigan en manos de familiares, incluso descendientes directos, incompetentes, los colocan en el gobierno, para que allí echen a perder y es probable que hasta aprendan, pero en la empresa familiar, allí sí que no.
Pero bueno, lo que nos interesa a nosotros es la parte de los objetivos, que debería ser toral para la administración pública, en la misma proporción que lo es para la iniciativa privada. Ahora que inicia un nuevo trienio en los municipios coahuilenses, nos gustaría que la inversión pública se rigiera por objetivos, más que por conveniencias políticas o de algún otro tipo menos mencionable.
Hace algo más de medio año, cuando el municipio de Saltillo anunció lo que pretendía ser su magna obra, la rehabilitación de bulevar Venustiano Carranza, se dijo que existía un objetivo, y que este era mejorar la vialidad por esa que es la principal avenida de la capital coahuilense. En ese objetivo se justificó la adquisición de un sistema de pretendidos semáforos inteligentes, que controlarían el flujo de vehículos con cámaras y sensores, sistema en el que se invirtieron catorce millones de pesos, que sumados a los cuarenta y dos millones que costó la repavimentación, redondeaban una cifra de como 57 millones.
La vialidad hace seis meses, como hace seis años, ya era caótica, y no ha hecho más que empeorar, eso nos consta a todos los que circulamos por Venustiano Carranza, cualquier mejora era bienvenida y se justificaba, pero siendo tan alto el monto nos atrevimos a preguntar ¿y tanto dinero que se iba a gastar, en qué proporción reduciría los tiempos de trayecto para los conductores?
Esto nadie nos contestó, nos ignoraron olímpicamente, porque ¿Quién piensa en esas cosas?, si los semáforos son bien listos, con un IQ de 200, si las rayas están bien derechas, si lo que guste y mande, pero objetivos tangibles en algo, lo único que le interesa a la gente, de eso no se dijo ni una sola palabra.
Sentidos que somos nosotros, sacamos a relucir nuestro reconcomio ahorita, en función de que el presidente municipal nuevo, Javier Díaz ha planteado como gran propósito de su administración el mejorar la movilidad de los saltillenses en Saltillo, es decir, ir de aquí para allá, y de allá para acá en mejores condiciones que las que tenemos en la actualidad, lo cual nos parece perfecto, pero… ¿en qué porcentaje, o en términos más políticos, cuál es el objetivo?
Hasta se ha hablado de crear un Instituto de Movilidad Sustentable, que pongamos que okey, será la unidad administrativa encargada del asunto, pero otra vez, ¿en qué proporción? Y además ¿cuánto va a costar eso?
Dividamos Saltillo en una cuadrícula, y pongamos los tiempos de traslado en las horas pico y horas que no son pico. De MiraSierra al Penal, por ejemplo, de Teresitas a Brisas, de Soriana San Isidro a Soriana Lourdes, ¿yo que sé?, yo no trabajo allí, nomás vivo en Saltillo y padezco su pésima planeación y peor ejecución urbanística.
Si nos dicen que mediante la actuación del Instituto este, la movilidad por Venustiano Carranza va a reducir los tiempos de traslado en veinte por ciento, o por el Periférico en un 25%, o por Urdiñola en 17.5%, o por Fundadores en 27.4%, entonces ya podremos usted, yo y cualquier hijo de vecino saltillero comprobar que así estábamos antes y así estamos ahora, después de aplicar este, aquel y el de más allá modelos, programas o lo que sea que vayan a echar a volar.
Queremos ver Saltillo como la gran empresa de todos, una empresa que funciona por objetivos, que no se concreta a ofrecer discursos, plantear buenos deseos y tirar el dinero alegremente. Necesitamos objetivos y resultados, y es lo que aquí y ahorita estamos pidiendo a la administración municipal que empieza, porque ya de política, estamos cansados.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
