MORENA: DISCURSOS ENCONTRADOS


Por Horacio Cárdenas

Dicen los que a eso le inteligen, que los partidos de izquierda en México, llevan en su ADN programada su autodestrucción.
En efecto, la historia de la izquierda mexicana, de todavía aquellos años idos en los que ni soñaba con alguna vez hacerse del poder por la vía democrática, aunque nunca les faltó el sueño guajiro de querer hacerlo por métodos violentos, auxiliados por asesores, recursos, estrategias y cuánta cosa que llegaba de importación de países en los que “había triunfado la revolución”, y que de inmediato adoptaban como programa, la exportación de la misma a cuanto país pudiera caer en su órbita, siempre ha sido una historia de discordias, de enfrentamientos más o menos ideológicos, que más pronto que tarde, terminan en rompimiento.
¿Cuál fue el motivo de la debacle en el Partido de la Revolución Democrática? ¿qué es lo que motivó a Andrés Manuel López Obrador a abandonar esa nave que lo había hecho candidato y casi presidente de la república, una estructura política que se movía casi leyéndole el pensamiento a él, su líder?, ah, pues las diferencias internas… los grupos de poder, lo que no sabemos si desde dentro o peyorativamente desde fuera, bautizaron como Las Tribus. Haciendo un paralelismo con la iglesia católica, que a muy grandes rasgos está dividida en dos entidades: el clero regular y las órdenes y congregaciones religiosas, que se supone que se reconocen todos como integrantes de la misma, pero que no por eso pueden dejar de establecer distinciones, a veces irreconciliables, entre unos y otros, lo que a lo largo de los siglos ha puesto en jaque más de mil ocasiones el reconocerse como un solo organismo, así nada más de ejemplo ¿pues no tiene la Compañía de Jesús un voto adicional a los tradicionales tres de pobreza, obediencia y castidad, uno de obediencia irrestricta al Papa?, la orden más rejega, la que más dolores de cabeza le ha ocasionado, aunque también algunos de sus más grandes logros necesita jurar dos veces portarse bien, por el hecho de que nadie se lo cree, ni siquiera el Papa al que deben de obedecer por partida doble.
Así es más o menos la izquierda mexicana. Cuando Andrés Manuel López Obrador, candidato que arañó el triunfo en las urnas, pero que por un par de chachalacazos perdió la confianza de unas pocas décimas de electores, a quien le echó la culpa no fue a sí mismo y su lengua, sino al partido. Años después, para el 2012 en que repitió la derrota, de plano decidió como las víboras, cambiar de piel, pensando, confiando, en que esa transformación epidérmica a un movimiento, que “jamás se convertiría en partido”, sería suficiente para deshacerse de todos los lastres que habían impedido que él, y la izquierda mexicana, alcanzaran finalmente el poder presidencial.
Muchos, casi todos, fueron los que migraron del PRD a MORENA, se supone que todos los que lo hicieron y que fueron aceptados, fueron sometidos a exámenes y filtros peores que aquellos que Felipe Calderón Hinojosa estableció para la ya desaparecida Policía Federal, que acá entre nos, eran entre exhaustivos y exagerados, y sin embargo no lograron ser perfectos, se colaba cada espécimen, que para qué le cuento. Pues así ocurrió seguramente, pues esas cosas son de muy adentro y no nos alcanzamos a meter a husmear, cada migrante al morenismo fue evaluado, interrogado, y finalmente palomeado por quien se estaba cosiendo un traje a la medida, porque pese a que se llame movimiento y que se califique de nacional, MORENA era y sigue siendo un exoesqueleto de Andrés Manuel López Obrador, uno con el que se hizo no solo de la presidencia, sino del control de los poderes de la unión, de las gubernaturas, convirtiéndolo, como lo dicen muchos analistas, en el presidente más poderoso que haya tenido México nunca.
Pero volviendo al postulado inicial, el del ADN izquierdista y su gen de autodestrucción. Ponga que todos los que entraron a MORENA recibieron además de la venia de Andrés Manuel un bautismo de sangre, los habrán hecho jurar lo que se le ocurra, hasta a nosotros nos parece exagerado, pero no lo ha de ser tanto. Pese a todo, hoy MORENA está dividido, tanto o mucho más de lo que lo estuvo el PRD con sus tribus, que mal que mal, se reconocían como parte de la misma organización política, si el problema era, el de siempre en todos los partidos, la lucha por el control del mismo ¿Tenía remedio el Partido de la Revolución Democrática?, según nosotros sí, según López Obrador, no, él prefirió crear un partido desde cero, que corregir los defectos que tenía uno que, repetimos, le obedecía de todo a todo. Tenía el tiempo, tenía el dinero, tenía la obsesión y el odio disfrazado de discurso amoroso, lo logró, ¿Quién sabe?, si no lo intenta capaz que su pecho que no es bodega, hubiera reventado.
En MORENA se distinguen, por lo menos a simple vista, dos grandes corrientes, la primera que han dado en llamar “los Duros”, que mire lo que son las cosas, es la que está detrás de la pre candidatura de Claudia Sheinbaum a la presidencia de la República, y la de “los Moderados”, que se supone que estaría más dispuesta a apegarse a lo que el partido finalmente decida, y que respaldaría a Marcelo Ebrard o a quien les ordenaran apoyar.
Todavía resuenan aquellas palabras peligrosamente insultantes de Paco Ignacio Taibo II, entre un grupo de duros rudos, que ya con el triunfo en la mano, ya asentados en el poder, salió con aquello de que la revolución será violenta o no será, lo que fue miel en los oídos del primer grupo que todo lo quiere, no solamente el poder del que ya gozan, sino con la destrucción de cualquier posibilidad de que alguien alguna vez se los pueda quitar, es más, hasta están empeñados en quitarles las ganas, si no quieren, no pueden, tan sencillo y violento como eso.
Los moderados están contentos con lo que tienen, que como dijimos antes, es mucho más de lo que soñaron que podrían llegar a tener en sus vidas, y allí los tiene. Estos son los morenistas “buena onda”, los que se la están pasando campechanamente, los que disfrutan del contacto con la gente, los del mitin y del bailongo. Estos son de los que están contentos, felices y satisfechos de haber alcanzado el poder por la vía de las instituciones, sin derramamiento de sangre, de poquito sudor y pocas lágrimas.
Esto que le platicamos que ocurre en MORENA se ha trasladado a la arena política de Coahuila, en contienda por la renovación de la gubernatura En el 2023. Hay morenistas moderados, bienvenidos, hay morenistas recalcitrantes, radicales, amenazantes, esos no son tan bienvenidos. Vale la pena tener esto en cuenta porque ¿y si ganan?, si gana el candidato o candidata de los duros, será muy distinto de si gana el candidato o candidata de los moderados, de nueva cuenta es Coahuila laboratorio de la política nacional, acá nos enteraremos antes que a nivel federal ¿qué va a pasar de la lucha libre entre rudos y técnicos? Pero no nos equivoquemos, un duro gobernando no será nada grato ni fácil de sobrellevar.


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