Cuatro Poderes
Jorge Arturo Estrada García
La Cuarta Transformación se sacude desde los cimientos. En Palacio Nacional, la crisis ya dejó de ser un problema jurídico o diplomático. Ahora, es un asunto de supervivencia política. La negativa del gobierno mexicano a detener y extraditar a diez figuras relevantes del oficialismo, señaladas por el Departamento de Justicia de Estados Unidos por presuntos vínculos con delincuencia de Sinaloa, colocó a México en el centro de una tormenta internacional inédita. El caso de Rubén Rocha Moya ya rebasó el terreno penal. Se convirtió en una amenaza directa contra el núcleo duro del obradorismo. En Washington, dejaron de hablar de cooperación estratégica; ahora hablan de la infiltración criminal en el poder político mexicano.
La administración, de Donald Trump, endureció el discurso y cambió las reglas del juego. La designación de los cárteles mexicanos como Organizaciones Terroristas Extranjeras y la clasificación del fentanilo como arma de destrucción masiva abrieron escenarios impensables, hace apenas unos años. En los círculos de seguridad estadounidense ya no se discuten solamente extradiciones o intercambio de inteligencia. Se habla de operaciones especiales, “extracciones tácticas” y facultades ampliadas bajo los Títulos 10 y 50 del Código estadounidense. La relación bilateral entró en una etapa peligrosa. La frontera México-Estados Unidos dejó de ser únicamente un corredor comercial y migratorio. En este momento, comienza a parecer una línea de contención en una intensa guerra fría regional.
En el centro de la tormenta aparece Rocha Moya. Diversas versiones dentro de Morena lo describen como la pieza que podría derrumbar toda la estructura de la Cuarta Transformación. La acusación presentada en Nueva York sostiene que su llegada a la gubernatura de Sinaloa habría sido posible gracias a operaciones de intimidación política y apoyo logístico del crimen organizado. A cambio, según los fiscales estadounidenses, el gobernador habría ofrecido protección operativa al cártel.
Mientras, en el Palacio Nacional insisten en que “no hay pruebas. Así, frenan cualquier posibilidad de extradición. Sin embargo, detrás del discurso oficial comenzó a instalarse el miedo de las cosas se le salgan de control. Diversas filtraciones sostienen que Rocha conoce episodios delicados relacionados con presuntos financiamientos ilegales de campañas y vínculos incómodos del obradorismo con personajes de sospechosos. En Morena temen l “efecto dominó”. Si Rocha cae y habla, el daño político podría ser devastador, dicen.
Por lo pronto, la presión, estadounidense, ya se trasladó al terreno económico y diplomático. Washington revisa el funcionamiento de los consulados mexicanos en su territorio y utiliza la renegociación del T-MEC como instrumento de presión política. Los mercados comenzaron a reaccionar. La incertidumbre jurídica, el deterioro institucional y la tensión bilateral golpean la percepción internacional sobre México. La deuda pública, mexicana, supera niveles históricos y la inversión privada se desacelera peligrosamente. Mientras tanto, en Palacio Nacional, responden con nacionalismo y discursos de soberanía. El problema es que la narrativa patriótica empieza a desgastarse frente al miedo económico y el descontrol institucional. Se precibe, cada día, con mayor claridad que el gobierno perdió la iniciativa frente a Washington.
La realidad alcanzó, finalmente, a Morena. Los excesos del poder, la opacidad y la cercanía de ciertos sectores políticos con estructuras criminales comienzan a convertirse en una avalancha difícil de contener. Desde Estados Unidos advierten que las investigaciones apenas comienzan y que podrían aparecer nuevos nombres relevantes del oficialismo en los próximos expedientes.
De esta forma, el obradorismo enfrenta el riesgo real de que la sombra de la narcopolítica llegue hasta el corazón mismo de su movimiento. La historia política mexicana demuestra que los gobiernos débiles, aislados y divididos suelen caer, no por un solo golpe, sino por el desgaste acumulado de sus propias contradicciones. Y en este momento, en Palacio Nacional, las grietas ya son visibles. Veremos.
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