Horacio Cárdenas Zardoni
Pues sí, iba a ser el sexenio de los abrazos, no balazos, también iba a serlo de la república amorosa, pero este mote no pegó, o más bien lo abandonó Andrés Manuel López Obrador luego de negarse a recibir al poeta Javier Sicilia en su nuevo domicilio en Palacio Nacional, porque ya ve cómo es alguna gente, que le da por besar a los hombres, y él desde entonces tenía que cuidar la investidura. El caso es que lo que iba a ser, no lo fue. La administración de López Obrador ha sido la más violenta de los tiempos modernos, y mire que los gobiernos priístas, si algo tenían, era no tentarse el corazón para ejercer la violencia contra gente que le caía mal o se le oponía en lo que fueran las decisiones que había tomado, por supuesto todas ellas en beneficio de los gobernados, faltaba más.
Sí los números son engañosos, y merecen un análisis cuidadoso. Por ejemplo está el hecho de que sería falso atribuir todos o la mayoría de los asesinatos al ejército, la marina o las policías federales, estatales o municipales, eso sería del todo injusto aparte de inexacto, lo que sí es que en esta administración se siguieron los pasos de Enrique Peña Nieto, en el sentido de que él adoptó una estrategia de dejar que se mataran entre ellos, y ya con el grupo sobreviviente, que se supone que quedaría bastante maltrecho, negociar o entrarle a acabarlo, pero no funcionó, porque los narcotraficantes si algo han demostrado es crecerse al castigo, al de los contrarios y al del gobierno, tan es así que luego de las guerras intestinas, suelen salir fortalecidos, y con un rencor incontrolable, y ahora sí, a ver quien puede con ellos.
A López Obrador le pasó lo mismo, todavía recordamos un video distribuido por la propia presidencia de la república, en que el presidente visitaba un aula en algún plantel militar, y allí les recomendaba, es más, les ordenaba a los próximos oficiales, respetar los derechos humanos, no maltratar a los delincuentes y cuantas sandeces más. Luego de la explosión en una toma clandestina en el estado de Hidalgo, donde murieron más de cien personas, el presidente ordenó que no molestaran a los huachicoleros, pobrecitos, que saquen lo que quieran de los ductos de PEMEX y además que les den sus becas, sus pensiones y apoyos que necesiten para estar contentos.
Eso por un lado… por el otro una cara bastante más tenebrosa, la de la prisión preventiva oficiosa, que ya existía en el sexenio anterior, pero de la que echó mano este régimen para según, controlar la criminalidad, retirando de la calle a presuntos delincuentes… sin probar que lo eran. Se van a prisión sin habérseles comprobado nada, ni tampoco habérseles llevado a juicio, y allí siguen. Es un verdadero escándalo que en muchas prisiones mexicanas haya más reos no sentenciados, que los que sí están purgando una sentencia, y es que la paranoia de los políticos puede ser algo bastante peligroso… para los gobernados.
En días pasados apareció una nota más que preocupante, aunque tampoco es que se tratara de ninguna novedad, al contrario, sirvió de cierre para una realidad apabullante que se vive acá en el estado de Coahuila. Nos estamos refiriendo a lo que sucede cotidianamente en el penal de Mesillas, ubicado en el municipio de Ramos Arizpe, y que en los pocos años que tiene de funcionar se ha ganado la fama de ser uno de los más conflictivos, donde más violaciones ocurren a los derechos humanos, donde más corrupción hay, entre otras lindezas.
Por principio de cuentas un penal federal, y para el caso uno nuevo, debería ser lo contrario, un sitio de relativa calma. Okey, no es un penal de alta seguridad, donde los presos estén aislados unos de otros en una celda todo el tiempo, existe eso que los reos llaman convivencia… con todos los asegunes del caso. Pero todavía recordamos la convocatoria que se publicó para integrar la plantilla de trabajadores, se supone que serían reclutados entre gente de los alrededores, Saltillo y Ramos Arizpe, gente ajena al sistema penitenciario, no maleada, no especialmente corrompida, sádica… gente común y corriente. Y pues vino a resultar que no, las cosas se pudrieron más pronto que tarde, como lo demuestra la nota de que le venimos comentando, y tanto que en el breve curso de seis años, se recibieron más de mil quejas por violación a los derechos humanos, Mil sesenta y dos quejas, lo que la acerca bastante a doscientas quejas por año, y esto a una queja cada dos días, un día sí y otro no.
Ahora, sabemos cómo es y cómo puede llegar a ser la disciplina en los centros penitenciarios, en su nombre llevan la penitencia… pero una cosa es la disciplina, el trato frío, el trato rudo, y aun así, no dar pie a que los reos se sientan obligados a levantar una queja, y como es un penal federal, le corresponde su atención no a la comisión estatal de Coahuila, sino a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
Que sí, puede haber marrulleros y grillos que pretendan hacerle la vida de cuadritos a la administración levantando quejas a lo loco, pero no parece ser el caso, y tan no es así, que ¿cuántos muertos van entre la población de presos?, como tres, supuestos suicidios o por causas naturales, acompañados por golpes y cicatrices que nadie se cree que hayan sido accidentales, la gente levanta quejas para evitar que la sigan hostigando, golpeando, acosando, torturando, incomunicando, etc.
La otra parte de la moneda está también en la nota, de las mil y tantas quejas, solo seis han terminado en recomendación… que no es lo mismo que hayan sido aceptadas y atendidas, con lo que el estado de cosas no solo permanece sino que empeora, pues los denunciados no se sienten particularmente agradecidos con quien les puso el dedo.
Seis recomendaciones, mil 62 quejas, allí hay una desproporción escandalosa, que solo puede significar que la CNDH está más a favor de la administración carcelaria que de los internos. Lo procedente sería tomar medidas urgentes contra los causantes de las quejas, los carceleros, los burócratas, cada caso es distinto pero no tanto como podríamos creer. También habría que hacer algo contra una comisión de derechos humanos que es puro membrete y nada de soluciones. Sabemos que es hablar al aire, pero estos días son de renovación, aunque digan que es de continuidad, alguna corrección debe de haber de lo que está mal, y pocas cosas podían estar peor que el estado de las cárceles mexicanas.
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