Horacio Cárdenas Zardoni
Ya lo sabe, con Andrés Manuel López Obrador no había términos medios, o lo odiaban o lo amaban, era, sigue siendo, bueno era como presidente y antes como candidato, y ahora como expresidente autoexiliado en La Chingada por su propia elección, alguien con quien es difícil mantener una ecuanimidad. Ni siquiera es alguien que de espacio a la indiferencia, lo cual siempre había sido algo bienvenido en la clase política, independientemente del partido que los patrocine, López Obrador siempre daba qué hablar, fuera para incrementar el culto que tienen por él quienes lo secundan, y para seguir abultando el expediente de sus defectos, de quienes lo detestan y que además creen que algún día todo eso que dice, dijo y seguirá diciendo, podrá ser usado en su contra en una corte de justicia.
Se lo han sacado a relucir en las últimas semanas, con el tema de salud quedó bastante mal en el departamento de promesas cumplidas. No vamos a decir que no lo intentó, a principios del sexenio creó el tristemente olvidado Instituto Nacional de Salud para el Bienestar, ariete con el que pulverizó la imperfecta pero funcional iniciativa del Seguro Popular que operó los dos sexenios anteriores, y al que le tenía particular tirria, vaya a saber porqué, o fue solo porque le estorbaba en su iniciativa reonovadora y siempre quienes hablaran del INSABI, lo harían en comparación con lo que vino a destruir.
Dijimos que lo intentó, pero nomás de dientes para afuera, porque lo que es la asignación de recursos públicos para operarlo, de eso no hubo nada, y sigue sin haber nada. A la hora de ir cerrando expedientes que pudieran servir para un eventual proceso penal, lo que hizo fue transferir los objetivos, metas, pero no los presupuestos al Instituto Mexicano del Seguro Social, al que le encargó la atención nada más y nada menos que de cincuenta millones de mexicanos sin seguridad social, y esto de manera gratuita o solidaria, porque el financiamiento del IMSS corre a cargo, en parte, de los patrones y los trabajadores, e incluso de quienes lo pagan por su propia cuenta. Eso es lo que los izquierdistas llaman hacer más con menos, cargarle la mano a los que hacen, minando su capacidad de atender, a los que ya estaban y a los que vienen llegando, pero en el rollo discursivo suena bien, le gana aplausos, y a sus enemigos, los pone a jalar para demostrar que una vez mintió… que no ha servido de nada.
Realmente no hubo un esfuerzo por elevar la calidad de los servicios públicos de salud, ya no digamos para llevarlos al nivel de Dinamarca o los mejores del mundo, pero ni siquiera al que tenía en los sexenios anteriores, el que guste, el de Peña, el de Calderón o el de Fox. El retroceso es patente, salvo claro, en el confeti que se echan los funcionarios públicos. Esa despedida del secretario de salud estuvo de dar vergüenza ajena, pero bueno, lo pusieron por lambiscón y tapadera, no por trabajador.
Abrimos con el sector salud federal y damos el brinco al sistema de transporte de Saltillo, pues nos parece que hay similitudes importantes, tanto en lo que se dijo que se iba a hacer, como en lo que quedó pendiente de lograrse, a menos que en estos tres meses que faltan, San José María haga el milagro que no hizo en dos años y nueve meses.
Se dijo que se iba a reformar el transporte concesionado de pasajeros para llevarlo a la altura de los mejores del país, para ello se planteó, meses después, lo que imaginativamente denominaron la NET, siglas de Nueva Estrategia de Transporte, que al final de cuentas, de nueva tenía poco, pues era una copia de lo que intentó Jericó Abramo siendo alcalde hace varios trienios, de estrategia menos, pues han holgazaneado a sus anchas en tiempo que debieron estar trabajando a marchas forzadas, y de transporte… con el número brutal de unidades que van a incorporar, 14, pues tampoco mucho.
Nos hemos quejado amargamente los casi tres años anteriores del poco avance que se veía en la tal NET, se daban plazos, se anunciaban inversiones, los plazos se vencían y nomás nada, de lo otro, de que se pagaba el dinero, ah de eso no nos queda duda, pero de que haya habido una efectividad de lo que se dizque compraba o contrataba, respecto de lo que se invertía de dinero público, allí sí que no se veía nada claro, de allí las repetidas notas periodísticas que le hemos dedicado.
Ahora no salen con una afirmación del tamaño del INSABI. Para justificar el nuevo esquema de prepago en el uso del servicio de transporte, que limita a cero las posibilidades de pagar con dinero en efectivo, nos dicen que es porque los concesionarios perdían mucho dinero con el modelo anterior, hasta un 33% de los ingresos, se los quedaban entre inspectores, revisores, choferes…
¿De veras es creíble esto?, a nosotros nos parece una exageración monumental. Si de algo han sido testigos los saltillenses que se suben al transporte público, o quienes tienen que lidiar con este en calidad de peatones o automovilistas, los choferes viven asolados por el checador, si van tarde, van hechos la cochinilla, y si van adelantados, manejan con una lentitud exasperante, ¿y en ese rato se las ingenian para clavarse la tercera parte del ingreso del pasaje?, nomás no lo creemos.
Sí sabemos que a los choferes los traen de un ala con las liquidaciones del turno, y que muchas veces salen poniendo, porque no les ajustó. Si de veras fuera tan lucrativa la chamba de chofer, sueldo más lo que se chispen, todo el mundo querría ser, y es el caso que a veces no encuentran los concesionarios quien maneje el camión, porque entre la soba que se llevan, la presión del tiempo y la posibilidad de que no les ajuste lo que cobraron, muchos prefieren cualquier otro empleo, o hasta no hacer nada.
Lo mismo pasa con lo de la propuesta, ya casi un hecho según, de la ruta empresa, si fuera lo máximo como idea de negocio, estarían todas cubiertas, y lo que dijo el ayuntamiento es que se tienen 21, y que esperan que caigan las otras cuatro en cualquier rato. Peor se las cuento, la intención del municipio es que ellos sean los que administren el dinero, por lo que hay que entender que van a jinetearlo por días, semanas o meses, en un negocio que requiere un flujo de efectivo continuo para gasolina, refacciones, reparaciones, y lo que vaya surgiendo ¿y esperar que depositen o que se llegue el día de la liquidación de hace semanas?, a ningún concesionario, ahora empresario rutero le va a agradar eso de estar financiándose de una manera tan pachorruda.
¿Cómo ve?, ¿se parece el sistema de salud federal al municipal de transporte?, nomás en que son puras promesas y puros inventos, con eso tenemos para estar de malas.
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