ENRIQUE ABASOLO
Nos devanábamos los sesos apenas hace tres meses tratando de explicarnos, no el triunfo de la candidata del partido oficial, sino la envergadura de semejante victoria. Ejercicio por demás inútil, puesto que la respuesta es con toda seguridad multifactorial, siendo el factor preponderante que se trataba –precisamente– de ¡la candidata del partido oficial!
Aún así, no se pueden excluir de la fórmula los programas sociales, ni el carisma del líder de la secta, ni el repudio unánime a los partidos de antaño.
Innegable como cualquiera de los anteriores, hay que sumar el hecho de un voto completamente acrítico e irreflexivo, que se ejerce de manera incondicional por lo que considera constituye un cambio con respecto al régimen anterior, no obstante sobreviven todos los vicios de la vieja política (corrupción e impunidad, autoritarismo, militarización, servicios sociales precarios y un sistema de justicia deficiente) pero en su versión más recargada.
No es una opinión, las propias cifras oficiales dan fe del fracaso de esta administración en casi cualquier rubro: Salud, educación, seguridad pública, desarrollo económico, abatimiento de la pobreza y de la desigualdad, transparencia.
No obstante en lo que AMLO parece tener completa razón es en el índice de felicidad de los mexicanos quienes, a cambio de una mesada, descansan toda preocupación civil en el caudillo social a cuyo título se les proporciona.
Quizás por ello es que, como decíamos en la pasada entrega, México está más entretenido con los acontecimientos acaecidos en la mítica Casa de los Famosos que con el novelón que nos regala la captura o rendición pactada (seguimos sin saber) del señor narcotraficante Ismael Zambada “El Mayo”.
De acuerdo con algunos analistas, Estados Unidos estaría haciendo pagar al Presidente de México por todo el desdén y la falta de colaboración y de seriedad con que ha asumido su parte en la lucha contra las drogas y sus zares en nuestro país.
Ya son más de tres semanas y las agencias norteamericanas le han negado sistemáticamente la información al Gobierno mexicano, incluso se podría decir que juegan con la paciencia del Ejecutivo dándole largas, explicaciones ambiguas y hasta risibles, como que el incógnito piloto de la aeronave que transportó a los capos de marras, fue puesto en libertad sin que se le tomaran ni siquiera sus generales elementales.
Lo dicho, se están riendo a costillas de nuestro cabecita de queso crema y ello no es gratuito, pues AMLO reiteradamente entorpeció las acciones de las agencias antinarcóticos del país vecino con lujo de socarronería.
Hoy López Obrador ya se cansa de enviar interlocutores para negociar con las agencias norteamericanas; de amagar con escribir una de sus monsergas epistolares a su homólogo, Joe Biden; de formular listas con todos los datos que requerimos de este lado de la frontera y por supuesto, de ganar tiempo mañanera tras mañanera.
La respuesta del Tío Sam ésta vez fue un largo, grueso, perfectamente enhiesto y bien pintado dedo cordial.
Con ambigüedad, datos confusos y falta de colaboración, las agencias gringas le dan una sopa de su propio chocolate al mismo que dejó en libertad al General Cienfuegos tras una investigación de 10 años; a ese mismo que reveló datos de los agentes encubiertos de la DEA poniéndolos a merced de los sicarios del narco.
Pero podría existir para todo esto un motivo ulterior: Evitar que el gobierno de la 4T sepa por dónde viene el chingazo, para que no pueda tomar previsiones, para anular su capacidad de reacción y negociación y así tomarlo por sorpresa llegado el momento.
Y vaya que a falta de información el Gobierno de López Obrador se ha visto torpe, dando palos de ciego.
Hasta ahora, el plan contingencia de Gobierno federal ha consistido en tres desatinadas y anodinas líneas de acción:
1.- Fincarle un cargo por el delito de Traición a la Patria a Joaquín Guzmán López, como el presunto responsable de la captura del “Mayo” Zambada y su posterior entrega a un gobierno o autoridad extranjera. No importa todo su historial como criminal, al hijo del “Chapo” se le acusa de perjudicar a otro capo del narcotráfico bajo el gravoso y melodramático concepto de traicionar a la Nación. ¡Suerte con eso!
2.- Atraer tardíamente hacia la Fiscalía de la República lo que con superlativa estupidez, impúdico desaseo y evidente complicidad encubridora estuvo manejando la Fiscalía de Sinaloa en torno al presunto secuestro del Mayo y todos los hechos derivados y relacionados, entre ellos el asesinato del político sinaloense Héctor Melesio Cuen Ojeda, homicidio que todo indica se trató de encubrir como un asalto por la misma Fiscalía estatal; siendo que de alguna manera está directamente relacionado con la “captura/secuesto” del Mayo.
3.- Cerrar filas en apoyo al otro gran embarrado en este pantano de narcopolítica, el mismísimo Gobernador de Sinaloa y zar de los aguacates magullados, Rubén Rocha Moya.
El Presidente, la Presidente electa, los gobernadores morenistas y todo el que es alguien dentro de la 4T, firmaron una carta de apoyo respaldando la inocencia y probidad de Rocha Moya. No importa si de verdad lo conocían y les consta su honestidad, todos atravesaron su nombre y su firma por la honorabilidad de Rocha Moya.
Pero, el historial de AMLO me da a pensar que no es lealtad lo que ha unido a su movimiento en torno al Gobernador señalado por el narcotraficante. Si algo sabe Andrés Manuel es soltar lastre y deshacerse de aquellos que ya no le sirven o sólo le representan un problema.
Creo que si entre todos quieren arropar a Rocha Moya, es porque el Gobernador de Sinaloa representa el gran boquete por donde haría aguas y terminaría por naufragar completamente esa gran embarcación sin botes salvavidas llamada Cuarta Transformación.
Y es que aquí no hay olvido que valga. No es un asunto interno al que AMLO pueda dar la vuelta a la página al cabo de unos cuantos días de estar mareando a la prensa desde su mañanera.
Esta vez la agenda la manejan unos señores gringos los cuales no le permiten a nuestro Presidente ni echar un vistazo. Muy al contrario, le sueltan información falsa o incompleta para confundirlo y –se presume– hasta para divertirse a sus macuspanas costillas.
Se está escribiendo muy probablemente la debacle de este reich de pacotilla conocido como la 4T y me temo que el grueso de la población, se lo está perdiendo. Como trovara el romántico michoacano: ¿A dónde vamos a parar?
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