Ciudad de México. Septiembre 18.- El libro “Quiero ser antirracista: un manual práctico”, de la autora, activista e investigadora Jumko Ogata, ofrece una mirada profunda al racismo en México y un llamado a asumir la responsabilidad individual para combatirlo. Con una frase contundente—“Este libro es para todo el mundo, porque todo el mundo tiene algo que contribuir a la causa antirracista”—Ogata convoca a los lectores a enfrentar uno de los temas más incómodos pero urgentes de la actualidad: el racismo estructural y la necesidad de una acción consciente para desmantelarlo.
De acuerdo con Animal Político, el manual no ofrece fórmulas mágicas, sino un espacio para la reflexión y el cuestionamiento personal. A través de capítulos que abordan la historia del racismo en México, el concepto del “salvador blanco”, la inclusión, la educación y otros temas esenciales, la autora invita a analizar nuestras creencias y acciones, al tiempo que cada cierre de capítulo propone evaluar lo aprendido e identificado en nosotros mismos.
Hablar de racismo, admite Ogata, no es fácil y leer sobre él puede ser emocionalmente pesado porque implica reconocer las acciones y actitudes que hemos perpetuado. Sin embargo, considera esa incomodidad como necesaria: “En la incomodidad hay mucha esperanza y muchas posibilidades de transformación”. El libro señala que superar ese primer momento incómodo permite imaginar futuros más igualitarios y productivos.
Uno de los puntos más polémicos que aborda es la llamada “inclusión forzada”, una crítica recurrente cuando se ven elencos diversos en películas, series o campañas publicitarias. Para Ogata, esta percepción revela un sesgo: “Invitaría a las personas a cuestionarse por qué se les hace normal, neutro y universal la gente blanca”. Como ejemplo, recuerda que Vicente Guerrero y José María Morelos—héroes de la independencia mexicana—eran afroindígenas, pero en retratos escolares y murales se les representa como blancos, lo que evidencia cómo se construye la idea de “normalidad”.
El manual también reflexiona sobre el papel de las personas blancas en la lucha antirracista. Advierte contra la figura del “salvador blanco” que actúa desde la superioridad moral y recomienda, en cambio, la escucha, el aprendizaje sincero y la reflexión sobre el papel de cada persona en los espacios que ocupa. “¿Eres tú la mejor persona para hablar de esto en este momento, o quizás lo es alguien más?”, plantea Ogata como pregunta clave para fomentar el pensamiento crítico y la acción consciente.
Respecto al “racismo a la inversa”, la autora es tajante: este concepto no existe. Señala que, a nivel sistémico, las personas blancas no son excluidas del trabajo, la vivienda o los servicios de salud por su color de piel, a diferencia de lo que enfrentan comunidades indígenas, afrodescendientes y otros grupos racializados. Puede haber agresiones individuales hacia personas blancas, aclara, pero no constituyen un racismo estructural.
Finalmente, Ogata enfatiza que no basta con “no ser racista”, sino que es necesario ser activamente antirracista. “A todos nos han educado en un sistema racista: en nuestras casas, en la escuela, en los medios. Más que desentendernos, es mucho más productivo conscientemente decidir oponernos al racismo y tratar de crear una realidad distinta”, afirma. Su mensaje es claro: el antirracismo no es cómodo ni inmediato, pero es un camino necesario para transformar la sociedad.
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