Manipular no es liderar

Lic. Marco Campos Mena

El ser humano busca por naturaleza a quien seguir, es un instinto natural de supervivencia que tenemos como seres sociales.

En el pasado remoto, el líder era el más fuerte, elegido, por lógica primitiva, por combate o asesinato del líder anterior.

Con el paso de los años y el avance de la civilización, el liderazgo lo comenzaron a ejercer quienes tenían más inteligencia y experiencia, algo que propició el auge y desarrollo de grandes culturas, pero, por desgracia, esto se degeneró al hacer el mando algo hereditario e incluso considerado un designio divino… invenciones para dominar a las masas que por temor a la venganza de los Dioses obedecían.

Los griegos, quienes eran conocidos por su desarrollo intelectual y filosófico, tuvieron la invención que debió revolucionar todo el sistema político, pero como bien sabemos, las utopías no existen.

La democracia como un medio de elección de los gobernantes y representación de las diversas familias, terminó por degenerar en la demagogia, conocida también en nuestros tiempos como el populismo.

Habrá quienes piensen que son términos que deben usarse de manera separada, pero debe entenderse que todo populismo es demagógico más no toda demagogia es populismo. Profundizar más en ello implicaría entrar en muchos detalles que no son de nuestro interés actual.

Antes de entrar de lleno en el tema que nos ocupa, hay un sistema más que vale la pena tratar como parte de nuestra historia, (entre muchos otros con los cuales no los abrumaré) la república, conocida por ser implementada en la antigua Roma como una manera de eliminar a los emperadores y devolver el poder al pueblo, de quien naturalmente emana y en cuyo caso, se divide el poder para evitar la caída en las dictaduras y locos destructores como lo fueron Nerón y Calígula.

México cuenta con una historia complicada en su desarrollo político desde sus épocas coloniales en las que se conocía como la nueva España.

Desde aquellos entonces se veía la falta de liderazgo en el Virrey, razón por la cual el descontento social creció y encaminó las intenciones hacia una revuelta buscando cambiar de Virrey y que concluyó en la independencia de lo que conocemos actualmente como nuestro país.

Tras la independencia se crea un imperio cuya duración fue tan breve que podría ser conocida como una anotación al margen, pero cuya relevancia no debe ser dejada de lado, ya que da pauta a la inconformidad con la que se vivió por tantos años a futuro, en otras palabras, aunque haya quienes quieran ostentar el poder de manera absoluta, siempre habrá oposición por parte del pueblo y sus dirigentes sociales.

¿Cómo pudo nuestro país tolerar un periodo de gobierno tan largo como lo fue el de Porfirio Díaz? ¿Por qué no sucedió de nuevo algo así?

Cabe destacar que muchos de los problemas que enfrentó Díaz fueron herencia de administraciones anteriores, y pese a que fueron usados como bandera de reclamo, es de decirse también que fue una época de gran crecimiento social, cultural y económico. Este mandato se caracteriza porque sentó las bases del México que conocemos y los derechos de los cuales hoy gozamos.

Desde aquel entonces no se ha vuelto a tener un crecimiento y prosperidad como aquel, incluso se sabe que a la mayoría de los mandatarios los han querido destituir por sus malas gestiones.

En el caso del mandatario actual, López Obrador, no hay diferencia real, sigue el mismo estilo de gobierno de todo el siglo pasado y preocupantemente más el de los años 70s.

El país se encuentra totalmente dividido y hay conflictos sociales que no pueden ser dejados de lado, la bandera de este mandatario es la de la división y el ataque, se ha olvidado por completo del estilo de liderazgo que lo llevó al poder, el escuchar a la gente y unirnos por una visión.

Para nuestra poca gracia, ya no hay interés por el pueblo, ya no se le escucha ni atiende en sus necesidades, ni siquiera se muestra la mínima preocupación por las necesidades que se tienen, claro ejemplo de ello, el desabasto de medicamentos, la decadencia del sistema educativo, la falta de programas efectivos contra inflacionarios o incluso algo tan básico como no reunirse con las madres de los desaparecidos, toda la atención está enfocada a las politiquerías y temas electorales.

Y antes de que se me diga que las becas y pensión que son la gran panacea, lo he mencionado con anterioridad, el dar dinero es el fracaso en la generación de oportunidades, es la falta de capacidad para encontrar soluciones, un programa cuya temporalidad debe ser estrictamente definida y a mediano plazo, un altísimo riesgo financiero si no es calculado con gran precisión y con una implementación estratégica.

El estilo de gobernar, no de liderar, con el que se lleva la presidencia de la república, está basado por completo en la manipulación de los hechos y la verdad. Frases como el “yo tengo otros datos” y la constante desacreditación de cualquiera que piensa diferente se terminan usando para dividir a la sociedad en los buenos y en los malos, tal como en los tiempos de la revolución “si no estás conmigo, estás en mi contra” … Por ello se habla del pueblo bueno y sabio y la derecha conservadora, un básico del manual para someter y manipular con poca resistencia.

Parte de este discurso manipulador es el que se presume, en otras palabras, siempre gritan a los cuatro vientos que “es el presidente más popular” (aunque sus cifras sean muy similares a las de mandatarios anteriores) pero no escuchamos hablar sobre “el gobierno de mayor resultado” y eso es manipulación para que se crea que la popularidad es buen gobierno.

El usar los recursos públicos para fines electorales, entiéndase becas, ayudas o cualquier otro tipo de aportación en dinero o en especie, son otra manera de manipular. La zona de confort es dura y para muchos es más fácil tener unos pesos sin esfuerzo a producir con trabajo y crecer, claro que pocos logran esto porque no se generan las oportunidades necesarias y se infunde el miedo para que no hagan nada.

La manipulación no es liderar, es un estilo muy mediocre de asegurar prevalecer en el poder, como muchos lo hicieron en el pasado, pero la ceguera no es eterna y en menos de lo que se espera se podría caer en el descontento y ya no habrá discurso que convenza. Un verdadero líder llama a la unidad y atiende las necesidades de sus seguidores antes que sus proyectos.

Si analizamos bien, hay un liderazgo débil, se cuenta con una gran resistencia, incluso existe un ausencia de este, pues el poder de convencimiento está decayendo y ya no hay un liderazgo per se que se describe en dos simples acciones, escuchar las necesidades y trabajar por el bienestar de los demás generando oportunidades.


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