Los viejos males y los nuevos males

Lic. Marco Campos Mena

Hace una década, para ser preciso, el 7 de octubre de 2012, el reconocido jurista mexicano, Diego Valadés, iniciaba su discurso de apertura del 5° congreso nacional de derecho constitucional enumerando algunos de los males que aquejaban enormemente a nuestro país, entre ellos se hablaba de la corrupción y de todo aquello que ronda la ilegalidad afectándonos como sociedad.

Entre los ponentes y asistentes tuve la oportunidad de conocer y hablar con el presidente de la corte interamericana de derechos humanos, Dr. Eduardo Ferrer Mac-Gregor y el comisionado de la comisión interamericana de derechos humanos, Dr. José de Jesús Orozco Henríquez.

El enfoque a los derechos humanos ya era un tema imperante al que se le daba un tono de gravedad por el poco respeto que había hacia ellos, pero lo que más me gustaría destacar de ello es que se hablaba del respeto a la legalidad, al estado de derecho, en otras palabras, ¡que la constitución no fuera solamente papel impreso!

Los viejos males son bien conocidos por todos nosotros, los hemos vivido e incluso experimentado en carne propia, la corrupción nos rodea de tal manera que está presente en nuestra vida diaria, y por ello no me refiero a la mordida que se le da a un tránsito para evitar una multa por una falta que cometimos, lo vemos en muchos más aspectos de los que nos imaginamos y todos nos impactan en nuestro bienestar.

Desde nuestra infancia, una de las primeras experiencias puede ser que el maestro o maestra que tenemos para ser garante de nuestra enseñanza, no cumple con los requisitos para el puesto, en algunas ocasiones están allí gracias a que pagaron alguna cuota o por un favor de algún favor de un familiar o amigo, mas no por el mérito de haberse preparado debidamente y tener las competencias para desarrollar tan importante tarea.

La corrupción la vemos en los trámites para una casa, toda vez que para algunos de ellos es necesario que se realice con determinadas personas para que pueda proceder, caso contrario, las negativas pueden incluso ser burdas e injustificadas, pero no podemos contra ello, al menos no fácilmente.

Cada vez que vemos una obra pública por la cual cruzamos, podemos ver corrupción, adjudicaciones directas, empresas creadas de manera reciente y que sin experiencia se llevan los mejores y más jugosos contratos, materiales de menor calidad que no corresponden al precio pagado por ellos y tiempos de entrega que por retrasos incrementan el valor a pagar por dicha obra.

Aclaro que soy consciente de que muchas veces esos retrasos y aumentos son totalmente justificados por situaciones ajenas a los constructores, más no nos extraña que en muchas ocasiones sin que puedan ser injustificados.

Otro gran mal, el nepotismo, el dedazo, el influyentismo, todo aquello que tenga que ver con el favorecimiento de una persona o un grupo para desempeñar cierta función sin importar si cuenta con las competencias o si es en realidad necesario lo que se va a desempeñar.

Este mismo favorecimiento a familiares que sin trabajar gozan de una vida de lujos está presente en nuestra memoria, es algo que repudiamos y quisiéramos que dejase de existir.

Nuestro sistema electoral no fue excepción de los viejos males; durante muchos años las elecciones fueron manipuladas directamente por la mano del presidente, organizadas por el mismo gobierno y sin que se pudiera siquiera protestar por ello.

Años de luchas y manifestaciones cambiaron esa situación para convertir este viejo mal en una de las fortalezas de este país, que si bien perfectible, es garante de nuestra voluntad.

Gran mal del pasado era el que se desarrollaran políticas asistencialistas para ganar la voluntad de las personas más necesitadas, gran mal al que se le denomina manipulación, compra de votos, uso indebido de los recursos económicos de los contribuyentes, llámele como guste llamarle, todo aquello que se hacía para garantizar que una determinada cantidad de personas acudieran a votar en un sentido por el compromiso de las dádivas, era un gran mal que jamás solucionó sus vidas, incluso ahora se puede saber con datos concretos que pudo habérseles condenado a ser incapaces de superarse al haber adquirido una mentalidad que coloquialmente reza “¿y para qué trabajo si comoquiera vienen y me dan todo?”

Viejos males que ojalá se quedarán en el olvido como una historia de la cual se aprende para no repetirse. Hoy esos males han dejado de ser, vivimos en un México utópico en el que todo cambió, y se enfrenta a nuevos males.

La corrupción se acabó, cualquier cosa parecida a ello ostenta títulos de nobleza por un bien mayor, los moches se terminaron, pues ahora se les conoce como aportaciones voluntarias, imagino que los secuestros ya no son privaciones ilegales de la libertad, sino acompañamiento voluntario a un retiro para una experiencia extrema y las muertes y desapariciones no son otra cosa que una limpia porque “algo hicieron” o “en algo andaban metidos” ¡ya no hay más muertos inocentes!

Los nuevos males son los conservadores, los neoliberales, la democracia y la libertad, la justicia y la ley, la independencia de poderes y… ¿por qué no? El pensamiento racional. (aunque pudiéramos dejarlo en pensamiento a secas)

Estos nuevos males son los enemigos de la transformación, ¿hacia dónde nos dirigimos? “afortunadamente los viejos males ya dejaron de serlo” … el camino está trazado y no hay duda de hacia dónde se dirige.

Este año comenzó de una manera inesperada, ¡más deuda! Que probablemente recibirá otro nombre porque hablar de deudas es un mal del pasado y esos ya no existen, 

Los ataques al poder judicial no se hicieron esperar, como dije, la justicia es un nuevo mal, fue un gran mal denunciar un plagio en una tesis, fue un gran mal que el ministro Arturo Zaldívar no votará por quien el presidente de la República quería, (¡TRAICIÓN!) y un gran mal que se ha denunciado desde el púlpito es el que la nueva presidente de la corte sea respetuosa de la legalidad y no anteponga los intereses políticos a los constitucionales.

¡Qué gran mal ha sido el que no se permita la compra de voluntades! El dinero del gobierno federal debiera ser usado discrecionalmente por el presidente para sus fines estratégicos, la compra de votos y el acarreo era un mal del pasado, no un mal del presente.

Iniciamos un año en el que los cambios estarán a la orden del día, muchos ya se deben haber dado cuenta de ello y de la preocupante situación económica que atravesamos, sin duda nos esperan grandes retos.

Hay un tema que en particular pudiera ser de gran atención para prevenir lo que pudiera pasar a corto plazo, me refiero a la “estabilidad económica” aparente de la que se habla mucho pese a todas las condiciones, nuestro tipo de cambio estable y el que no haya más caídas en el PIB a pesar de los recortes, ¿pudiera ser una manipulación de la economía? Tal vez, no lo descartemos, pudiéramos estar viviendo la creación de una nueva bomba de consecuencias enormes para todos nosotros, así que tengamos un ojo en eso y otro en el trabajo, que este país solo se levanta cuando los ciudadanos trabajamos.¡Les deseo que tengantenga un excelente inicio de año y grandes éxitos!


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