Washington 01/07/25 (Más).- Donald Trump ha manifestado en varias ocasiones su deseo de mantener su influencia en la política estadounidense más allá de los límites que impone la Constitución, que prohíbe expresamente un tercer mandato presidencial.
Aunque esa posibilidad parece legalmente inviable, Trump ha empezado a explorar otras vías, incluyendo la opción de establecer una dinastía política a través de sus hijos. Este fin de semana, su hijo Eric sugirió en una entrevista al Financial Times su interés en ingresar al ámbito político: “Creo que sería fácil [fundar una dinastía presidencial]; es decir, creo que podría lograrlo”, afirmó. “Y, por cierto, pienso que otros miembros de nuestra familia también podrían hacerlo”.
Eric Trump, de 41 años, es el tercer hijo del expresidente con su primera esposa. Aunque ha estado tradicionalmente enfocado en los negocios familiares, su disposición a considerar una carrera política marca un giro respecto al rol que ha desempeñado hasta ahora. En la entrevista, expresó sus dudas respecto a lanzarse a una campaña presidencial, mencionando como razón principal la preocupación por el impacto que esto tendría en sus hijos: no sabe si sería justo hacerles pasar por lo que él vivió en los últimos diez años desde que su padre inició su carrera política.
La aparición de Eric como posible candidato se suma a la creciente presencia política de otros miembros del clan Trump. Su esposa, Lara Trump, fue copresidenta del Comité Nacional Republicano. Su hermano mayor, Donald Jr., de 47 años, mantiene un perfil político más activo. Además de dirigir un pódcast y escribir un boletín con comentarios sobre la política en Washington, fue una figura clave en la promoción de J. D. Vance como candidato vicepresidencial. Durante una visita a Qatar, ante la pregunta de si consideraría reemplazar a su padre, Donald Jr. respondió: “No sé, quizás algún día. Esa vocación, desde luego, está ahí”.
Ivanka Trump, de 43 años, y su esposo Jared Kushner desempeñaron funciones destacadas en la primera administración de Trump, entre 2017 y 2021. No obstante, ambos han mantenido un perfil bajo durante el actual gobierno. El hijo menor, Barron Trump, de 19 años, también ha comenzado a involucrarse en las estrategias de campaña. Durante las elecciones de 2024, propuso que su padre participara en pódcasts vinculados a la llamada “machosfera”, lo cual resultó en un aumento del respaldo entre los votantes jóvenes.
La historia de Donald Trump como heredero del imperio inmobiliario de su padre y como figura mediática ha estado marcada por el nepotismo, un patrón que parece repetir en su vida política. Durante la Convención Republicana de julio, el entonces candidato se rodeó de su familia y presentó a su nieta Kai como una nueva figura pública. La familia Trump ha sido señalada por múltiples conflictos de interés relacionados con los negocios que gestionan sus miembros, incluyendo inversiones en criptomonedas y la creación de una memecoin llamada $TRUMP, con la que, según reportes, obtuvieron 350 millones de dólares.
A pesar de las dificultades legales y políticas que enfrentarían los descendientes de Trump para llegar a la presidencia, hay antecedentes en la historia de Estados Unidos de familias que lograron ese objetivo. El caso más reciente es el de los Bush: George H. W. Bush fue presidente entre 1989 y 1993, y su hijo, George W. Bush, entre 2001 y 2009. Otro antecedente es el de John Adams y John Quincy Adams, segundo y séptimo presidentes del país, respectivamente. También se cuenta el caso de los Roosevelt, Teddy y Franklin Delano, primos lejanos, ambos presidentes, así como el de Benjamin Harrison, nieto de William H. Harrison.
Eric Trump, al hablar con el Financial Times, también abordó las críticas sobre el posible aprovechamiento político de su familia, afirmando: “Si hay una familia que no se ha beneficiado de la política, es la familia Trump”. Esta afirmación contrasta con la larga lista de relaciones entre el poder político del patriarca y los negocios de los hijos, lo que sugiere una continuidad en la estrategia comunicativa del expresidente.
El interés de la familia Trump por mantenerse en el primer plano de la política estadounidense, pese a las restricciones constitucionales, ha reabierto el debate sobre la posibilidad de establecer una dinastía presidencial moderna. La ambición de Trump por perpetuar su influencia en Washington parece no tener límites claros, más allá de los establecidos por la ley.
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