Teuchitlán, Jalisco, 17/03/25 (Más / IA).- A más de una semana del hallazgo de ropa, calzado, objetos personales y restos óseos en el Rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco, presuntas víctimas de reclutamiento forzado han decidido romper el silencio y revelar las violentas prácticas que, aseguran, se realizaban dentro de este lugar, descrito por la Guardia Nacional como un “centro de adiestramiento” del crimen organizado.
Aunque las autoridades estatales y federales descubrieron el rancho en septiembre de 2024, no fue sino hasta una reciente jornada de búsqueda del colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco que los sobrevivientes comenzaron a compartir sus relatos. Tres testimonios fueron revelados a Milenio Televisión y un cuarto, el de una mujer, fue confiado a Indira Navarro, líder del colectivo.
En entrevista para Milenio, hombres cuya identidad no fue revelada relataron las atrocidades que presenciaron y, en algunos casos, las que se vieron obligados a cometer para mantenerse con vida.
Uno de ellos narró que, al llegar al rancho, fue obligado a desvestirse. Según su testimonio, quienes hacían preguntas o se negaban a obedecer eran asesinados de inmediato, mientras que los que acataban las órdenes eran registrados en un cuaderno con un apodo, asignados a diversas tareas y provistos de ciertos recursos.
El rancho se encontraba dividido en distintas áreas, incluyendo una bodega de aproximadamente 389 metros cuadrados que funcionaba como dormitorio y gimnasio. “Dormíamos en posición fetal, muy pegados unos de otros, porque se llevaban gente, pero casi a diario llegaba gente nueva”, relató uno de los sobrevivientes, quien estuvo dos semanas en el lugar.

Otro testimonio indicó que la violencia era constante. “Todos los días nos pegaban por cualquier cosa, así nos mantenían con miedo. Desde que llegamos lo primero que te hacen es agarrarte a tablazos”, dijo una de las víctimas.
Durante el día, los reclutados eran sometidos a rigurosas pruebas de supervivencia y combate. “No hay día que no piense en eso y que no me atormente. Pero en ese momento se hacían las cosas para seguir vivo. Esos días solo son cuando te enseñan a disparar con AK-47 y arma corta”, confesó otro testigo.
Según los testimonios, completar el entrenamiento era solo el primer paso. Luego, los graduados eran enviados a pelear por el control de territorios. “Gracias a Dios terminé el adiestramiento a luchas, a fuerzas, con amenazas y todo. De ahí te mandan a Zacatecas y no es cierto que son tres etapas, es una etapa nada más. Si ganas tres plazas consecutivas, te ascienden a comando. Comando quiere decir que tú te encargas de un grupo, de siete, ocho o diez personas”, explicó uno de los sobrevivientes.
Tras la “iniciación”, los nuevos reclutas eran presentados ante los líderes del grupo criminal, quienes determinaban su destino. “Ya cuando bajas de allá ya te reparten a los lugares que te van a mandar: Zacatecas, Nayarit, Guanajuato, Michoacán, Guerrero o Guadalajara”, añadió otro testigo.
En entrevista con la periodista Ahtziri Cárdenas Camarena, Indira Navarro compartió el testimonio en audio de una mujer identificada como María, quien asegura haber pasado tres años en el Rancho Izaguirre.
De acuerdo con su relato, fue engañada con una falsa oferta de trabajo y, una vez dentro, se vio obligada a colaborar con el grupo criminal. “Había muchas personas del gobierno en su momento. Sabían cómo se manejaba desde el 2012-2013. Yo estuve ahí”, afirmó.
María aseguró que dentro del rancho los reclutados eran forzados a participar en actividades del crimen organizado, incluyendo la excavación de fosas, la calcinación de cuerpos y el desmembramiento de personas. Según su testimonio, al menos 1,500 personas habrían pasado por el rancho de Teuchitlán durante su cautiverio.
El caso del Rancho Izaguirre recuerda testimonios previos sobre el brutal entrenamiento de grupos criminales en México. En mayo de 2019, Noticias Telemundo publicó un reportaje en el que Francisco, un presunto exrecluta del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), aseguró que una de las pruebas de iniciación consistía en obligar a los nuevos integrantes a comer carne humana.
El relato de Francisco coincide con declaraciones de detenidos en 2017, quienes afirmaron que dentro de estos campos de entrenamiento, los recién llegados eran forzados a descuartizar cuerpos y consumir partes de ellos. La negativa a participar significaba una sentencia de muerte.
La existencia de estos campos de adiestramiento ha sido documentada en diversas zonas de Jalisco, incluyendo la parte serrana de Navajas, en Tala, donde en 2017 se descubrieron varios de estos sitios. En aquella ocasión, el entonces fiscal general del estado, Eduardo Almaguer Ramírez, confirmó que en dichas áreas se hallaban restos humanos con frecuencia.
Las revelaciones sobre el Rancho Izaguirre han reavivado las preocupaciones sobre la magnitud de estas prácticas en el país y la posible complicidad de diversas autoridades en su operación. Las investigaciones continúan y se espera que las autoridades profundicen en las declaraciones de los sobrevivientes para esclarecer lo sucedido dentro de este presunto campo de exterminio.
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