LOS SEISCIENTOS ÁRBOLES


Por Horacio Cárdenas Zardoni


Hace unos pocos años leímos el libro escrito por el investigador y profesor universitario saltillense Carlos Valdés sobre la Sierra de Zapalinamé.
Tantos años de verla allí, a veces verde, a veces grisácea, algunas helada o nevada, y de vez en cuando ahumándose por un incendio, y realmente no teníamos mayor conciencia de que alguna vez fue un espacio tupidamente arbolado.


Carlos relata cómo se fue depredando la sierra, primero con los primeros saltillenses que cortaban los árboles para leña o si ya estaban altos, para utilizarlos como polines para construir sus casas. También cuenta sobre el negocio del carbón vegetal, ya sabe, el de cortar los árboles, quemar la madera de manera controlada, para que luego sirva para animar las famosísimas carnes asadas, que no pueden realizarse en torno a una estufa de gas, o usando algún otro combustible que se pueda recoger, en vez de procesar; luego se seguía con el perjuicio que causa el ganado a los retoños de los árboles, después de todo, la naturaleza hace su esfuerzo por forestar los espacios, pero las cabras y otros animales domésticos, disfrutan mucho comiéndose los arbolitos tiernos, quitándoles la oportunidad de crecer; y bueno, finalmente está el que es quizá el peor de los depredadores, el fraccionador, que construye casas y tiende calles, primero de tierra y luego de asfalto, donde no vuelve a crecer nada.


Lo hemos escuchado de algunos literatos y poetas, el Valle de Saltillo que conocieron los primeros colonizadores españoles, debió ser un verdadero paraíso, con agua abundante y bosques maduros, que vencían la barrera de la Sierra Madre Occidental, si se presentaban sequías ocasionales, la capa de vegetación lograba atraer las lluvias de las nubes que lograban cruzar la serranía. Debió ser un sitio muy disfrutable para los habitantes originarios, que sin embargo no eran amigos de establecer asentamientos permanentes, sino que iban y venían, y ya sabe lo que dicen, que en la variedad está el gusto, y pues aquí había bastante de eso.


Disculpará usted la nostalgia, pero de aquel valle saltillero con árboles, arbustos y toda clase de plantas, nos queda muy poco, por no decir nada. Si viera el gusto que nos da, cada vez que en las juntas de las banquetas o en el cordón cuneta vemos abrirse paso a una palma… si la dejaran, en algunos años mediría varios metros de altura, y por supuesto habría quebrado las lozas de concreto, acelerando su proceso de pulverización, para reincorporarse a la naturaleza. Pero no las dejan, al rato las arrancan y tiran, en vez de poner a alguien que le sepa al asunto, a trasplantarlas a un sitio donde puedan desarrollarse, después de todo, ya demostraron que son ejemplares fuertes, capaz de aguantar el nunca haber sido regadas, pisadas, y cuanta cosa más.


Y bueno, esto nos sirve de pie para comentar una nota aparecida hace unos días, el Ayuntamiento de Torreón comunicaba su intención de reforestar el periférico, con algo más de seiscientos árboles, luego de quince años de que no se ha hecho…


Ah vaya… ya comentamos, más de una ocasión, que la estrategia de cero tolerancia tiene amplias posibilidades de aplicarse, no solamente a cuestiones de inseguridad o vandalismo en los municipios de Coahuila, sino para la muy relevante de la ecología, el medio ambiente y la imagen urbana.


Primero lo malo, quince años son cinco administraciones municipales, incluyendo la actual de Román Alberto Cepeda, quien repite en el cargo de presidente municipal, pero que durante su trienio anterior no consideró prioritario el tema de la reforestación, ah pero ahora sí. No queremos pensar que no se le ocurrió otra cosa para enfrentar su segundo mandato al hilo, o que esto es más barato que alguna obra vial, o yo que sé, el caso es que de repente la administración torreonense se volvió ecologista, y le entrará a reponer 600 árboles, nomás en el tramo del periférico.


Oiga, 600 árboles no es poca cosa, más bien es mucha, habla de un nivel de desinterés y de dejadez, de falta de compromiso con lo que ven los habitantes de la ciudad cada vez que pasan por el sitio, y lo único que notan es un agujero en el suelo con un montón de tierra calcinada, pues tampoco son para regar un hoyo que no tiene más que algo de maleza de la que se da sola.


La verdad, que si el ayuntamiento, el de Torreón, el de Saltillo, el de cualquier municipio coahuilense hicieran su chamba de cero tolerancia, no habría necesidad de emprender un programa de reforestación, y sería sí porque todo estaría forestado, arbolito o palma que se seca, arbolito o palma que se sustituye inmediatamente, no haca falta esperar quince años… es más, no hace falta esperar ni una semana, o bueno, hasta que la burocracia cumpla con su tarea de conseguir otro ejemplar, pagarlo de alguna partida de las que se tienen para eso, pero todavía más, averiguar porqué se secó, y si la razón es atribuible a algún mal manejo, mal suelo, poco o mucho riego, lo que sea, remediarlo antes de sustituirlo con otro árbol que tal vez sufra el mismo destino que su antecesor.


Bueno, pues al menos en Torreón ya se pronunciaron, sembrarán 600 árboles para reforestar el Periférico. Aquí vale la pena recordar y reconocer que durante muchos años, Torreón presumió de ser la ciudad más verde de todo el norte del país, y eso que tienen un clima poco amigable y una escasez de agua crónica. Y se nos ocurre preguntar ¿y Saltillo?


El presidente electo comentó en alguna ocasión que tiene la intención de convertir a la capital de Coahuila en una ciudad verde, no sabemos si desbancando a las que hoy por hoy nos superan por mucho, en una competencia indeseable, o simplemente hacer lo que se debe.


Comenzando por el famoso periférico, hay montón de huecos donde alguna vez hubo palmas. ¿palmas?, lo que hace falta son árboles de sombra, que le bajen un poco la temperatura y les den algo de sombra a los carros que allí se eternizan en la tortura del tráfico. Hace poco nos hicieron favor de publicar una columna que titulamos Ni una sola maceta vacía, bueno, pues igual, ni un solo hueco en el cemento sin su respectivo árbol, y no se vale taparlos con más concreto, del que Saltillo está sobradísimo.


En fin, la meta en torreón son 600 árboles, ojalá fueran mensuales, lo más seguro es que serán para todo el sexenio, y que no haya un programa de remplazo si se secan, pero… ¿Cuál es la de Saltillo, y la de Monclova, y la de Sabinas, y la de Acuña y la de Piedras Negras?, nada nos han dicho al respecto, y estamos esperando.


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