Ciudad de México, octubre 23 – El robo de Arte va mucho má allá del penoso caso de Louvre este domingo pasado. México ha enfrentado múltiples casos de robos de obras de arte que involucran piezas de Rufino Tamayo, Leonora Carrington, Diego Rivera y otros artistas destacados, refiere el portal El País México.
Estos incidentes reflejan la vulnerabilidad del patrimonio cultural del país y la magnitud del mercado negro de arte, donde obras desaparecen, son vendidas ilegalmente o permanecen sin rastro durante décadas.
Entre los casos más notorios, en enero de 1999 cinco individuos robaron 12 cuadros de Rufino Tamayo durante una exposición retrospectiva en la Galería López Quiroga de Polanco, Ciudad de México. Los ladrones, que parecían invitados, descolgaron las obras y las trasladaron en bolsas negras de plástico. La Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal recuperó las piezas valuadas en más de dos millones de dólares días después en una vivienda del noroeste de la capital.
Durante la pandemia, el galerista Óscar Román fue víctima de un robo el 22 de diciembre de 2020, cuando fue interceptado con un cliente potencial por dos hombres armados. Se llevaron la camioneta y nueve piezas de arte valoradas en 250 mil dólares, incluyendo esculturas de Javier Marín, gouache de Chucho Reyes, óleos de Jazzamoart, obras de Leonora Carrington y una pieza en tinta de Jorge Marín. Hasta ahora, estas obras no han sido recuperadas.
Otro caso emblemático es el mural «Pesadilla de guerra, sueño de paz» de Diego Rivera, comisionado por el Instituto Nacional de Bellas Artes en 1952. La obra desapareció quince días después de su exhibición en el Palacio de Bellas Artes. Aunque en un inicio se habló de un robo, más tarde se supo que el Gobierno mexicano ordenó su retiro y Rivera gestionó su traslado a China. Su destino final sigue siendo desconocido, conservándose únicamente algunas fotografías y bocetos.
Entre los casos curiosos destaca la obra «Tres personajes» de Rufino Tamayo, robada en 1987 a un coleccionista privado durante una mudanza y reaparecida más de 15 años después en un basurero de Nueva York. En 2003, Elizabeth Gibson la halló y, tras años de investigación, devolvió la pintura a su dueño original, quien la subastó en Sotheby’s en 2007 por un millón de dólares.
Finalmente, El País cita que la obra de Fernando García Ponce estuvo en el centro de un robo familiar que derivó en 2021 en la búsqueda de más de 3 mil 700 piezas por parte de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México. Se presume que madre e hijo crearon la empresa fantasma Acervo Galería Ponce para vender más de 500 piezas en el mercado negro. La mayoría de los cuadros fueron recuperados en cateos realizados en Tlalpan y Coyoacán.
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