Ciudad de México, 09/10/25 (Más).- A menos de un año de que se lleve a cabo la primera revisión formal del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), prevista para julio de 2026, los tres países han iniciado ya el proceso con la etapa de consultas públicas, que comenzó en septiembre de este año.
En este contexto, México enfrenta múltiples desafíos comerciales y políticos que podrían condicionar la permanencia del tratado, especialmente si alguno de los socios decide no renovarlo, lo que pondría fin al acuerdo el 30 de junio de 2036.
De acuerdo con información publicada por Animal Político, entre los riesgos que se vislumbran para la administración de Claudia Sheinbaum destacan la presión arancelaria de Estados Unidos, las tensiones por la triangulación comercial con China y las diferencias persistentes en materia automotriz, agrícola e industrial.
Especialistas como Oscar Ocampo, del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), y Marco Fernández, de México Evalúa, advierten que estas fricciones podrían escalar si el expresidente Donald Trump –actualmente en su segundo mandato– utiliza las amenazas comerciales como herramienta de negociación, como ya lo ha hecho anteriormente.
El proceso de revisión tiene como objetivo renovar el T-MEC por 16 años más, hasta el 1 de julio de 2042. En este momento, México ya está recibiendo comentarios de ciudadanos, empresas y organizaciones, con fecha límite del 15 de noviembre, mientras que Estados Unidos y Canadá también han abierto sus propias convocatorias para recopilar propuestas. El proceso culminará en el verano de 2026, con una evaluación que podría derivar, si no hay consenso, en una renegociación formal del acuerdo.
Uno de los principales temas en la mesa es el de las reglas de origen en la industria automotriz. Ocampo explica que Estados Unidos podría insistir en endurecer los requisitos de contenido regional, incluso llevándolos al 80%, para evitar el ingreso de autopartes chinas al mercado estadounidense. Sin embargo, este ajuste pondría en riesgo la competitividad de México en este sector clave. Ya en la versión actual del tratado, se exigen entre 40 y 45% de contenido laboral de alto salario y al menos 70% de acero y aluminio de origen norteamericano.

Otro punto crítico es el comercio con China. Tanto Ocampo como Fernández prevén que Estados Unidos insista en frenar la triangulación de productos chinos a través de México, lo que obligaría al país a rediseñar sus políticas de inversión y comercio exterior. Según datos citados, actualmente China representa el 30% de los autos importados en México, lo que complica el panorama si se buscan restricciones más severas.
Además, persisten disputas comerciales como los aranceles al tomate mexicano (17%), al acero y al aluminio, lo cual, en palabras del IMCO, proyecta una imagen de “pendientes sin resolver” ante Washington. Para los especialistas, llegar a la revisión con estos problemas activos podría dar margen a Estados Unidos para exigir concesiones adicionales.
La falsificación y la piratería son otros asuntos que podrían impactar negativamente la evaluación del tratado. A pesar de las obligaciones en materia de propiedad intelectual contenidas en el capítulo 20 del T-MEC, México ha sido señalado por sus débiles esfuerzos en la protección de marcas, patentes y derechos de autor.
En caso de que la revisión derive en una renegociación, se requerirían procesos legislativos específicos en cada país. En México, el Ejecutivo debe presentar al Senado un informe y un programa de negociación. En Estados Unidos, se necesita la aprobación del Congreso para activar la Autoridad de Promoción Comercial (TPA). En Canadá, el gabinete debe autorizar los objetivos de negociación y realizar consultas públicas con al menos 90 días de anticipación.
Aunque el Mundial de Futbol 2026, que será organizado en conjunto por México, Estados Unidos y Canadá, simboliza una alianza regional, especialistas como Oscar Ocampo y Marco Fernández señalan que no tendrá un impacto real en las negociaciones comerciales. No obstante, otros analistas como Manuel Valencia y Jair Aguilar destacan que podría reforzar la cooperación trilateral desde una óptica diplomática y de imagen internacional.
En cuanto a factores que juegan a favor de México, destaca la participación de Marcelo Ebrard como secretario de Economía, quien ya estuvo involucrado en las negociaciones del tratado durante el sexenio anterior y conoce tanto los antecedentes como los límites de maniobra. También se suma el fortalecimiento de la relación con Canadá, consolidada con la visita del primer ministro Mark Carney en septiembre pasado, donde se anunció el Plan de Acción México-Canadá 2025-2028.
Esta alianza estratégica podría ser clave para hacer frente común ante las presiones de la administración Trump, concluyen los especialistas, quienes subrayan que, aunque el panorama es complejo, México aún puede posicionarse con firmeza si actúa con anticipación, claridad y coordinación frente a sus socios comerciales.
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