Los primeros días de Claudia

Por Marco Campos Mena

Nos lo dijeron y lo cumplieron, continuidad, con cambio, y para suerte de todos, un cambio que hasta ahora aparentemente será para bien, pensado, sin rencores y pragmático.

Los primeros días de Claudia Sheinbaum como Presidenta de la República hablan de lo que pudiera ser, lo bueno y lo malo, una balanza que hasta ahora no hemos sabido equilibrar por la presencia tan marcada de López Obrador como figura representativa del deber ser.

Comenzó su primer día con un discurso que nos dejó ver su perspectiva y a la vez su lealtad a su antecesor, a quien respeta y obedece aún desde su nueva posición.

No obstante, podemos enfocarnos en las cosas que pueden ser sumamente beneficiosas para nosotros como ciudadanos dejando de lado por un momento los asuntos políticos.

Continuó con la conferencia mañanera, tal como se había anunciado y en continuidad con lo que ya se venía haciendo, pero con un buen cambio de entrada al eliminar el color característico de morena y dejar un blanco neutro, cambio que nos hace ver que el partidismo no estará tan marcado como en el sexenio pasado.

Casi de inmediato realizó el viaje a Acapulco para ver a los damnificados, con lo cual comienza a trazar un acercamiento con la población que más necesita ser escuchada y atendida al perder todo su patrimonio, tarea que habrá de realizar en más lugares por los impactos meteorológicos recientes.

El acercamiento con Coahuila rompe con el olvido o castigo del que fuimos víctimas el sexenio pasado. Hoy se habla de estrategias para salvar AHMSA y de esa manera cuidar del sustento de miles de familias que dependen directa o indirectamente de la empresa.

También se habla de impulsar la competitividad del Estado y de los trenes de pasajeros que habrán de pasar por nuestro Estado en su camino a las ciudades destino, con lo cual, seguramente veremos un impulso extra a la economía del Estado.

La presencia femenina marca un cambio también en lo que respecta a la inclusión y tolerancia de algunas conductas, pues, ahora se da más respeto a las mujeres y se les enaltece por su capacidad a la par de que se cambia el paradigma sobre su lugar en la sociedad y se asesta un duro golpe al machismo.

Los inversionistas encuentran estabilidad y criterios responsables que no se veían con el vengativo macuspano. La confianza en México se restaura poco a poco al ver algunas primeras señales de coherencia y cambio a un rumbo más próspero.

No se puede negar que hay señales de que el cambio puede ser para bien en muchos sentidos, pero, del mismo modo, siguen mandándose señales de que no se atenderán algunos problemas de la manera debida.

El conflicto con España es el primero de ellos. La historia se encuentra plagada de mitos para enaltecer y criminalizar a conveniencia, después de todo, la historia la escriben los ganadores y solo quedan algunos testimonios de quienes vivieron en esas épocas para recordarnos como fue todo en realidad.

La presidenta sigue con la misma línea del mito que su antecesor, omite los hechos y se enfoca en crear un enemigo a quien odiar para distraer la atención. Mucho de lo que se dijo en su discurso no tiene fundamentos históricos que lo respalden en la realidad, pero repiten la misma versión esperando que el olvido convierta sus dichos en la llamada “verdad histórica”

La ideologización sigue presente y se ve sumamente marcada en lo que respecta al poder judicial y la mal llamada reforma para “democratizarlo” que no es otra cosa que utilizar la democracia para acabar con la democracia al poner reglas a modo para obtener jueces a modo.

Si bien, algunas cosas de este gobierno marcan la esperanza de un nuevo comienzo y conciliación para unificar lo que el gran polarizador dividió, no podemos esperar que haya un giro por completo, tomará años ver realmente el impacto positivo o negativo de esta presidencia y solo entonces podremos hablar con total seguridad sobre los hechos y resultados sin caer en la especulación o los dimes y diretes.

¿Qué nos espera a mediano plazo? Solo podemos hablar con lo que sabemos y eso es muy poco.

Hay un viejo proverbio que advierte “es posible que medio conocimiento no disminuya la ignorancia, sino que la aumente” y hablar a estas alturas sin mayor conocimiento de cómo serán las cosas puede convertirnos en el obstáculo a un plan de gobierno, mas no por ello debemos dejar de ser críticos, nuestra obligación como ciudadanos demócratas es analizar y cuestionar con base en fundamentos.


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