Sinaloa, 18/07/2025 (Más) —El ciclo escolar 2024-2025 terminó en Sinaloa con más ausencias que festejos. No hubo convivios, fotos grupales ni camisas firmadas: hubo miedo, silencio y duelo. Al menos 80 escuelas de nivel básico concluyeron el año con clases a distancia y sin ceremonias presenciales, debido a la creciente ola de violencia. Aún más alarmante, al menos 50 niñas, niños y adolescentes fueron asesinados a lo largo del año escolar.
Desde septiembre de 2024, cuando se intensificó el conflicto entre facciones del Cártel de Sinaloa, miles de familias optaron por no enviar a sus hijas e hijos a clases presenciales. Escuelas vacías, no por falta de interés, sino por precaución. El 28 de abril, por ejemplo, cuatro escuelas en la colonia Emiliano Zapata de Culiacán suspendieron clases por la presencia de un vehículo con explosivos afuera de una preparatoria, capaz de afectar un radio de 500 metros.
Aunque la Secretaría de Educación Pública y Cultura insistió durante todo el ciclo en que había “condiciones suficientes” para regresar a clases, la realidad contradijo el discurso. Madres y padres reclamaron un retorno a la educación virtual, como en la pandemia, al no existir garantías reales de seguridad.
En zonas rurales y periféricas, como Cosalá, Navolato o San Ignacio, muchas escuelas cerraron definitivamente ante la ausencia de estudiantes. Otras se convirtieron temporalmente en cuarteles militares, como la primaria Niños Héroes, donde soldados ocuparon las aulas.
Más allá del temor, hay víctimas. Niños como Gael y Alexander, asesinados el 19 de enero durante un intento de robo; Danna Sofía, baleada cuando se dirigía a clases; Leidy y Alexa, atacadas por el Ejército mientras viajaban a su escuela. Sus muertes simbolizan el precio que paga la niñez sinaloense en esta “narcoguerra” cotidiana.
“Hemos pasado de celebrar el Día del Niño a hacer homenajes luctuosos”, resume Víctor Manuel Aispuro, director de una primaria en Culiacán. La educación en Sinaloa, como la infancia misma, quedó atrapada entre la violencia y la indiferencia institucional.
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