Rodrigo Morales
La narrativa de las conferencias mañaneras ha sido muy eficiente para sostener la aceptación presidencial; sin embargo, no ha logrado que los problemas desaparezcan. Veamos algunos ejemplos.
Las propiedades que les han aparecido a muy diversos personajes del oficialismo, no porque no tengan mención en la mañanera es un tema que quede solventado; la corrupción institucionalizada que representa el huachicol fiscal tampoco es un tema que se resuelva con el silencio.
Pero más allá de casos puntuales de corrupción, hay procesos de deterioro institucional cuando no de franco retroceso, que han merecido la atención de una buena parte de la comunidad internacional, y es previsible que esa mirada nos siga acompañando. Destaco tres temas.
El deterioro que en términos democráticos significó la elección del Poder Judicial no pasó inadvertida para organismos especializados, y si la reforma electoral anunciada sigue teniendo como ejes rectores la austeridad y el castigo a la pluralidad, es de esperar que los señalamientos críticos continúen.
Las fallas que cada día se revelan en el así llamado nuevo Poder Judicial han encendido alertas en la comunidad nacional e internacional estudiosa de la impartición de justicia y, de nuevo, se vendrán en cascada los informes y estudios que documenten las regresiones e improvisaciones con que resuelve el acceso a la justicia.
El problema de las desapariciones forzadas ya mereció que, por primera vez, el comité especializado de las Naciones Unidas le haya propuesto a su Asamblea General que se active el procedimiento del artículo 34 para nuestro país. No hubo sorpresa, se trata de un procedimiento que lleva mucho tiempo, y que si se hubiera atendido en otros términos, la decisión del comité hubiera sido distinta.
¿Qué es lo que tienen en común estos temas? Que contra lo que se nos quiera hacer ver, no forman parte de la agenda trasnochada de una oposición que sólo desea el Apocalipsis para la cuarta transformación. Se trata de procesos que llaman la atención a una comunidad mucho más amplia, que lleva años de estudio y especialización, y que está genuinamente preocupada por el rumbo que está tomando el país.
Y sin duda, llama la atención la actitud de la Cancillería, pues en lugar de atender y darle acompañamiento a los diversos procesos diplomáticos, la nueva línea parece el aislamiento. Los problemas no desaparecen ni se solucionan únicamente por no mencionarlos o reconocerlos. La mañanera tiene límites.
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