Con la elección del cardenal estadounidense Robert Prevost como León XIV, el papado revive un nombre histórico vinculado al liderazgo en tiempos de crisis. Inspirado en León I y León XIII, el nuevo pontífice busca enfrentar los retos del siglo XXI —como la revolución digital y las migraciones— con firmeza teológica, sensibilidad social y un enfoque pastoral global.
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Con la elección del cardenal estadounidense Robert Prevost como nuevo pontífice, el mundo católico vuelve a pronunciar un nombre cargado de historia: León XIV. La decisión del primer papa originario de Estados Unidos de adoptar este nombre no es casual ni meramente simbólica. Con ello, evoca un linaje espiritual que ha marcado momentos cruciales de la Iglesia católica, encabezado por una de sus figuras más determinantes: León I, “El Grande”.
A lo largo de la historia, el nombre León ha sido utilizado por trece pontífices antes de Prevost. Es, de hecho, el cuarto más frecuente tras Juan, Gregorio e Inocencio. Pero su peso simbólico va más allá de su frecuencia: León I y León XIII marcaron hitos fundamentales en el devenir teológico, político y social de la Iglesia. Ahora, León XIV asume el trono de Pedro en un mundo marcado por la revolución digital, las migraciones masivas y la desigualdad, con la intención declarada de responder desde la fe a estos desafíos.
León I, el papa que frenó a Atila
León I, también conocido como San León Magno, fue elegido obispo de Roma en el año 440 d.C. y gobernó hasta su muerte en 461. Es considerado no solo uno de los mejores pontífices de la historia por su agudeza teológica, sino también por su liderazgo en tiempos de gran crisis.
Su mayor contribución doctrinal fue consolidar la enseñanza de que Jesucristo posee una doble naturaleza: humana y divina, una doctrina fundamental que fue ratificada en el Concilio de Calcedonia en el año 451, gracias en parte a su célebre texto Tomo a Flaviano. Por esta razón, es uno de los pocos papas declarados Doctor de la Iglesia.
Pero más allá de los concilios, León I se ganó un lugar en la historia universal cuando enfrentó a Atila el Huno, el llamado “Azote de Dios”. En el año 452, cuando Roma se hallaba indefensa ante la amenaza de una invasión, León viajó a Mantua y convenció al líder bárbaro de no atacar. Aunque el acuerdo incluyó un tributo, para la población fue un acto heroico de paz en medio del caos. Años después, Atila moriría en circunstancias misteriosas.
León XIII, el papa de la justicia social
Muchos siglos más tarde, en 1878, León XIII, de nombre secular Vincenzo Pecci, asumió el pontificado en una Europa sacudida por la industrialización. Fue el primer papa que se ocupó activamente de los problemas sociales modernos. Su encíclica Rerum Novarum (1891) marcó el inicio de la doctrina social de la Iglesia, denunciando las condiciones inhumanas de los trabajadores y reconociendo el derecho a organizarse y exigir justicia.
Fue, en muchos sentidos, un papa modernizador, que también impulsó el estudio de la ciencia, la historia y las relaciones diplomáticas, y que sentó las bases del diálogo entre fe y razón en el siglo XX.
León XIV: herencia, continuidad y nuevos desafíos
En una reunión privada con los cardenales, el nuevo papa explicó su decisión de llamarse León XIV. Señaló que, así como León XIII respondió con doctrina social a los efectos de la Revolución Industrial, él se siente llamado a enfrentar los desafíos de la actual revolución digital, incluyendo la inteligencia artificial y sus consecuencias sobre la dignidad humana y el trabajo.
El nuevo pontífice ha manifestado su intención de continuar el legado de Francisco, especialmente en su defensa de los migrantes y los pobres. Su elección ha sido bien recibida por organizaciones como Annunciation House, en la frontera México-Estados Unidos, donde su director, Rubén García, lo describió como “un papa con corazón para los migrantes, los trabajadores y los más desfavorecidos”.
El nombre como declaración de principios
Históricamente, los papas adoptan nuevos nombres como señal de continuidad o ruptura. En este caso, León XIV traza un puente entre dos eras de transformación: una marcada por la crisis espiritual del siglo V, y otra por las luchas sociales del siglo XIX. En ambos momentos, los papas llamados León se enfrentaron a desafíos globales con un sentido pastoral firme y una visión de justicia.
“El gran legado de León I es que no se refugió en su autoridad, sino que salió a confrontar los problemas con determinación”, explica Ryan Denison, experto en historia de la Iglesia. Esa misma actitud es la que, según sus allegados, inspira a León XIV.
Un nuevo León para tiempos inciertos
En su mensaje inicial desde el balcón de San Pedro, el nuevo papa habló de construir puentes, de paz, y de unidad, palabras que ya comienzan a perfilar su estilo de liderazgo. Si bien es estadounidense, su vínculo con América Latina ―particularmente con Perú, donde fue obispo durante años― lo sitúa como un pontífice global, atento tanto al norte como al sur.
Su elección del nombre León XIV es una declaración de principios. Invoca la teología firme de León I, la sensibilidad social de León XIII y el deseo de ser un pastor cercano en tiempos de incertidumbre digital, ecológica y migratoria.En medio de las transformaciones del siglo XXI, los “leones de Roma” vuelven a rugir desde el Vaticano.
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