Horacio Cárdenas Zardoni
Corría el sexenio de Rogelio Montemayor Seguy, y para no variar, el agua escaseaba en varias regiones del árido estado de Coahuila. De entre las cosas que se le ocurrió hacer a la administración estatal en aquellas circunstancias, fue lo del bombardeo de las nubes, me acuerdo que se destinó un millón de pesos, que en ese tiempo era una suma respetable, para contratar un avión que bombardeara las nubes, a ver si con el nitrato de plata que supuestamente les echaron encima, tenían la gentileza de llover, y sí, parece que lo hicieron, pero no donde uno lo deseaba, y ni siquiera en los límites del estado, la anécdota se completa con que parte del recurso invertido en ese peregrino programa lo aportó generosamente Altos Hornos de México, ¡qué útil hubiera sido ese dinero, más sus intereses y dividendos luego de aplicarlo correctamente, a la liquidación de la niña de los ojos de Alonso Ancira!, aunque no dudaría que el millón se fue directo a los aviones de este fulano, y el nitrato era la ceniza de sus tabacos que tiraba desde la ventanilla.
Pero eso no fue todo, quien sabe porqué razón incomprensible, fueron a contratar algunos especialistas en obtención de agua a Eslovaquia… Eslovaquia o Eslovenia, para el caso es lo mismo, pues la gran idea que aportaron luego de haberse gastado una buena tajada del presupuesto estatal y que los funcionarios de gobierno acudieran a aquel lejano país a turistear y apurarlos con sus conclusiones, fue que la cosa estaba fácil: desviar el curso del Río Bravo, o bueno, entubar una parte del caudal, que corriera paralelo a la Carretera 57, y que fuera dejando agua a lo largo de todas las poblaciones y campos agrícolas y pecuarios, hasta llegar con un montón de litros por segundo hasta Saltillo… ni checaron distancias ¿qué son 400 kilómetros en línea recta?, ni checaron pendientes ¿qué son mil doscientos metros de subida?, ni mucho menos el tratado de límites y aguas entre México y Estados Unidos, que condiciona el uso del líquido por parte de nuestro país, pero ellos cumplieron, entregaron su legajo elegantemente encuadernado, que todavía ha de andar por allí rodando para regocijo de los historiadores de la cosa pública.
Bueno, pues un proyecto tan ambicioso y técnica y económicamente complicado es el que se está manejando desde hace años para traer agua del río más importante de la región norte del país, a los siempre sedientos estados fronterizos, nos referimos a lo que en algún momento se denominó, como proyecto, Acueducto Pánuco Monterrey. Todavía hace unos ocho años se daba por hecho que se estaba trabajando de firme en la intención de derivar parte del agua del río que divide Tamaulipas y Veracruz, para traerla al norte, que para no variar, en ese momento vivía una de sus tantos períodos de sequía.
Había los que favorecían el proyecto, había quienes se oponían, y en medio estaba el gobierno, no mediando, sino observando si le iba a tocar apoquinar muchísimo dinero para la construcción y para la indemnización de aquellos que pudieran verse afectados. Luego de mucha discusión, y que finalmente llovió lo suficiente para medio llenar las presas, se tomó la decisión de cancelarlo, no el proyecto del que no se había dado ni la primera palada, sino la idea.
Bueno, pues ahora que los Estados Unidos se ha puesto durísimo con que les paguemos el agua que nos corresponde dentro del tratado aquel, vuelve a surgir, por enésima ocasión, la idea de desviar el Pánuco para acá, o no tan acá, a Monterrey. La vez pasada sí estábamos incluidos en la polla, ahora de plano ni siquiera, es un asunto local de los vecinos. Vaya usted a saber si en esta ocasión sí se hace, o de nuevo se queda pendiente, para revivir dentro de otros tantos años…
Pero acá en Coahuila también tenemos nuestra colección de proyectos pospuestos. No tiene menos de cuarenta años que escuchamos por primera ocasión la gran idea de darle a la capital del estado de Coahuila un diseño moderno, como el que ya se había probado en algunas otras ciudades del país, y por supuesto de los Estados Unidos, de donde me parece vino la idea, se trataba de planear Saltillo, y su zona conurbada, en forma de círculos concéntricos, cada vez más amplios. Se trataba de ir haciendo circuitos o periféricos, cada uno de los cuales no solamente serviría para los obvios efectos de circulación de vehículos, sino para ir creando polos de desarrollo a lo largo de las vialidades, que, con la consiguiente dispersión, evitaría la concentración de vehículos y el congestionamiento, hasta problemas de contaminación se evitan de esa manera. Todo muy correcto y muy sensato, el problema es que este modelo de desarrollo es caro, por más que pague con creces, pero en el mediano plazo.
En Saltillo se hizo un periférico que nunca se acabó de completar, además de que pasaba por en medio de la mancha urbana y no alrededor, bueno, a lo mejor cuando se planeó pasaba por los límites, oh vaya usted a saber, siempre hay intereses no del todo claros en esas decisiones. Pero había la idea de que el antiguo Camino del Agua, luego rebautizado como libramiento Óscar Flores Tapia se continuara al pie de la Sierra de Zapalinamé, paralelo a la llamada línea de pozos, y que se continuara hasta ir a dar a la carretera Saltillo Zacatecas. Le digo, este proyecto tiene no menos de cuarenta años, es anterior a Mirasierra y todos los fraccionamientos que fueron creándose a la vera de la carretera 57, y que de haberse realizado en aquel momento habría constituido un equilibrio con esta vía por la que circula prácticamente todo el tráfico del oriente de la ciudad, en compañía, claro, del tráfico foráneo de carga.
Nunca se hizo, y ahora que el ayuntamiento se plantea la posibilidad de realizar grandes obras viales, lo sacan de nuevo a relucir, tarde, tardísimo, pero ponga que sea útil, o lo sería si lo hicieran, porque como es más que obvio, no hay dinero para una obra de tal envergadura. Lo van a traer por un tiempo, para arriba y para abajo, lo van a evaluar, van a pedir opiniones, y a la hora de financiar… allí murió el asunto. Que es exactamente lo que ha sucedido antes. Bueno, pues por ahí va la cosa, soñar no cuesta nada, y si mientras cobra uno un salario como gobernante, pues que padre, tener a la gente con la cabeza en las nubes.
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