ENRIQUE ABASOLO
La última perorata matinal de nuestro orate mandatario volvió a marcar una diferencia entre dos segmentos de la sociedad que no tendrían por qué antagonizar y sin embargo, pareciera ser el sueño más húmedo y acariciado del Ganso-Pejelagarto, que dichos segmentos se mirasen mutuamente con desconfianza primero, con inquina después, con franco odio y al final con ganas de sacarse los ojos.
De acuerdo con su lectura e interpretación de la realidad, los pocos resultados adversos que obtuvo de la pasada elección, son imputables a los votantes con mayor nivel de estudios, licenciaturas y postgrados.
Si siempre ha hecho apología de la pobreza, aduciendo que la virtud sólo puede encontrarse en la austeridad, esta vez emprendió contra la ilustración, el estudio y el academicismo.
De acuerdo con el cotonete vacilador, la parte mejor preparada de la población es ambiciosa y “aspiracionista”, con lo que quiso decir que es gente con ambiciones, lo que estimo yo muy legítimo.
Pero la ambición es mal vista por quien predica -de forma literal y dudosamente en son de broma- que un solo par de zapatos es todo lo que un ciudadano necesita y el desear otro par ya es síntoma de malsana codicia.
En este aspecto al menos hay que reconocerle a AMLO que es totalmente congruente, ya que no muestra ningún empacho en calzarse sus Flexi modelo escolar a la hora de recibir la visita de la “Presidente” de los EEUU, ‘Kabala’ Harris.
El caso es que, si hablamos de personas que buscan superarse, destacar y triunfar a toda costa, son por consiguiente enemigos de la transformación de México y detractores del Presidente y de todo lo que él representa. Ya si usted puede establecer la correlación entre la causa y el supuesto efecto que AMLO atribuye, lo invito si es tan amable a que nos lo explique a todos los demás.
¡Qué duro debe ser chairo… O amlover, o lopezombi o como guste llamarle al ‘fandom’ de su Alteza Macuspanísima! Debe ser muy difícil tratar de reorganizar el deshilvanado pensamiento de su líder y darle un giro que no lo haga quedar como un zopenco y no obstante, hay que buscar esta interpretación debajo de una cabeza olmeca si es necesario, que de encontrarla es desde luego la única posible, la que de primera intención buscaba comunicar el ungido. Es sólo que la prensa maliciosa al servicio de los neoliberales, fifíes y conservadores lo tergiversa todo.
Supongo que esta reciente y desafortunada declaración podríamos los coahuilenses tomárnosla a manera de cumplido. Dado que la 4T no ha prosperado en estas áridas tierras, sería a consecuencia de tener aspiraciones, ambiciones y ganas de triunfar, además de contar en promedio con mejores credenciales académicas que en otras latitudes donde el lopezobradorismo ‘rules’.
Así como lo plantea el presidente, hasta bonito se siente, ¡qué caray! ¡Hombre, don Andrés, gracias! ¿Qué se toma?
Claro, realmente no es como que tampoco podamos presumir los coahuilenses de algo o de nada, desde que nos resistimos a soltar al viejo régimen y, como trataba de explicar en una anterior entrega, parece que hemos hecho perfecta simbiosis con él.
Aun así, no deja de ser un masaje para el ego que el propio Andrés Manuel establezca que sus malquerientes están mejor preparados y son gente más tenaz y luchona que toda su hinchada de codependientes.
Si el calendario electoral no se trastorna por un inesperado evento, en Coahuila habremos de renovar gubernatura un año antes de que se celebre la elección presidencial.
Quedan aproximadamente dos años y no existe una sola personalidad bajo la divisa del partido oficial, MORENA, que suene como posible contendiente y lo que es más: No hay tiempo suficiente para posicionar a nadie para esta empresa. Por si fuera poco, ni ‘el centro’ ni el morenismo local exhiben el menor interés en trabajar esto.
En tres años de Cuarta Transformación, MORENA Saltillo ni siquiera tenía un candidato presentable para la Alcaldía, y por ello Armando Guadiana tuvo que venir a jugar la farsa de pelear por la Presidencia Municipal, cuando la verdad es que pocas cosas le tenían al senador tan sin cuidado.
Pasa, como ya he dicho antes, que Coahuila tiene una enorme extensión territorial con una densidad poblacional baja en consecuencia. De allí que requiere una gran cantidad de esfuerzo y de dinero cosechar aquí un voto. Y si además hay que convencerlos, mejor olvídelo. Es mejor hacer campaña en cualquier zona delegacional de la CDMX.
Un improbable escenario sería que un priista despechado decidiera contender por el partido del Presidente.
Pero no funciona así. La sinergia candidatos-partidazo en Coahuila impide a su activos salirse a contender por la libre. Ni siquiera el otro demagogo, el pillastre bailarín, Huberto Moreira, logró una diputación plurinominal desde el partiducho que creo con ese solo propósito.
Así que el escenario político para Coahuila se ve inalterado, intacto, al menos para otro sexenio más y con éste, nuestra reputación de gente con ambiciones… al menos en la imaginación que puebla esa blanca cabecita que despacha desde Palacio Nacional.
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