Por Horacio Cárdenas Zardoni
Contaba un viejo periodista que al paso de los años, los reporteros se van haciendo mañosos, eso aparte de que van ganando una experiencia que les permite redactar las notas estando casi dormidos o en un estado etílico equivalente a la inconsciencia, y no por eso los trabajos que entregan dejan de tener una calidad como para que el lector, y hasta el editor piensen que están hechos con la debida seriedad. Decía aquel periodista que también los periodistas se van haciendo flojos, como a cualquier hijo de vecino comienza a dolerle esto o aquello, con la relativa ventaja de que nadie (al menos no todavía), supervisa o pasa lista de que realmente estuvo presente en el sitio y en el evento del que trae un flamante reportaje. Le llamaba hacer asado de conejo sin conejo… y no es difícil imaginar que se refiere a presentar una nota con pelos y señales, con detalles, con entrevista, con todos los elementos, sin haber estado allí, y eso se logra precisamente cuando se tiene la experiencia de haber redactado diez, cien, quizá doscientas notas sobre el mismo tema a lo largo de las décadas, y también decía que solo muy de vez en cuando salta la liebre, y eso pasa cuando se suspende el evento y uno lo da por ocurrido, o cuando fue el toro el que dio mejor faena corneando al torero, pero eso pasa muy de vez en vez.
Esto viene a cuento porque el viernes pasado ocurrió uno de esos incidentes sobre los cuales uno ha redactado tres, cinco o tal vez hasta diez notas. Si uno es flojo, pero tiene su archivo al día, perfectamente podría desempolvarlas del disco duro de la computadora, y ya si todavía le corre con suficientes ganas la sangre reporteril, mejor construye una nota no sobre lo ocurrido en el Centro Integral de Manejo de Residuos Industriales la semana pasada, sino sobre el historial de hechos parecidos, allí mismo y en los otros varios negocios dedicados a lo mismo instalados aquí en el estado de Coahuila, lo que daría pie ya no a la notita de siete párrafos repetitivos con el mismo conejo tatemado, sino a la documentación de una tendencia, y a un análisis que haría no únicamente parar la oreja de que algo apestoso está ocurriendo, sino que lograría ponerle los pelos de punta a todos los ecologistas mexicanos y del planeta, que a lo mejor con toda la alharaca que se hiciera, hasta las autoridades estatales y federales pudieran salir de su estado de cómoda y semipermanente hibernación para decir que van a hacer algo, aunque no lo hagan.
La historia, como ya se lo sospechará, es la misma de siempre, las cosas transcurrían con el bucólico aburrimiento, por lo demás característico, de las instalaciones del CIMARI de Noria de la Sabina, en el municipio de General Cepeda, cuando de repente, y sin mediar una explicación aparente, se declaró un incendio. Y aquí es donde suelen ponerse interesantes las cosas, porque ¿cómo o con qué puede incendiarse un sitio en el que se almacenan sustancias que, al menos en teoría, son inertes, o se les da un tratamiento para que lo sean?, no se sabe y a pocos les importa, lo que sí importa es apagar el incendio lo más pronto posible, cosa que por supuesto, se hace diligentemente, no vaya nadie a salir luego con que hay negligencia de parte de la empresa, de los que siempre salen paganos, los empleados, o lo inmencionable, de parte de las autoridades a cargo de la supervisión y el control de una instalación de naturaleza peligrosa, y que por lo mismo debería ser permanentemente mantenida bajo el microscopio.
Era de tarde, y aunque había hecho calor en esa zona del semidesierto coahuilense, ya había empezado a bajar, así que no puede echársele la culpa a la temperatura que haya hecho gasificar lo que ya dijimos que debería ser material inerte, el sol también ya iba de bajada, así que tampoco se le puede echar la culpa al siempre útil efecto lupa, que ocasionara la ignición de algo que no debería estar al aire libre, pero que por casualidad se les hubiera quedado afuera, así que, la opción sacada de la manga, no solamente en esta clase de incidentes, sino en una gran cantidad, de una inmensa cantidad en México, en el mundo y en la galaxia, es de que se trató de un corto circuito…
Salvo su mejor opinión, y la de los ingenieros especialistas en manejo de interacción de químicos tóxicos y volátiles con fuentes de poder, yo no pondría iluminación, o tomas de corriente en espacios que serán utilizados solamente para confinamiento, y donde hasta un cable pelado es un gasto innecesario, a menos que… pero no, no pensemos en eso ¿cómo va a ser eso posible?, no impensable.
El caso es que ardió, y ya las investigaciones deben estar en proceso, claro que sí, con la cantidad, calidad y responsabilidad de los encargados de esas cosas, que además no tienen una carga de trabajo que los absorba o distraiga, ya estarán laborando en realizar el inventario de lo que se quemó: tantas toneladas de esto, tantas decenas toneladas de aquello, tantos cientos de toneladas de lo de más allá.
Pero además del inventario de lo que se perdió, y que así como somos de gachos, nadie va a extrañar… al contrario, deberían estar trabajando en el análisis del impacto en el ecosistema y en las poblaciones humanas de esos químicos tóxicos que por esas cosas de los incendios, fueron lanzadas a la atmósfera en grado de ceniza, y es que ni a los reporteros ni a los químicos nos va eso de que el fuego purifica, para nada, el fuego contamina, y si la quema no es perfecta, o aunque lo fuera, contamina más. ¿Cuáles son los efectos de la liberación de tantos más cuantos químicos liberados al ambiente? Pero además ¿cuáles son los efectos de la combinación de estos y aquellos químicos, sometidos a altas temperaturas, a su quema, en un reactor improvisado, con chimenea de salida del tamaño del techo de la bodega de almacenamiento?, no creemos que haya ni químicos, ni biólogos con la suficiente capacidad de predecir en perjuicio a la salud y al entorno, eso suponiendo que se les consultara, que no va a ocurrir, y ya entrando en la materia que nos interesa a todos los coahuilenses de ahorita y los que vengan en las siguientes tres o cuatro generaciones ¿qué acciones para la remediación del medio ambiente inmediato y mediato se están tomando con carácter de urgente para contener los tóxicos volatilizados, antes que sigan dispersándose por el semidesierto, eso antes de alcanzar los centros urbanos de Parras, General Cepeda y Saltillo?
A veces quisiéramos escribir de cosas sin importancia, hacer asado de conejo sin conejo, pero no, aquí sí hay conejo, y es terriblemente importante, por más que a pocos les interese lo ocurrido, y que por cierto ¿se ha fijado la gran frecuencia con que ocurren incendios en los CIMARIS?, qué raro que a nadie le parezca sospechoso lo reiterado de los incendios, y todavía más raro que a nadie le hayan quitado la licencia de operación, o lo hayan multado, o le hayan exigido remediar, pero no, esta es una nota de interiores que a pocos o nadie interesa.
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