Por Enrique Abasolo
Supe de buena fuente que Carlos Loret, cuando la tragedia de Pasta de Conchos, vino a hacer turismo a Coahuila, se alojaba en el mejor hospedaje disponible, dormía bien y comía mejor. Por la mañana se despertaba, eso sí, muy temprano y, a diferencia de lo que dicta la lógica, en vez de acicalarse para verse pulcro, se desaliñaba para lucir desastrado frente a la cámara.
Así daba la impresión de haber pernoctado haciendo guardia en el campamento donde las familias de los mineros aguardaban por un milagro o cualquier noticia esperanzadora.
De manera que tampoco me he tragado mucho el cuento del Loret corresponsal de guerra y ahora que nos está dando desde Ucrania la cobertura del conflicto en vivo y en directo, tengo muchos empachos que interponer antes de quemarle incienso como prócer del periodismo.
No sé si lo esté haciendo bien y valientemente, sólo creo que si me quiero enterar de algunos detalles del Fin del Mundo buscaré otras plumas, otras fuentes, otros medios.
Uno de los peores espectáculos noticiosos me lo otorgó cuando entrevistó a una señora casi comatosa, que había sufrido un percance terrible que fue captado en video (le cayó encima un anuncio espectacular). Como el video era potencialmente viral, Loret consideró que ello ameritaba ir a molestar a la mujer hasta la cama del hospital donde apenas podía articular palabra, no obstante, el comunicador estaba lo que se dice “ahuevado” a sacarle una declaración sensacional o sensacionalista.
Bautizado como “Lord Montaje”, es un mote que se ganó a pulso luego de haber manipulado la presentación “en vivo” de las detenciones en el caso de Florance Cassez, entre otras linduras como el escándalo del Colegio Rebsamen
Loret jamás me ha caído bien, su sangre me resulta pesada, su estilo insoportablemente socarrón; seductor, pero en un mal sentido de la palabra. Sencillamente no lo compro.
Loret es un reportero que me da pena ajena y por el cuál no metería, ya no las manos en el fuego, ni un dedito en agua tibia siquiera.
Y no olvidemos además que era la cara matinal de Televisa, el consorcio comunicativo del Viejo Régimen y ello por sí solo implica demasiados conflictos de intereses y la participación devota en una serie de sistemáticas mentiras y faltas a la ética periodística, inherentes a dicha empresa.
Creo que Loret es todo lo que no hay que ser si se quiere ser un periodista serio, lo que, desde luego, no se contrapone al hecho de que sea exitoso, si entendemos por éxito una larga carrera en la que se posiciona como uno de los comunicadores más reconocidos del país, lo que a su vez debe traducirse en contratos millonarios, además de colocarse al día de hoy como uno de los adversarios más notables y de mayor consideración al poder.
Pero muy independientemente de todo lo anterior, de que me guste o no, debo de analizar en cada caso la calidad de la información que ofrece. Y es que por más que deplore el código ético del señor Loret de Mola, ello no significa que sea un mentiroso de tiempo completo, aunque sus malquerientes que son por coincidencia los adoradores del presidente Andrés Manuel López, lo quieran presentar así.
Pero, por difícil que les resulte a algunos de aceptar, ningún embaucador lo es de tiempo completo.
De hecho, el arte de ser embaucador de ninguna manera significa mentir siempre y sobre todo, a todos y en toda circunstancia.
No, el arte del engaño está en balancear una delicada mezcla de verdades y mentiras. Las verdades sirven para apuntalar o disimular algunas mentiras estratégicamente colocadas.
Y dichas mentiras pueden no estar en los hechos, sino en su interpretación, en la jerarquización de la información; en las omisiones deliberadas; es decir, en cualquier estrategia de presentación que sirva para inducir y sesgar la lectura que hará el público.
Mentir siempre y a cada momento sería totalmente ineficaz. Un mentiroso a tiempo completo duraría dos días en el aire sepultado por su propia avalancha de mentiras. Los reclamos y aclaraciones no cesarían y simplemente no podría dar nueva información porque se necesita el sustento de los antecedentes que también serían mentira.
Las mentiras son más sutiles y se tienen que servir en una mesa de información totalmente verificable. El mito del periodista o el medio de comunicación que miente todo el tiempo es sólo eso, un mito. Por eso se recomienda siempre una lectura crítica de todos los medios informativos.
Menciono todo lo anterior, por si usted albergaba la esperanza de que los Guacamaya Leaks fuesen una de las mentiras de ese “Lord Montajes” mitológico creado como personaje antagónico en el show matinal de Andrés Manuel López y sus amigos (una especie de Chacal a lo Don Francisco).
No, los Guacamaya Leaks son tan reales que el propio presidente los reconoce como filtraciones auténticas (desde luego, minimizando la gravedad del asunto). Y le aseguro que lo mejor de estas filtraciones todavía está por llegar, digo, por si no le parece suficientemente grave que sea el Ejército el que parece estar dictándole la agenda al Ejecutivo, tanto en asuntos de seguridad e impartición de justicia, como en temas de desarrollo e infraestructura.
Andrés no tiene control de nada y el Estado Mexicano está en manos de una élite militar que ahora, sin que nos diésemos cuenta, rige nuestro destino.
No importa que se haya enterado de un comunicador ladino, no por ser Loret, es para desestimarse todo lo que diga y por desgracia, una terrible noticia como lo es la militarización no de la seguridad pública, sino de todo el Estado Mexicano, es por desgracia verdad.
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ERROR, ESTÁ HA MANOS DEL QUINTO PODER, EL NARCO!!