Redacción Más / IA (Chilpancingo, Guerrero, 16/02/24).- Los grupos delictivos que se disputan Chilpancingo, Guerrero, Los Tlacos y Los Ardillos, han acordado una tregua de paz en el municipio, tras un diálogo iniciado por el sacerdote José Filiberto Velázquez, director del Centro de Derechos Humanos Minerva Bello.
Según Velázquez, los líderes de Los Tlacos y Los Ardillos, incluyendo a Celso Ortega, acordaron un pacto de no agresión y respeto de “sus negocios” durante un diálogo en Chilpancingo.
El sacerdote aclaró que él y el centro de derechos humanos están al margen de las negociaciones y que únicamente propician el diálogo. Según él, la tregua de paz durará lo que los grupos criminales estén dispuestos a respetarse.
Sobre este acuerdo, el obispo emérito de Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, dijo que es mérito de ambos grupos del crimen organizado de Guerrero porque ellos decidieron pactar esa tregua y que es “un buen ejemplo” para que otras organizaciones lleguen a acuerdos parecidos.
Sin embargo, el diálogo iniciado por Velázquez es diferente al diálogo que tuvieron los cuatro obispos de Guerrero con líderes de los grupos delictivos Los Tlacos y La Familia Michoacana, donde no hubo acuerdos.
José de Jesús González Hernández, obispo de la Diócesis Chilpancingo-Chilapa, reveló que los obispos se reunieron con dichos líderes criminales para buscar la paz en la entidad pero no se logró porque “pedían una tregua con sus condiciones” y esto no fue de “agrado” para algunos de los participantes.
Guerrero atraviesa una crisis de violencia e inseguridad con constantes enfrentamientos, ataques armados, homicidios y desapariciones. Ya van tres semanas desde que comenzaron las agresiones contra transportistas de Taxco y Acapulco, donde vehículos han sido incendiados, choferes asesinados y el servicio ha tenido que ser suspendido, lo cual se ha extendido a otros municipios.
Estos eventos subrayan la necesidad urgente de abordar la violencia y la inseguridad en Guerrero y en todo México. La tregua entre Los Tlacos y Los Ardillos es un paso positivo, pero aún queda mucho por hacer para garantizar la paz y la seguridad en la región.
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