Donald Trump admitió por primera vez haber autorizado operaciones encubiertas en territorio venezolano, reactivando el debate sobre la intervención estadounidense en América Latina. La revelación implica el uso de “hallazgos presidenciales”, que permiten al mandatario ordenar acciones secretas sin aprobación del Congreso
Redacción Más
En un hecho poco habitual, el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció públicamente que autorizó operaciones encubiertas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en Venezuela, lo que reavivó el debate sobre el alcance de la intervención estadounidense en América Latina y abrió la puerta a una posible escalada de acciones clandestinas en contra del gobierno de Nicolás Maduro.
Según reveló BBC, la declaración de Trump implica el uso de los denominados “hallazgos presidenciales”, un instrumento legal que permite al mandatario estadounidense autorizar operaciones secretas en el extranjero sin necesidad de aprobación del Congreso. Estas medidas se justifican con el argumento de que son necesarias para respaldar objetivos clave de política exterior y de seguridad nacional, aunque su contenido suele mantenerse clasificado incluso para los altos mandos legislativos.
En la práctica, estas autorizaciones pueden incluir desde campañas de desinformación, apoyo a grupos armados, sabotaje, hasta ataques selectivos con drones contra objetivos considerados “amenazas”, como narcotraficantes o estructuras de poder hostiles.
Expertos consultados por BBC advierten que estos operativos podrían tener como blanco tanto al crimen organizado, como al propio aparato político-militar venezolano. El mismo Trump, durante la semana, justificó sus acciones alegando que grandes cantidades de droga fluyen desde Venezuela hacia Estados Unidos, lo que, en su opinión, amerita acciones contundentes.
La CIA ha estado implicada históricamente en numerosos episodios de intervención directa en América Latina. En el siglo XX, hallazgos presidenciales permitieron su participación en el derrocamiento de gobiernos en Guatemala (1954), Chile (1973) y Nicaragua (décadas de los 80), bajo el pretexto de contener la expansión del comunismo. En muchos de estos casos, los regímenes que reemplazaron a los gobiernos intervenidos incurrieron en violaciones sistemáticas a los derechos humanos.

El exagente de la CIA Mick Mulroy explicó a BBC que realmente no hay limitaciones para lo que el presidente puede autorizar a través de un hallazgo presidencial. “La autorización puede ser tan amplia o específica como el presidente desee. Y no necesita la aprobación del Congreso”, señaló. Aunque el Ejecutivo está obligado a informar a los comités de inteligencia del Senado y la Cámara de Representantes, estos no pueden bloquear directamente las acciones, salvo que legislen para prohibirlas o limiten su financiamiento.
De acuerdo con Marc Polymeropoulos, exfuncionario de la CIA con más de dos décadas de experiencia en misiones clandestinas, la metodología empleada durante la guerra global contra el terrorismo podría aplicarse ahora en Venezuela. Se refiere a la táctica de encontrar, fijar y eliminar, utilizada con éxito para abatir líderes de grupos extremistas. Según él, esta estrategia es viable contra redes criminales como el Tren de Aragua o el Cartel de los Soles, ambos señalados por Washington como organizaciones narcoterroristas con vínculos dentro del régimen de Maduro.
A pesar de estas señales, no está claro si la CIA ya ha comenzado operaciones activas en territorio venezolano, si se trata solo de un plan de contingencia o si se mantienen en fase de planificación. Lo cierto es que la posibilidad de una intervención encubierta vuelve a poner sobre la mesa la tensión permanente entre Estados Unidos y Venezuela, especialmente bajo el argumento de lucha contra el narcotráfico.
Dexter Ingram, exdirector del Departamento de Estado para la lucha contra el extremismo violento, recordó que este tipo de acciones tienen antecedentes problemáticos: “No tenemos un récord muy admirable. Es una pendiente resbaladiza”. En efecto, muchas de las intervenciones encubiertas promovidas desde Washington durante el siglo pasado, aunque justificadas como necesarias, terminaron desestabilizando países enteros y sembrando largos periodos de violencia interna.
La revelación de Trump podría tener consecuencias tanto en el plano interno como internacional. Mientras en Estados Unidos podría generar divisiones políticas, en América Latina, especialmente en Venezuela, aumenta el riesgo de que resurjan viejos fantasmas de intervención extranjera. Para el gobierno de Maduro, esta confirmación no es nueva, pero sí ofrece una base para reforzar su narrativa de agresión imperialista, justo en momentos en que el país vive una compleja crisis económica y social. Con la historia reciente como advertencia, el espectro de una operación encubierta en Venezuela vuelve a instalarse en el escenario geopolítico regional. Y aunque oficialmente aún no se ha confirmado ninguna acción específica, los antecedentes dejan claro que, cuando se trata de la CIA, lo no dicho suele ser lo más peligroso.
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Será que México necesite a la Cia para desenmascarar todo lo del huachicol y las cabezas principales que lo ordeñaron perdón que lo están ordeñando.