Horacio Cárdenas Zardoni
Del árbol caído todos hacen leña, dice el viejo dicho popular, y en este caso, fueron muchos los que hicieron leña del árbol caído Mario Delgado, todavía al momento de teclear esta nota, secretario de educación pública del gobierno federal.
Seguro que Mario Delgado ha cosechado más enemigos que amigos a lo largo de su carrera política, la gran mayoría de sus malquerientes están en MORENA, el partido que dirigió durante buena parte del sexenio pasado, y a quien en teoría, le debe el triunfo en las urnas Claudia Sheinbaum Pardo para ser presidenta de México. Pero entre amigos y enemigos, hay una categoría que se cuece aparte, aquellos que, sin ser subordinados, no le tienen particular simpatía ni mucho menos cariño, pero tienen que entenderse con él en su calidad de cabeza del sector educativo.
Caray, yo no sabía que existía un cuerpo, un organismo, una entidad que agrupaba a los secretarios de educación de los estados, y que funciona como enlace entre la autoridad educativa federal y las estatales. Tiene sentido, burocracia siempre ha habido para aventar para arriba, y la educativa no podía ser la excepción. Como la mayoría de los mexicanos, nos enteramos que existía porque fue a lo que apeló Mario Delgado a la hora que le comenzó a llegar la lumbre a los aparejos, luego de su decisión unilateral de recortar cinco o siete semanas del ciclo escolar 2025-2026. Que se reuniría con los secretarios de educación de los 32 estados, y que de esa reunión saldría la decisión final sobre el asunto, lo cual no fue más que una salida ‘política’ a un asunto que ya estaba resuelto, Delgado, aunque no le guste, es subordinado de la presidenta Sheinbaum y si ella dijo que se queda como estaba, se queda como estaba, diga el secretario federal y los de los estados lo que les venga en gana.
Que si discutieron, que si negociaron, que si se escucharon mutuamente, es todo irrelevante. Así como que todos se pusieran de acuerdo para apoyar a Delgado, no sucedió. Si a esas vamos, yo creo que ni los secretarios de los estados gobernados por MORENA le tienen el menor respeto a Delgado. Pero bueno, en torno a este asunto no hubo democracia, no votación, se hizo lo que ordenó Sheinbaum, lo cual no significa que cada uno de los presentes a aquella reunión, no hubiera aprovechado para sacar tajada política, y llevar agua a su molino.
Caso concreto el del secretario de educación de Coahuila Emanuel Garza Fishburn, quien para pronto se apunto como parte de los que se dicen satisfechos de que el plan de estudios haya quedado como estaba establecido. Aunque el hubiera no existe, sería curioso saber qué hubiera dicho en el caso de que la decisión presidencial hubiera sido la misma de Mario Delgado ¿la hubiera armado de tos, hubiera presentado su renuncia, se hubiera declarado en rebeldía como supuestamente lo hizo Riquelme con el asunto aquel de los libros de texto gratuitos?, no lo creo.
La gestión de Garza Fishburn se ha caracterizado por llevar la fiesta en paz, por no tener enfrentamientos, no complicarse la vida ni complicársela a su patrón el gobernador Manolo Jiménez. Pero de todo lo que dijo el secretario de educación, colgándose la medallita de ser de los artífices de que la SEP federal haya doblado las manos, es lo que dijo de que lo importante era, por sobre todas las cosas, continuar con el calendario escolar como estaba previsto. ¿De cuándo acá se ha dado esa defensa a ultranza de algo tan poco relevante, para los burócratas, como lo es el calendario escolar?
Para empezar, Coahuila es de los estados que se alinean por lo bajo. Lo que en algún momento se consideró como una innovación, como una acción con fuerte impacto en la calidad de la educación pública, el calendario escolar de 200 días efectivos de clase, en la entidad lo que les importa, además así está por ley, es que sean 185 días, tres semanas de lunes a viernes.
Pero además en esto Mario Delgado tenía y tiene razón, después del 15 de junio las escuelas se convierten en guarderías, no se enseña nada a los alumnos, y eso ocurre porque la Secretaría de Educación exige que los profesores y las escuelas entreguen las calificaciones de sus alumnos, y con todo lo que dizque innovaron con las sucesivas reformas educativas, esto quedó inamovible: lo que no se califica es como si no se hubiera impartido, entonces no imparten nada los profesores, y los alumnos encantados de estar jugando juegos de mesa o viendo películas.
¿Pero habrán oído Mario Delgado y Emanuel hablar de la Ley de Parkinson, aquella que dice que el tiempo para completar una tarea se dilata hasta abarcar todo el tiempo disponible para ello? Se me ocurre que pocas cosas hubieran agradado a millones de niños que el sistema doblara el esfuerzo durante las semanas restantes hasta acabar con el plan de estudios en forma, ya que no en fecha. ¿Se podía?, se puede para todos los campos en que se aplica la citada Ley, y con el aliciente de flojear, les guste o no les guste el futbol, habría valido la pena como experimento, pero claro, lo que es la educación experimental no es algo que se le de muy bien ni a la SEP federal, mucho menos a la estatal, que no encuentra siquiera la manera de que en la Secundaria Margarita Maza de Juárez apaguen la luz de los salones, que permanece prendida de día y de noche, los 365 días del año. Si con eso no pueden, con lo demás…
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