Por Horacio Cárdenas Zardoni
La verdad de las cosas es que muchos de nosotros esperábamos más de la gestión de Esther Quintana Salinas en la Secretaría de Cultura del gobierno del estado. Ella que siempre fue tan aguerrida en las lides políticas en las que se movió, a la hora que se sienta detrás de un escritorio de gobierno, uno más o menos suntuoso, se dedique a lo mismo que sus predecesores, administrar la falta de recursos económicos.
Ni modo, es nuestro karma, de aquellos sexenios en que a Coahuila lo administraban economistas, en los que las finanzas estatales se mantenían dentro de lo correcto, contablemente hablando, recordamos que Enrique Martínez presumía de no haber dejado ni un centavo de deuda, Eliseo lo dejó todo razonablemente en orden, y aun el que dieron en llamar el sexenio de los buenos tiempos, el de Rogelio Montemayor, aunque faltara dinero para las grandes obras y proyectos, no se cayó en la tentación del endeudamiento más allá de lo manejable.
Todo fue que llegaran al poder políticos ‘políticos’, para que la administración y la contabilidad se fueran por el drenaje, que no hubiera dinero para nada, en cantidad suficiente, sino apenas para que nadie diga que se han suspendido funciones de gobierno, y los funcionarios públicos se centraran en lo que dijimos al principio, a administrar la astringencia presupuestal.
Hasta en los libros de texto de administración definen esta como la mejor manera de aplicar los recursos escasos. Y es que en este país, no sé en otros, los recursos son siempre escasos, muy por debajo de lo que se necesitaría para atender y resolver los problemas actuales de la sociedad, y ni hablar de los problemas futuros, que esos, por política, siempre se los dejan para el que venga atrás, quien se encontrará con la misma situación, pero multiplicada, cada vez menos recursos y problemas cada vez más grandes, por eso resulta hasta entendible esa actitud de pasmo de los burócratas, que cuando eran políticos eran todo crítica, entusiasmo y promesas de lo que harían nomás llegando al poder.
Nos ha llamado la atención una actitud, si no es que una estrategia, de la Secretaría de Cultura, que, esto sí con un cierto estilito panista y empresarial, tomaron la decisión de que los eventos culturales ya no fueran gratuitos, sino que se cobrara por el acceso a ellos. ¿Qué le podemos decir al respecto?, bueno, es cierto hasta cierto punto lo que dicen los funcionarios de la secretaría de cultura, de que mucha gente no valora lo que no le cuesta.
Esto se aplica mucho a lo del agua potable, la desperdiciamos porque nos sale muy barata, en el momento en el que una pipa nos cobra 700 pesos por llenar un tinaco, entonces la empezamos a tratar como si fuera de oro. Pero en Coahuila, concretamente en Saltillo ya se vivió una situación parecida, con pésimos resultados, que nadie pareció tomar en cuenta a la hora de fijar esta nueva estrategia económico/cultural. Si alguien quiere tomarse la molestia de recordar el principio de la administración de Rubén Moreira Valdés, y recién estallada la bomba de la filial megadeuda, en aquel ‘en este sexenio se sonríe’, a alguno de sus creativos cráneos se le ocurrió la brillante idea de que deberían cobrar por la entrada a los parques públicos, por lo menos a aquellos que tuvieran reja. Muy orondo anunció el secretario de finanzas de aquel gobierno que ahora se pagaría por entrar a los parques…
¿y qué cree que pasó?, que los parques, las unidades deportivas, todos aquellos espacios que eran, si no la delicia, por lo menos un sitio de diversión de amplios sectores de población, desde niños y jóvenes que se iban de pinta, parejitas, adultos mayores, gente que cuidaba su salud, se vaciaron… Y es que, en efecto, la gente iba a esos sitios porque eran gratis, a la hora que les imponen una cuota, quienes no tenían los cinco pesos, dejaron de acercarse siquiera, y los que aun teniéndolos, hicieron un principio el no pagar por algo que de toda la vida había sido gratis, ¿porqué, para abonar a una megadeuda de la que no vieron un centavo?, a la goma ustedes y sus parques. Tan mal les fue en el negocio, que, al mes, ya habían quitado la tarifa, los parques volvieron a ser gratuitos, pero el perjuicio estaba hecho, los saltillenses no regresaron a los parques, que desde entonces lucen semivacíos, a cualquier hora del día, y aun los fines de semana.
¿Qué la gente no valora lo que es gratis?, cuando el gobierno ha traído grupos de los que más le gustan a la raza, el Grupo Pesado, los Tigres del Norte, la Banda el Recodo, ¿qué sé yo?, muchos, la plaza de armas, el parque las Maravillas, la cantinota de Chema Fraustro en bulevar Carranza, les han quedado chicas, y si les ponen el doble de espacio, de todos modos, se llenan a reventar… y son gratis. En cambio, sigan ofreciendo lo que los refinados gustos de los burócratas consideran cultura, y seguirán vacíos o con asistencia mínima, cobren o no cobren.
Más nos parece que ya se desesperaron de que no haya presupuesto para contratar grupos, artistas, eventos, y andan justificando a como les dice su leal saber y entender, que al menos en este caso, no nos parece el correcto. En fin, ya veremos si sí pega, que la gente, aun los más pobres, van felices a ofrecerle a la SC sus cincuenta pesos por una entrada a la muestra de cine, al concierto de esto o aquello, o les pasa como con los parques a Rubén, que a los pocos que iban, les quitaron las ganas, a veces para siempre.
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