Menlo Park, California, 31/07/26 (Más).- Los nuevos modelos de gafas inteligentes de Meta, equipados con cámaras integradas y funciones de inteligencia artificial, enfrentan una creciente ola de cuestionamientos por preocupaciones relacionadas con la privacidad y el uso indebido de la tecnología.
El lanzamiento internacional de estos dispositivos ha estado acompañado por campañas de activistas y un aumento de las críticas en redes sociales sobre los riesgos de grabar a terceros sin su consentimiento.
De acuerdo con información de El País, el grupo activista Everyone Hates Elon, con sede en Londres, emprendió una campaña para desacreditar el producto mediante anuncios y carteles que vinculan las gafas inteligentes con prácticas invasivas de vigilancia y conductas inapropiadas. Entre los mensajes difundidos destacan referencias a la supuesta facilidad con la que estos dispositivos podrían utilizarse para grabar personas sin autorización.
La controversia también alcanzó a Instagram, plataforma propiedad de Meta, que anunció nuevas medidas para limitar la difusión de videos captados con estas gafas cuando impliquen acoso a personas desconocidas. La restricción busca impedir la publicación de grabaciones realizadas de manera encubierta con fines de humillación o de contenido relacionado con interacciones personales sin consentimiento.
Meta sostuvo que las gafas incorporan un indicador luminoso tipo LED que parpadea cuando la cámara toma fotografías o videos, con el objetivo de advertir a quienes se encuentran alrededor que están siendo grabados. La empresa afirmó además que ese sistema no puede desactivarse y que, en caso de ser manipulado, la cámara deja de funcionar.
No obstante, investigadores especializados en privacidad tecnológica señalan que existen comunidades de usuarios que buscan mecanismos para ocultar o inutilizar dicho indicador. Joseph O’Hagan, investigador de la Universidad de Glasgow, indicó que Meta ha fortalecido las medidas para impedir estas modificaciones, aunque persisten intentos por vulnerar el sistema mediante alteraciones físicas al dispositivo.
Especialistas advierten que, aunque las gafas pueden tener aplicaciones legítimas, como registrar actividades cotidianas o facilitar funciones de accesibilidad, también generan inquietud por la posibilidad de grabar discretamente en espacios públicos o privados. Esta situación ha incrementado la percepción de que la tecnología podría facilitar conductas invasivas hacia otras personas.
Las preocupaciones aumentaron tras una investigación periodística realizada en Suecia, difundida a principios de este año, que reveló que parte del material captado por las gafas era revisado por personal de una empresa contratista en Kenia para procesos de entrenamiento y supervisión. Según ese reporte, entre los archivos analizados había imágenes de personas desnudas, escenas íntimas y datos personales visibles de manera accidental.
El debate también se intensificó por las declaraciones del director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, quien ha reiterado su visión de que las gafas inteligentes serán una pieza central para el desarrollo de asistentes personales basados en inteligencia artificial.
De acuerdo con esa proyección, estos dispositivos podrían registrar de forma continua información visual y sonora para ofrecer asistencia permanente al usuario.
Investigadores consideran que ese escenario plantea nuevos desafíos regulatorios, ya que el beneficio tecnológico recae principalmente en quien porta las gafas, mientras que las personas grabadas pueden desconocer que su imagen o conversaciones están siendo registradas. También advierten que funciones futuras, como el reconocimiento facial o el análisis emocional, podrían ampliar las implicaciones sobre privacidad y protección de datos.
Las ventas reflejan el interés comercial por esta tecnología. Solo durante 2025, Meta comercializó alrededor de siete millones de gafas inteligentes y mantiene su apuesta por ampliar la oferta con nuevos modelos y colaboraciones.
Sin embargo, expertos sostienen que el crecimiento del mercado deberá ir acompañado de regulaciones más específicas sobre el uso de cámaras y micrófonos incorporados en dispositivos portátiles, así como mecanismos que garanticen el consentimiento y la protección de terceros.
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