El crecimiento avanzó sobre zona natural mientras la planeación, vigilancia y participación ciudadana han sido insuficientes. El especialista Lorenzo López Barbosa plantea endurecer las restricciones a nuevos desarrollos
Por Leslie Zamora
Saltillo, Coahuila, 21/08/2026 (Más).- La ciudad de Saltillo le ha fallado a la Sierra de Zapalinamé al permitir que el crecimiento urbano avance sobre espacios que fueron concebidos para proteger sus ecosistemas, mientras la vigilancia ambiental, la planeación urbana y la participación ciudadana han resultado insuficientes para contener la presión sobre la montaña, consideró el ingeniero Lorenzo López Barbosa, uno de los especialistas que, en 1998, participaron en la elaboración del Plan de Manejo del Área Natural Protegida.
Para López Barbosa, el problema no puede atribuirse exclusivamente a una organización o dependencia, pues detrás de la pérdida de vegetación y del avance de los fraccionamientos existe una combinación de factores: modificaciones al decreto de protección, insuficiencia presupuestal, crecimiento acelerado de Saltillo, decisiones de desarrollo urbano y una sociedad que todavía no ha asumido plenamente que la conservación de la Sierra es indispensable para la propia ciudad.
“Yo creo que fue un error el haber modificado el decreto”, afirmó al recordar el cambio realizado en 2008, cuando se redujeron los límites del área natural protegida.
En su opinión, una política de conservación debería avanzar en sentido contrario, es decir, aumentar progresivamente las superficies protegidas y no reducirlas para permitir una mayor presión inmobiliaria.
El ingeniero participó en la elaboración del programa de manejo publicado en 1998, documento que estableció una zona de amortiguamiento alrededor de los sectores de mayor valor ambiental. Explicó que, en aquel momento, se buscó establecer una frontera que impidiera que la urbanización continuara avanzando hacia la sierra, particularmente a partir de la cota de los mil 800 metros sobre el nivel del mar.
“Cuando se hizo el programa de manejo en el 98, el primer lugar no teníamos todas las herramientas tecnológicas que hay ahora para poder diagnosticar y delimitar el territorio”, explicó. Aun con las limitaciones técnicas de aquella época, sostuvo que el objetivo era identificar las zonas de mayor importancia ecológica y establecer reglas que permitieran conservarlas.

El diseño original contemplaba una zona núcleo, donde se concentraban los ecosistemas de mayor valor, y una zona de amortiguamiento destinada a protegerla de las presiones externas. La segunda no debía entenderse como un espacio disponible para urbanizar, sino como una franja que permitiera conservar las condiciones naturales alrededor de las áreas más sensibles.
“La zona de amortiguamiento es donde de alguna forma se debe conservar el ecosistema para poder salvaguardar lo que es la zona núcleo”, explicó.
Sin embargo, el crecimiento de Saltillo terminó modificando ese equilibrio. Las investigaciones realizadas por MÄS a partir de imágenes satelitales muestran que desde finales de la década de los noventa comenzaron a aparecer trazos urbanos en sectores que posteriormente se convertirían en fraccionamientos como Las Teresitas. Durante las siguientes décadas, la urbanización continuó hacia las faldas de Zapalinamé hasta alcanzar sectores cercanos a los límites de protección.
El propio López Barbosa reconoció que Las Teresitas representó uno de los puntos de mayor presión urbana sobre la Sierra. Recordó que cuando se elaboró el programa de manejo ya podía advertirse que el crecimiento de la ciudad se dirigía hacia ese sector y que precisamente por ello se buscó establecer restricciones.
“Creo que ahí debió de haberse respetado”, sostuvo al referirse al avance de la urbanización sobre la zona de amortiguamiento.
La presión no terminó con los primeros desarrollos. Con el paso de los años aparecieron nuevos fraccionamientos y asentamientos en las inmediaciones de la montaña, mientras terrenos que anteriormente conservaban vegetación fueron desmontados para dar paso a calles, viviendas y vialidades.
De acuerdo con las investigaciones publicadas por este medio, el proceso alcanzó sectores como Nuevo Teresitas, Lomas del Refugio, Parajes de Santa Elena, Lomas del Sur y Cumbres Vista Residencial.
Para el especialista, una parte fundamental del problema se encuentra en la modificación de los límites de protección. A su juicio, aquella decisión alteró el equilibrio que se buscaba mantener cuando se diseñó el área natural protegida.
“Se supone que se hizo para conservar alguna forma de equilibrio, entonces al modificar esa parte, pues ya estamos rompiendo el equilibrio total del área”, señaló.
El impacto no se limita a la pérdida visual del paisaje: la eliminación de vegetación modifica la capacidad del suelo para absorber agua, reduce espacios para la fauna y aumenta la presión sobre recursos que ya enfrentan una demanda creciente por el crecimiento urbano.
La situación resulta particularmente delicada en una ciudad que depende de Zapalinamé para su abastecimiento de agua. López Barbosa advirtió que Saltillo se acerca a un escenario en el que el recurso podría dejar de ser suficiente para todos los habitantes.
“No vamos a tener agua, al menos para todos”, alertó. Recordó que la ciudad pasó de tener un suministro prácticamente continuo en numerosos sectores a enfrentar actualmente esquemas de tandeo en algunas zonas.

El deterioro de la Sierra también tiene consecuencias sobre la fauna. El ingeniero explicó que la desaparición de especies vegetales afecta a organismos que dependen de ellas para alimentarse y altera toda la cadena ecológica.
Entre las especies que, de acuerdo con sus observaciones, han disminuido en las zonas urbanizadas o próximas a ellas mencionó venados, zorros y gato montés. También señaló la reducción de la presencia de otras especies que anteriormente podían detectarse mediante huellas o avistamientos en sectores como Lomas de Lourdes.
“Se pierden muchas especies, no solo de cactáceas, pero también de especies arbustivas y que sobre todo son la fuente de alimentación de parte de la fauna”, explicó.
El deterioro del hábitat también está relacionado con la presencia cada vez más frecuente de osos en sectores urbanos. López Barbosa sostuvo que la expansión de la ciudad ha invadido espacios que anteriormente utilizaba la fauna y que la basura abandonada en las inmediaciones de la sierra funciona como una fuente de alimento para los animales.
“Primero nosotros invadimos su hábitat y segundo también, pues el hecho de poner a su disposición, por ejemplo, la basura, pues hace que ellos bajen”, señaló.
En este contexto, la responsabilidad de Protección de la Fauna Mexicana (Profauna), organización encargada de administrar el área, también fue abordada durante la entrevista. López Barbosa consideró que no sería correcto responsabilizar exclusivamente a la asociación por el deterioro de la Sierra, pues enfrenta limitaciones de personal y recursos para vigilar una superficie de alrededor de 57 mil hectáreas.
“Yo no culparía a Profauna propiamente. Yo creo que ellos están haciendo el esfuerzo con los recursos que tienen”, sostuvo.
Profauna es la organización civil encargada de la operación de la Reserva Natural Estatal Sierra de Zapalinamé, función que desempeña desde 1997 mediante acuerdos de colaboración con el Gobierno de Coahuila.
El especialista planteó que, en lugar de retirar a Profauna, sería necesario fortalecerla y sumar a otras organizaciones, instituciones y ciudadanos para ampliar la capacidad de vigilancia y conservación. Consideró que el voluntariado podría convertirse en una herramienta para atender algunas de las necesidades que actualmente rebasan al personal disponible.
También consideró necesario fortalecer las capacidades del propio Gobierno municipal de Saltillo. A su juicio, áreas como Ecología y Desarrollo Urbano requieren mayor respaldo para supervisar permisos, evitar desmontes y vigilar que los desarrollos inmobiliarios cumplan las disposiciones ambientales.
La presión sobre la Sierra de Zapalinamé tampoco desaparece aunque actualmente no existan solicitudes formales para nuevos fraccionamientos en la zona de amortiguamiento. La Dirección de Desarrollo Urbano de Saltillo ha reconocido que particulares continúan intentando lotificar, vender y ocupar terrenos sin contar con las autorizaciones correspondientes.
El problema, por tanto, no se limita a los desarrollos inmobiliarios autorizados en décadas anteriores pues también existe una presión informal sobre el territorio que puede provocar nuevas invasiones y asentamientos si las autoridades no mantienen una vigilancia permanente.
El alcalde Javier Díaz González ha señalado que su administración no permitirá nuevos desarrollos que pretendan rebasar las restricciones actuales y que la actualización del Plan Rector de Desarrollo Urbano deberá considerar la disponibilidad de agua, la zona de amortiguamiento de Zapalinamé y la cota de los mil 800 metros.
Pero para López Barbosa, la protección de la Sierra no puede depender únicamente de nuevas disposiciones gubernamentales ya que consideró que también es necesario modificar la manera en que la sociedad entiende su relación con la naturaleza.
“El gran problema es qué representa para nosotros la naturaleza”, planteó.
En su opinión, durante décadas se ha entendido el entorno natural como una fuente de recursos que puede ser utilizada para satisfacer las necesidades de vivienda, empleo, movilidad y crecimiento económico. Bajo esa lógica, la conservación termina colocándose al final de las prioridades.
El resultado, sostuvo, es una ciudad que continúa creciendo sobre ecosistemas que necesita para mantenerse.
La alternativa, planteó, consiste en cambiar el orden de las decisiones y colocar las condiciones ambientales como uno de los criterios principales para determinar hacia dónde puede expandirse Saltillo. Eso implicaría revisar los límites actuales, fortalecer la vigilancia, impedir nuevas construcciones en zonas de riesgo ambiental y aumentar la participación de los ciudadanos.
López Barbosa consideró viable revisar nuevamente los límites de protección y establecer reglas más estrictas para evitar que la urbanización continúe avanzando sobre la montaña.
“Yo creo que sí, habría que ser más estrictos en revisar bien los límites y sobre esos límites, pues ya prohibir cualquier tipo de fraccionamiento, de construcción”, afirmó.
El reto, sin embargo, no termina en impedir nuevos desarrollos, también será necesario atender los daños acumulados durante décadas, recuperar áreas degradadas, restaurar vegetación, ordenar los senderos y reducir problemas como la basura, las fogatas y otras actividades que afectan los ecosistemas.
El especialista consideró que Saltillo necesita construir una agenda ambiental común que involucre a colonias, escuelas, organizaciones, empresas y autoridades. La conservación, dijo, no puede quedar exclusivamente en manos de quienes administran el área natural protegida.
“Tenemos que repensar el papel que le queremos dar a la naturaleza como sociedad”, planteó.
Para López Barbosa, la presión ciudadana será indispensable para modificar las prioridades gubernamentales. Las autoridades tienen múltiples demandas relacionadas con seguridad, vivienda, transporte y empleo, pero si la sociedad no exige que la conservación forme parte de esas prioridades, difícilmente ocupará un lugar central en las decisiones públicas.
“Nosotros somos los que tenemos que exigir que la prioridad sea conservar los recursos naturales, conservar la naturaleza, no conservar nuestro paisaje”.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
