Madrid, España, 02/09/26 (Más).- Un estudio internacional identificó mil 260 variantes genéticas asociadas con los cinco principales rasgos de personalidad, un hallazgo que aporta nuevos datos sobre la influencia de la biología en la forma de comportarse de las personas, aunque los investigadores subrayan que la genética por sí sola no permite determinar la personalidad de un individuo.
De acuerdo con información dada a conocer por El País, el macroestudio publicado en la revista científica Nature analizó los datos de 1.14 millones de personas agrupadas en 46 cohortes para identificar variantes del ADN relacionadas con la extraversión, amabilidad, responsabilidad, neuroticismo y apertura a la experiencia, conocidos como los cinco grandes rasgos de personalidad o Big Five.
La investigación encontró que 824 de las mil 260 variantes identificadas no habían sido relacionadas anteriormente con la personalidad. Los resultados representan un incremento de entre tres y 43 veces en el número de asociaciones genéticas detectadas en estudios previos, dependiendo del rasgo analizado.
En conjunto, las variantes identificadas explican entre 4.8 y 9.3 por ciento de las diferencias observadas entre las personas en cada uno de los cinco rasgos. Esta proporción es considerablemente menor al rango de 40 a 60 por ciento de heredabilidad estimado por investigaciones clásicas realizadas con gemelos.
Los investigadores señalan que esta diferencia demuestra el peso que tienen los factores ambientales y las experiencias de vida en la formación de la personalidad. La comparación entre gemelos idénticos y mellizos había permitido establecer desde hace décadas que existe una influencia genética, pero hasta ahora había sido difícil determinar cuáles eran las variantes responsables.
Michel Nivard, profesor de Epidemiología Genética de la Universidad de Bristol y uno de los principales autores del estudio, destacó además que el ambiente familiar parece tener una influencia menor de la esperada en la personalidad. Al comparar hermanos y padres con sus hijos, los efectos genéticos se mantuvieron prácticamente similares a los observados en la población general.
Este resultado contrasta con lo que ocurre con otros factores sociales, como el nivel educativo. En ese ámbito, explicó Nivard, los genes pueden estar relacionados con determinados ambientes familiares, debido a que los padres con mayor nivel educativo suelen disponer de más recursos para favorecer la educación de sus hijos. Esa relación prácticamente no aparece en el caso de la personalidad.
El estudio tampoco encontró un denominado “gen de la personalidad”. Cada una de las variantes tiene un efecto muy pequeño sobre los rasgos analizados. La variante individual con mayor influencia identificada para la extraversión, por ejemplo, representa apenas la diferencia entre ubicarse en el percentil 50 de una población y el 50.35.
Los autores sostienen que incluso la combinación de numerosas variantes no permite predecir de manera confiable la personalidad de una persona específica. Los llamados índices genéticos pueden aportar información cuando se analizan grandes grupos de población, pero no funcionan como una herramienta para determinar cómo será un individuo.
En ese sentido, Nivard consideró que las pruebas de personalidad continúan siendo una herramienta mucho más fiable para conocer los rasgos de una persona. El investigador descartó que los avances actuales permitan anticipar la creación de una prueba genética capaz de establecer de manera precisa qué personalidad tendrá alguien.
La investigación también relacionó los perfiles genéticos con comportamientos observables. Las personas con una mayor predisposición genética hacia la apertura a la experiencia mostraron una tendencia a mudarse durante la mediana edad a zonas urbanas y cosmopolitas, mientras que quienes presentaban mayores características vinculadas con la responsabilidad tendían a trasladarse a áreas residenciales con mayores ingresos.
La apertura a la experiencia también apareció relacionada con una mayor actividad durante la noche, mientras que la responsabilidad se vinculó con una mayor actividad diurna. Este último rasgo estuvo asociado además con menores niveles de tabaquismo y un menor índice de masa corporal.
La amabilidad presentó las asociaciones genéticas más difíciles de replicar entre países y resultó ser el rasgo menos heredable de los cinco analizados. Los investigadores plantearon que una posible explicación es que el significado de “amabilidad” puede variar entre culturas, por lo que una misma conducta puede recibir valoraciones diferentes dependiendo del entorno social.
Otro resultado que llamó la atención de los investigadores fue la relación entre los perfiles genéticos vinculados con la apertura a la experiencia y un mayor riesgo general de psicopatología. Esta asociación había sido menos evidente en estudios clínicos anteriores y los autores señalaron que todavía no existe una explicación concluyente para el hallazgo.
Nivard planteó como una de las posibles hipótesis que las personas abiertas a nuevas experiencias podrían participar con mayor frecuencia en determinados estudios, incluso cuando presentan algún trastorno, lo que podría introducir cierto sesgo en las muestras. Sin embargo, señaló que esta posibilidad deberá ser comprobada mediante investigaciones posteriores.
El estudio abre además nuevas posibilidades para analizar la relación entre genética, comportamiento, condiciones sociales y salud mental. Los investigadores disponen de información de más de un millón de participantes distribuidos en 46 grupos de investigación, lo que permitirá realizar nuevos cruces de datos.
El genetista Miguel Pita, quien no participó en la investigación, consideró que el principal aporte del trabajo no consiste en demostrar que la genética influye en la personalidad, sino en haber podido establecerlo mediante una muestra de esta magnitud y con un diseño experimental y técnico de gran escala.
El genoma humano contiene entre cuatro y cinco millones de variantes genéticas, por lo que las mil 260 identificadas en este trabajo representan solamente una parte de las posibles asociaciones que podrían estudiarse. Los resultados podrían servir como base para nuevas investigaciones en genética, psicología, sociología y psiquiatría.
Los especialistas coinciden en que la personalidad no puede explicarse exclusivamente a partir de la herencia genética ni del entorno. La evidencia obtenida mediante este estudio refuerza la idea de que ambos factores interactúan durante la vida, por lo que el antiguo debate entre naturaleza y crianza como explicaciones independientes de la personalidad pierde vigencia frente a una visión conjunta de los factores biológicos y ambientales.
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