Por Horacio Cárdenas Zardoni
Hay un principio en bibliometría, ciencia que aunque usted no lo crea, existe, que establece que mientras más tiempo se tarde en salir prestado un libro recién colocado en un estante, menores son sus probabilidades de que sea prestado.
Vamos, si un libro que recientemente fue adquirido por la biblioteca, y los usuarios están desesperados por tomarlo prestado en sala, o llevárselo a su domicilio, saldrá el mismo día en que se ubicó en su lugar. Puede que salga tres, cinco, diez veces en préstamo interno ese feliz primer día, y que así se mantenga la tendencia durante las primeras semanas, hasta que comience a mostrar señales de cansancio y deterioro.
En cambio hay otros libros que no son tan afortunados, no eran tan esperados como la nueva novela de un autor famoso o de moda, o el libro de texto que pedirá el maestro que consulten todos sus alumnos del mismo grado escolar. No, son libros que llegan a la biblioteca sin hacer ruido, y allí pueden estarse en su estante, sin pena ni gloria, durante años, sin ser sacados más que de vez en cuando para que les quiten el polvo. Estos libros, así como llegan, se van, sin que nadie los extrañe, con algo de suerte son descartados y el espacio que ocupaban es ocupado por algún ejemplar de un libro que la gente sí esté interesada en leer, no una, sino muchas veces.
Se nos ocurrió tomar como referencia esta ley de bibliometría porque con los semáforos podría ocurrir algo bastante similar. A lo mejor ya se dio cuenta de que estamos hablando del semáforo instalado en bulevar Venustiano Carranza, allí donde cruza el bulevar Galerías, que no cruza nada en realidad, pues el semáforo nunca ha funcionado, ni un solo día en su historia, y a lo que vemos, no tiene trazas de que alguna vez vaya a funcionar.
Es como los libros en la biblioteca, se compra cierto título porque se espera que la gente vaya a consultarlo, llevárselo prestado y leerlo, para eso se compra. Con los semáforos sucede algo similar, se instalan allí donde existe una necesidad de regular el tráfico de vehículos, si no hay un problema, no se pone un semáforo, como tampoco se realizan las obras complementarias, como puede ser quitar un segmento del camellón, pasto y árboles incluidos, asfaltar y plantar un semáforo. Sí, nada más que las necesidades que dan pie a la compra de un libro y a la instalación de un semáforo cambian, al primero se le puede desechar y al segundo… probablemente también, si las condiciones lo ameritan.
En el caso del semáforo ubicado en Venustiano Carranza, se instaló por allá en el cada vez más lejano año de 2017, si usted compara el tráfico de ese entonces con el tráfico de hoy, se dará cuenta, probablemente atorado en el congestionamiento, de que ha aumentado mucho, se cuentan por decenas de miles cada año, el gobierno estima en 63 mil más cada doce meses, en promedio, muchos de los cuales pasan por esa avenida, porque era y sigue siendo la más importante de Saltillo.
La historia es esta, se construyó la plaza Galerías por parte de una empresa dedicada a desarrollos inmobiliarios, si no recuerdo mal, el gobierno del estado, en la época del gobernador Humberto Moreira, realizó la construcción del bulevar Galerías que dividió el predio, de tal manera que del lado norte quedara la plaza comercial, y del lado sur lo que sería el desarrollo inmobiliario Parque Centro, que todavía está en proceso, un proceso que se ha alargado mucho, y no tiene para cuando terminar, si es que algún día, porque otra vez, las condiciones de la capital de Coahuila han ido cambiando, y esa zona, que en aquel momento era un polo de crecimiento importante, ha perdido cartel en comparación con otros, ubicados todavía más al norte de Saltillo, donde la misma empresa tiene intereses.
En su momento, se habló de que el bulevar Galerías terminaría en Nazario Ortiz Garza, pero con un paso subterráneo para darle acceso, tanto a quienes circulan de oriente a poniente, como de poniente a oriente, proyecto que quedó pendiente, creemos que por falta de dinero y de tiempo, el caso, triste, es que quien quiera entrar a Galerías o Parque Centro viniendo por Nazario tiene que ir a dar la vuelta hasta el semáforo de bulevar Sarmiento, una vuelta larga, larga, y tardada como ella sola, y cada vez peor, pues como se canceló el entrecruce enfrente de Soriana San Isidro, el tráfico tiene que ir a dar la vuelta allá.
Del otro lado, se pretendía que quienes salieran de Galerías a Carranza hacia el sur, tan fácil, esperaran la luz verde y cruzaran sin más, y más ambicioso todavía, que viniendo del norte, pudieran tomar Galerías en ese mismo punto. Pero nada. El municipio, todavía en aquel 2017 decidió que poner a funcionar el semáforo provocaría un congestionamiento incontrolable, así que mejor lo dejaron para luego.
Y el luego se ha dilatado por ya cuatro administraciones municipales, ocho años, sin que nadie se anime a tomar el semáforo por los cuernos, retirarlo de allí y volver a poner el camellón como estaba, o como era el proyecto en el mejor momento del moreirato temprano, hacer un subterráneo para incorporar el tránsito a Carranza, antes de subir al segundo piso de esa avenida… que nunca se hizo ni se hará.
Con cada vez más tráfico, cada día es más difícil que llegue a funcionar el semáforo de referencia, ni con la costosísima reestructuración y renovación que contrató Chema Fraustro, y que resultó un fiasco del tamaño de la cantina del Tec de Saltillo, se atrevieron a resolver el asunto del semáforo de una vez por todas, de ese tamaño es el temor que le tienen a la empresa DAVISA, pues le tumbaría buena parte de su estrategia de venta de departamentos y oficinas bien comunicadas con un semáforo exclusivo.
Por lo pronto allí está el planteamiento, Javier Díaz no ha dicho nada al respecto en tres meses que lleva de alcalde, ya veremos si en algún momento se anima, o se queda eso para… quien sabe cuándo, pero mínimo que le corten la luz ¿no?, ¿qué sentido tiene que siga en intermitente como ha estado desde hace ocho años?
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