Apatzingán, 16/04/25 (Más).- Los caminos rurales del municipio de Apatzingán, en la región de Tierra Caliente de Michoacán, se han convertido en rutas de alto riesgo para la población civil, debido a la colocación de minas explosivas por parte de grupos del crimen organizado. Estas minas, utilizadas como parte de la disputa territorial entre cárteles, han provocado ya múltiples víctimas, tanto mortales como lesionadas, principalmente entre trabajadores del campo dedicados a la producción de limón.
El Observatorio de Seguridad Humana de Apatzingán reportó que ayer martes, a las 10 de la mañana, un agricultor de 29 años resultó herido tras detonar una mina mientras realizaba labores de fumigación en una parcela de limón en la comunidad de Loma de Los Hoyos. El impacto fue amortiguado por el tractor que conducía, lo cual evitó consecuencias fatales.
El hecho se suma a otro incidente registrado el 2 de abril, cuando un campesino perdió la vida al activar una mina antipersona en Puerta de Alambre, zona rural cercana a las comunidades de El Alcalde y El Guayabo. En estas localidades, más de 500 personas huyeron el 15 de marzo tras una jornada de enfrentamientos entre cárteles, donde se emplearon armas de grueso calibre, drones con explosivos y minas terrestres. Ambas comunidades quedaron prácticamente vacías tras los sucesos.
Desde 2022, el Observatorio ha documentado un incremento en los casos de civiles, militares y elementos de seguridad afectados por estas minas. En lo que va de 2024, los incidentes se han intensificado, acumulando al menos una decena de víctimas mortales. Uno de los casos más recientes ocurrió el 12 de enero, cuando dos personas murieron calcinadas al detonar una mina mientras transitaban en una camioneta en la comunidad de Las Bateas. Cuatro días después, el 16 de enero, un productor de limón y profesor rural de 69 años falleció al activar otra mina en Apatzingán.
Además de las víctimas fatales, los ataques con minas han dejado heridos, como ocurrió el 9 de enero con un jornalero fumigador, y el 2 de enero, cuando un elemento de la Guardia Nacional sufrió lesiones en una pierna al detonar un artefacto en la carretera Apatzingán-Aguililla. Durante un recorrido el 4 de abril, el Ejército mexicano retiró al menos dos minas del camino de terracería entre Apatzingán y El Alcalde, donde también se observaron restos de explosivos detonados previamente.
En municipios cercanos, como Buenavista, la situación también ha cobrado vidas. El 8 de febrero, un adolescente de 15 años murió al explotar una mina mientras trabajaba en un huerto de limón en Santa Ana Amatlán. Su familia solicitó asilo en Estados Unidos tras el suceso.
El Observatorio de Seguridad Humana advierte que el uso de minas por parte de los cárteles responde a una “carrera armamentista regional” en la que los grupos buscan igualarse en capacidad destructiva. Esta situación ha provocado que más de mil personas permanezcan atrapadas en sus propias comunidades por temor a transitar caminos minados, especialmente en localidades como Guanajuatillo, Holanda, El Mezquital y Los Laureles.
Vecinos desplazados relatan que la vida en estos pueblos se ha vuelto insostenible. “Es el temor nuestro de todos los días: salir a la huerta y pisar una mina. Pero tenemos que salir a trabajar para comer”, expresó un productor de limón durante el sepelio de una de las víctimas. “No se puede ni ir a trabajar por todas las minas que hay plantadas por los caminos”, añadió otra mujer desplazada de El Guayabo, quien actualmente vive en Apatzingán junto a al menos diez familias más que huyeron de sus comunidades.
La regidora de Apatzingán, Carmen Cepeda, denunció la falta de atención institucional al problema de los desplazamientos forzados y el uso de minas explosivas. “Pareciera que quieren minimizar el asunto”, declaró, en alusión a las declaraciones del secretario de Gobierno de Michoacán, quien el 18 de marzo reportó solo 15 familias desplazadas tras el éxodo masivo de El Alcalde y El Guayabo.
“La autoridad no está haciendo nada”, lamentó Cepeda. “Acaba de morir un agricultor que solo estaba trabajando la tierra y que pisó uno de esos artefactos que ya están hasta prohibidos. Y no ha sido la única víctima, lamentablemente. Ya van varias”.
Mientras tanto, los habitantes de Apatzingán viven con miedo constante. “No tenemos tranquilidad. Escuchamos cualquier ruido y nos espantamos, nos tiramos al piso, corremos a escondernos. Nos quedamos muy traumados”, relató una vecina desplazada, mientras otra resumió el sentir general de la zona: “Le tenemos pánico a las minas”.
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