LAS MANOS AL FUEGO


Por Horacio Cárdenas Zardoni


Dicen que decía Cantinflas en alguna de sus películas: vamos a hablar como caballeros, o como lo que somos, frase que salvo su mejor opinión, encierra un mar de fondo, porque a cual más en este mundo, siente que está por encima del resto de sus congéneres, en todos los sentidos, en lo social, lo económico, la inteligencia, la bondad, y no podía faltar, la belleza. Tratándose de hombres, todos se sienten los perfectos caballeros, de allí que Cantinflas haya chocado a generaciones que se han visto en el espejo de esa frase, tan filosófica, en voz de un peladito.


Porque precisamente ese es el meollo del asunto: el prototipo del peladito mexicano, ese que retrataba Don Artemio de Valle Arizpe, y que la literatura nacional rastrea hasta la época de la colonia, siempre han existido esa clase de personajes que uno se preguntan ¿cómo, de qué viven?, es el que no solo no nos está reconociendo nuestra cultivada imagen de caballeros andantes, sino que nos invita desfachatadamente a sincerarnos, a aceptar que somos iguales a él, aunque nos da la opción de medirnos en la arena que uno quiera plantear, hasta eso gentil, el pelagatos.


No es con el afán de ofender a nadie, es una expresión común, que además le causa mucha risa a los involucrados en privado y en reunión de sus pares, pero que les cae mal cuando se las dicen fuera: los abogados son como los plátanos, no hay uno que sea derecho. Y mire que el que la inventó seguramente era alguien de ellos mismos, por la referencia al derecho, que tiene una acepción coloquial y otra más de diccionario, y por el conocimiento amplio de la profesión y los profesionales, donde se atreve a hacer una generalización de ese tamaño.


Pero no queremos enemistarnos con los abogados, alguno de los cuales podría tener ganas de demandarnos, sino de importar la definición del chiste a otra profesión, si es que se le puede llamar así, la de político. De los políticos, hablando solamente de México, para no caer en la tentación de generalizar sobre lo que no nos consta, tienen una fama de lo más lastimosa, así, para no andarnos con rodeos.


En efecto, los políticos tienen una fama de no ser, usando una frase gringa muy ilustrativa, la crayola más brillante de la caja de crayolas. No, ser político implica, en el nivel que sea, enfrentar problemas de todos los tamaños y magnitudes, con la plena consciencia de que los recursos que tendrá a su disposición para atenderlos, no alcanzan ni de lejos, a solucionar, no digamos todos, sino una mínima fracción de los que afectan a la población de la que buscan el voto.


Alguien con dos de dos de frente, sabría, así nomás a ojo, que los recursos que se presupuestan para el puesto que se le ha venido a plantar entre ceja y ceja que quiere tener, que el dinero no será suficiente, lo que conlleva que tampoco será reconocido por el esfuerzo realizado durante su gestión como gobernante, y sin embargo, son hordas de personas, mujeres y hombres, los que se lanzan cada período de elecciones, para ocupar una posición de poder.


Dice el son huasteco, no vengo a ver si puedo, sino porque puedo vengo, no es aplicable a los políticos, que vienen a sabiendas que no van a poder con el encargo, pero de todos modos se plantan, porque las influencias, las ganancias, el poder relativo, asociados al puesto y el tiempo que ocupe, pagan con creces los sinsabores de una misión destinada al fracaso desde el momento mismo de la toma de posesión, si no es que desde antes. Pero vienen, por hordas, y además se dan los aires de grandeza, es el pueblo mexicano que no los valora, ni reconoce la suerte que tienen de ser gobernados por un casi héroe. A lo mejor por eso es que los políticos se juntan con políticos, con gentes que son como ellos.


Por eso es que los políticos se juntan, entre ellos se valoran lo que el pueblo no hace, o cuando lo hace es porque espera alguna recompensa a cambio. Se nos ocurrió escribir sobre esto, como reflexión sobre la carta que publicaron treinta gobernadores morenistas, en apoyo a otro gobernador morenista, lo que se nos ocurre es que funcionan como autómatas, como piezas de una máquina que es el partido, y este como extensión electoral del gobierno federal.


¿De qué estamos hablando?, realmente los treinta gobernadores morenistas piensan, están completamente seguros, vamos tienen evidencia comprobable de que su colega Rubén Rocha Moya es absolutamente inocente de la acusación que en su contra lanzó Ismael “El Mayo” Zambada, en la carta en la que explicaba los detalles de cómo fue secuestrado y entregado a las autoridades norteamericanas después de cruzar la frontera en un vuelo ilegal?
Durante los últimos tres o cuatro procesos electorales se ha señalado que Sinaloa es uno de los sitios en los que mayor intervención hay del crimen organizado y especialmente del narcotráfico en las campañas políticas y en los resultados de la elección. No es solo que los narcos “le metan” dinero a la campaña para la compra de gorras y camisetas que regale el candidato, sino que se dedican a quitarle obstáculos, entiéndase competidores, a los candidatos que ellos han decidido apoyar, y los apoyan porque tienen acuerdos de qué harán, que no harán, qué permitirán hacer a quienes y a quienes no, y otros asuntillos por el estilo. No sé, para mi que antes de firmar una carta como la que signaron, los gobernadores no solo no la leyeron, sino que no se ocuparon de verse en el espejo de la situación que de momento pone la atención en Rubén Rocha. Algo así como preguntarse: el buenazo de Rubén no tiene acuerdos ¿y yo?, el gobernador de uno de los estados más afectados por el narcotráfico desde hace por lo menos sesenta o setenta años no tiene ningún vínculo, de ningún tipo con los narcos ¿y yo?, ¿de veras no tuvo nada que ver el crimen organizado en que el candidato de MORENA lograra el triunfo en la elección? ¿y yo?
Claro, ha de ser padre que todos los gobernadores firmen un documento público de respaldo, ese apoyo sí se siente, ¿pero lo hubieran hecho motu proprio, sin que alguien los presionara para ello? Más se nos ocurre que pensaron hoy por ti, mañana por mí, y que esa vaya a ser la tónica el sexenio que comienza en octubre, como lo fue para con el presidente cada vez que estallaba un escándalo grave en el país, que ponía en entredicho la capacidad o la honradez de Andrés Manuel López Obrador para resolverlo, si no es que era directamente causa del mismo. Como que es una cobija que los cubre a todos, y sí, aquí demuestran que no son como los de antes, que dejaban morir solo al político, al compañero que caía en desgracia.


A López Obrador solo le faltó decir que metía las manos al fuego por Rocha, ¿todos los gobernadores, senadores, diputados, alcaldes de MORENA lo harían por el gobernador del estado más controlado por el narco?, ha de ser padre tener amigos, un partido así.


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