Ciudad de México, 04/06/26 (Más).- La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se perfila como un proceso complejo y decisivo para el futuro de la integración económica de Norteamérica, en medio de nuevas exigencias planteadas por el gobierno estadounidense.
A unas semanas de que inicie formalmente el periodo de evaluación del acuerdo comercial, Washington ha endurecido su postura con propuestas que podrían modificar de manera significativa las condiciones actuales del intercambio regional.
De acuerdo con información publicada por El País, Estados Unidos ha comenzado a delinear su estrategia de negociación con México y Canadá, al tiempo que impulsa medidas comerciales que generan preocupación entre sus socios. Entre ellas destaca la intención de aplicar nuevos aranceles de entre 10 y 12.5 por ciento a más de 60 países, incluidos los integrantes de Norteamérica, bajo el argumento de combatir prácticas relacionadas con el trabajo forzado.
La primera ronda de conversaciones rumbo a la revisión del tratado ya se realizó en Ciudad de México, donde representantes de ambos gobiernos abordaron temas considerados prioritarios para Washington, como las reglas de origen en la industria automotriz, el comercio de acero y aluminio, así como asuntos vinculados con la seguridad económica.
Fuentes cercanas a las negociaciones señalaron que uno de los principales objetivos estadounidenses consiste en elevar los requisitos de contenido regional para los vehículos exportados y establecer condiciones más estrictas para el origen de los insumos siderúrgicos y del aluminio.
La administración encabezada por Donald Trump sostiene que el acuerdo debe generar mayores beneficios para los productores estadounidenses y contribuir a disminuir el déficit comercial con México.
En este contexto, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos ha insistido en la necesidad de fortalecer las cadenas de suministro nacionales y evitar que terceros países se beneficien indirectamente de las ventajas del tratado.

Actualmente, los vehículos fabricados en Norteamérica deben acreditar un contenido regional mínimo de 75 por ciento para acceder a los beneficios arancelarios del T-MEC. Sin embargo, la propuesta estadounidense busca que más de la mitad del valor de cada unidad sea producido específicamente en Estados Unidos. De concretarse, esta modificación representaría un cambio de enfoque que favorecería directamente a la manufactura estadounidense y podría afectar la competitividad de las industrias automotrices de México y Canadá.
Aunque la revisión del acuerdo está concebida como un proceso trilateral, en la práctica las conversaciones han avanzado principalmente entre México y Estados Unidos. Canadá no ha participado en las reuniones iniciales, mientras que ambos países ya tienen previstas nuevas rondas de negociación durante junio y julio. Esta situación ha generado expectativas sobre el papel que desempeñará el gobierno canadiense en las etapas decisivas de la revisión.
En las mesas de trabajo también participaron representantes del sector empresarial de ambos países. Entre ellos estuvieron dirigentes de organismos empresariales mexicanos y estadounidenses, así como funcionarios vinculados con la relación económica bilateral. La presencia de estos actores refleja la relevancia que tiene el tratado para las cadenas productivas que operan a ambos lados de la frontera.
Para México, uno de los principales objetivos de la negociación será lograr avances en la eliminación o reducción de los aranceles sectoriales que actualmente afectan a las exportaciones de acero, aluminio y vehículos.
A pesar de contar con condiciones preferenciales derivadas del T-MEC, diversos productos mexicanos continúan enfrentando gravámenes significativos que afectan su competitividad en el mercado estadounidense.
La importancia de estas negociaciones radica en el peso que tiene la relación comercial entre ambos países. México se mantiene como el principal socio comercial de Estados Unidos, con exportaciones que superan los 500 mil millones de dólares anuales. Durante el primer trimestre del año, los envíos mexicanos registraron un crecimiento de cinco por ciento respecto al mismo periodo del año anterior, lo que evidencia la fortaleza de la actividad exportadora pese al entorno de incertidumbre.
Además de los temas estrictamente comerciales, la relación bilateral se encuentra influida por otros asuntos prioritarios para Washington, como la seguridad, el combate al narcotráfico y la migración. En los últimos meses, el Gobierno mexicano ha implementado diversas medidas para atender algunas de estas preocupaciones, incluyendo acciones de control migratorio y cooperación judicial, en un intento por mantener abiertas las vías de diálogo con la administración estadounidense.
Especialistas en comercio internacional consideran que la principal preocupación para México debe centrarse en los aranceles ya vigentes y en las posibles modificaciones a las reglas de origen. No obstante, subrayan que el T-MEC continuará vigente aun si no se alcanza un consenso inmediato durante la revisión prevista para este año, por lo que recomiendan evitar decisiones apresuradas que puedan resultar desfavorables para los intereses nacionales.
Mientras México y Canadá defienden la continuidad del modelo de integración regional como herramienta para fortalecer la competitividad de Norteamérica frente a otras regiones del mundo, particularmente Asia, Estados Unidos mantiene una estrategia orientada a reforzar su capacidad industrial interna mediante medidas comerciales más restrictivas. El resultado de este choque de visiones comenzará a definirse en las próximas semanas, conforme avancen las negociaciones y se acerque la fecha oficial de revisión del tratado.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
