Barcelona, 27/05/25 (Más).- En las consultas de atención primaria, donde el tiempo es escaso y los síntomas poco claros, una herramienta silenciosa se abre paso entre los protocolos: la corazonada médica. Estas intuiciones, poco estudiadas pero cada vez más reconocidas, han demostrado tener un papel relevante en la toma de decisiones clínicas, especialmente en casos donde los signos físicos no alcanzan para justificar un diagnóstico grave.
Bernardino Oliva Fanlo, médico de familia en Mallorca, recuerda el caso de un paciente joven con síntomas digestivos vagos, que no presentaba signos evidentes de gravedad. Sin embargo, algo en su comportamiento —como empezar a acudir acompañado a las consultas— activó en el médico una intuición de alarma. “No tenía una sospecha clara, pero pedí una ecografía”, relata. El resultado fue contundente: cáncer de páncreas.
Estas sensaciones —llamadas gut feelings en inglés— no son pensamientos aleatorios, aclara Oliva. Están alimentadas por la experiencia, los patrones aprendidos y las variaciones sutiles en el comportamiento del paciente. Aunque no figuran en guías clínicas ni son un criterio de derivación, cada vez más estudios respaldan su valor predictivo. Según Oliva, una investigación en Dinamarca mostró que estas corazonadas anticipaban con acierto el diagnóstico de cáncer en el 24% de los casos evaluados.
En el Centro de Atención Primaria del barrio del Clot, en Barcelona, este tipo de intuiciones generaron un intenso debate entre profesionales. “Curiosamente, los más jóvenes eran más escépticos”, dice Melania Priego, médica del centro, quien también ha tenido experiencias similares. Recuerda cómo detectó un linfoma en una paciente que parecía estar deprimida, pero cuyo comportamiento no se ajustaba al patrón habitual. “Fue la intuición lo que me impulsó a buscar más allá”, asegura.
Las corazonadas suelen operar como un “interruptor” que obliga al médico a pasar del pensamiento rápido y automático al racional y analítico, una dinámica similar a la descrita por el psicólogo y Nobel de Economía Daniel Kahneman. Aunque el origen de estas sensaciones no es del todo científico, Oliva afirma que “no son irracionales”, ya que se basan en asociaciones complejas construidas con el tiempo.
No obstante, su uso no está exento de riesgos. El exceso de confianza puede llevar a errores diagnósticos o a ignorar nuevas evidencias. Ramón Salazar, jefe de Oncología del Instituto Catalán de Oncología, advierte sobre los límites: “La intuición depende de la experiencia individual y puede generar resistencia a innovaciones o tecnologías diagnósticas que contradicen lo que el médico ‘siente’”. Por ello, insiste en que debe utilizarse “con responsabilidad”.
Según un estudio liderado por Oliva en cuatro provincias españolas, la probabilidad de encontrar una enfermedad grave tras una corazonada de alarma fue del 12%. En comparación, sólo ocho signos clínicos superan un umbral del 5% en atención primaria. Aun así, no todas las intuiciones alertan sobre un posible peligro: alrededor del 75% son de seguridad, es decir, que el profesional intuye que no se trata de un caso grave, lo que también puede evitar exploraciones innecesarias.
A pesar de su valor, estas intuiciones siguen sin formar parte oficial de las estrategias de derivación. Oliva sostiene que deberían ser incluidas en la formación médica. “Los profesionales no deben sentirse avergonzados de tenerlas y seguirlas. Hay evidencia de que tienen base científica”, afirma.
Más allá del conocimiento médico, la relación prolongada entre paciente y médico también influye. “Conocer cómo se comporta habitualmente un paciente permite notar pequeños cambios que pueden ser claves”, señala Oliva. Estudios internacionales sugieren que la mortalidad se reduce cuando se mantiene el mismo médico a lo largo del tiempo, una continuidad que también refuerza la precisión de estas corazonadas.
En un sistema de salud presionado por tiempos ajustados y grandes volúmenes de pacientes, las corazonadas aparecen como un recurso subjetivo pero poderoso. La medicina, que durante años ha intentado guiarse por algoritmos y protocolos, empieza a mirar con mayor apertura este sexto sentido que muchos médicos han aprendido a escuchar en el silencio de la consulta.
“Cuando no encuentras nada concreto pero sientes que algo no encaja, eso también es parte del diagnóstico”, concluye Priego. Y quizás, como escribió el oncólogo Siddhartha Mukherjee, “una intuición fuerte es mucho más poderosa que una prueba débil”.
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