LAS AUTORIZACIONES    

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Pocas veces hemos presenciado tal grado de exaltación social en Saltillo como ahora con el anuncio ahora sí oficial, de que en el futuro próximo se comenzarán los trabajos de lo que llegará a ser en un corto plazo, la quinta planta de Tesla en el mundo.

Sí en otras épocas nos habíamos entusiasmado con lo del gas y petróleo shale, esto fue durante el sexenio de Rubén Moreira Valdés, cuando no había día en que no salieran notas, noticias, proyecciones y cuanta cosa sobre este asunto, en el que se hicieron descansar las expectativas de que Coahuila lograría salir del inmenso bache económico que constituía la megadeuda, con la inyección de dinero de la explotación de los yacimientos de hidrocarburos no convencionales, Coahuila retomaría el ritmo de crecimiento que le había imprimido su antecesor en la gubernatura, No Jorge Torres, sino Humberto, en que el dinero fluía como tolvanera lagunera. A lo mejor lo recuerda, se hablaba de que se perforarían cien pozos por año, con cuya producción no solo nuestro estado, sino todo México regresaría a la época de oro, en que éramos una de las potencias energéticas del mundo… y no pasó nada. La fiebre del shale se agotó con el poquísimo rendimiento logrado en los pozos exploratorios, que no alcanzaba ni para pagar la inversión, y luego con el anuncio del primero candidato y luego presidente Andrés Manuel López Obrador de que, por contaminante y dañino al ambiente, no habría explotación de shale en su sexenio, y si por él era, ni más adelante.

También hubo expectativas, estas más difusas, con la llegada del nuevo siglo. Por allí se lanzó una campaña de El Valle del Tercer Milenio, orientada a la promoción de la región sureste de Coahuila como un sitio ideal para el establecimiento de empresas. La instalación de nuevas y más grandes plantas siguió, en una tendencia que ya venía de atrás, la campaña, medio sosa de inicio, se dejó de lado, y nos quedamos ayunos de esperanzas.

Sí, cada vez que se comentaba que alguna gran empresa del sector automotriz andaba buscando ubicación, allí estábamos los coahuilenses de aprontados, presumiendo lo que teníamos y ofrecíamos. Muchas se nos cebaron, después de todo no es posible que todo caiga en un solo sitio, y alguna sí aceptó venir acá, pero no recordamos tal entusiasmo como ahora con Tesla, que si bien llega a Nuevo León, es como si la tuviéramos aquí nomás tras lomita, de allí que andemos todos felices.

En algún momento pensamos, todos, que se nos cebaba. Y es que el presidente que quiere tener su cuchara metida en absolutamente todo, de repente salió con su vacilada de que no estaba de acuerdo con que Tesla se estableciera en el norte del país, él quería que se fuera a su natal Tabasco, o en su defecto a algún otro estado del sureste, o hasta a Hidalgo, allí cerquita de su magna obra, el aeropuerto internacional Felipe Ángeles. El pretexto, sabido de todos, fue el de que acá no hay agua, y con tal de proteger la poca que hay, y que se use para lo que según él importa, el abastecimiento doméstico, negaría los permisos para su instalación. De ese tamaño la amenaza, a lo que contestaron desde el otro lado de la mesa y la frontera, que si no se instalaba donde ellos quisieran, se la llevaban a Indonesia. Y dobló las alas el ganso.

Entre tanta algarabía podríamos dejar pasar el desaire al presidente, que eso no importa, pero lo que no podemos echar al olvido es lo otro, lo de la amenaza de negar los permisos, que en nuestra opinión, fue un desplante fuera de lugar en una democracia, como la que según dicen, vivimos en México. ¿De veras un presidente está en posibilidad de autorizar o negar la instalación de una planta automotriz, o para el caso, de cualquier otro negocio?, nunca nos imaginamos que en el escritorio del mandatario hubiera tres bandejas, una como la que hasta en las caricaturas pintan, entradas o solicitudes, y otras dos, una de salidas autorizadas y otra de salidas rechazadas. ¿Es creíble que el presidente de un país que se precia de muy importante haga la talacha de un jefe de licencias de cualquier municipio?, la imagen es la de un burócrata de ventanilla cuentachiles, y será difícil de regresar a aquella que tantos otros procuraron, de un estadista como presidente de la nación mexicana.

La cosa era una rabieta, imposible verlo de otra manera. Pero sí podemos imaginarnos a López Obrador pegando tremendo grito: A ver tú, Ramírez de la O, o tú Buenrostro, o tú ¿cómo te llamas?, el que me dijo Andy que nombrara en el SAT, a la hora que se apersone ese señor gringo, Elon Musk, el del pajarito azul,  dicho sea sin intención alburera, y pida su inscripción como contribuyente, me le dicen que no, que si no se va a Tabasco que Tabasco es un edén, se largue con sus miles de millones de dólares a otra parte.

Y nos imaginamos primero a la parte del registro como contribuyente, porque sin este no puede uno hacerse millonario en este país… de forma legal, estamos hablando. Ya después de contar con su RFC puede, pero sin él nomás no.

Otra llamada obligada sería para el buenazo de Marcelo, hombre obediente como ninguno, a ver tú carnal, a la hora que venga el señor Musk a querer registrar su empresa Tesla, Tesla del Norte, Tesla Mexicana, o cualquiera de sus variantes, me le niegas el permiso aduciendo que todas están tomadas en el registro internacional, tú que eres diplomático porque yo te habilité, le dices que solo queda Tesla Tabasqueña, S. A. de C. V.

Ah, está por supuesto la orden de negarle el permiso por no contar con su declaración de impacto ambiental, negativa medio forzada luego que allí se le había permitido a don Jorge Hank Rohn la instalación de un hipódromo, se podría autorizar cualquier cosa, pero como pretexto es excelente. Y está por supuesto lo del agua, tanto de la que extraiga del subsuelo para sus operaciones, como sus descargas. Cualquiera y todos son motivos para estorbar la instalación, si esa es la intención, claro.

La preocupación que tenemos nosotros es si realmente un presidente de la república puede usurpara atribuciones que son de la tesorería de un estado, Nuevo León, o de un municipio, Santa Catarina, nomás porque no le gusta ese sitio para que se ponga y prefiere, sugiere y facilita otro. A pesar de sus frecuentes declaraciones de que en México no manda la oligarquía, sino el pueblo, la duda nos incomoda como meros ciudadanos, y seguro más a los empresarios, ¿puede el presidente?, ¿hay alguien que defienda o impida las arbitrariedades del presidente?, importa para saber donde estamos viviendo, aunque sea solo para eso, saber.


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