Madrid, España 25/07/2025 (Más) — Natalia Lafourcade se detiene frente a una imagen de la Virgen de Guadalupe hecha con incrustaciones de nácar y, con la serenidad que caracteriza su voz y sus movimientos, dice: “Qué belleza. No soy católica y quiero mucho a la Guadalupana”. La escena ocurre en el Museo del Prado, donde se exhibe la muestra Tan lejos, tan cerca. Guadalupe de México en España, una exposición que reúne más de un centenar de representaciones de la Virgen más venerada del continente americano.
La cantante mexicana, que se presenta este viernes en el Teatro Real de Madrid como parte de su gira Cancionera, recorrió la exposición en vísperas del concierto. En un diálogo entre arte, memoria y espiritualidad, Lafourcade reconoce que su vínculo con Guadalupe va más allá de la religión: “Tenemos nuestra fe, nuestra creencia en lo divino, en lo místico, en tener algo a lo que agarrarnos en el camino de la vida”.
En su hogar en México, Lafourcade tiene un altar con dos imágenes de la Virgen: una de barro y otra comprada en Acapulco. La segunda llegó en un momento clave: “Fue durante un viaje con quien hoy es mi esposo. Él regresaba a Venezuela y yo no sabía si estaba enamorado. Compré dos imágenes para estar conectados”, relata. El gesto, dice, selló un lazo que aún perdura.
Para Lafourcade, la Virgen de Guadalupe no es solo símbolo religioso, sino una fuerza arquetípica femenina. “Ella tiene su rol, su significado, es una fuerza universal”, afirma. Esa percepción se ha colado, incluso sin proponérselo, en su música. En 2017, incluyó la canción Mexicana hermosa en su álbum Musas, una pieza que, sin haber sido escrita explícitamente para la Virgen, terminó convirtiéndose en un canto de veneración, esperanza y conexión espiritual.
“Queríamos hacer un homenaje a las mujeres del campo, a las madres, a las indígenas. Y mientras componíamos, nos dimos cuenta de que la Guadalupana se estaba manifestando”, recuerda.
Durante su reciente gira por Estados Unidos, en medio del clima hostil hacia los migrantes, Mexicana hermosa tomó otro significado. “Veía a mi público, en su mayoría mexicanos, cantando con lágrimas en los ojos. Era una mezcla de angustia, nostalgia y valentía. Nunca imaginé que esa canción se convertiría en un himno para ellos”.
La artista, que acaba de lanzar Cancionera, su noveno álbum de estudio, ha elegido esta etapa para volver a la raíz: cantar sola con su guitarra, como cuando componía en su habitación. A sus 41 años y embarazada de cinco meses, comparte que esta gira también le permite celebrar su linaje y reflexionar sobre su identidad.
“Quería compartir la intimidad de mis canciones, de mi universo personal. Hay temas dedicados a mi madre, a mi padre, a mis raíces. Es un homenaje literal hacia mi linaje”, confiesa.
Natalia, que ostenta el récord de ser la artista latina con más premios Grammy (22 en total), no deja de lado su faceta como promotora cultural. Su presencia en el Prado no es casual: se trata de un puente entre el arte popular y las grandes instituciones, entre la devoción callejera y los salones clásicos.
“Aquí no hay divisiones”, afirma al cierre del recorrido. “Esto es una celebración de la Guadalupana y el arte puede trascender lo popular, lo social, lo de todos. No hay barreras entre el museo y el pueblo cuando se trata de ella”.
En una sala del museo que reproduce la planta en forma de estrella de la Basílica de Guadalupe en México, Lafourcade deja claro que, para millones de personas, la Virgen no es solo un ícono religioso, sino una presencia viva, íntima, transformadora. Como su música.
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