Culiacán, Sinaloa, 27/08/26 (Más).- El asesinato de Héctor Melesio Cuén Ojeda, ocurrido el 25 de julio de 2024 en Culiacán, terminó convertido en uno de los episodios más complejos de la reciente historia política y criminal de Sinaloa.
Lo que inicialmente fue presentado como un homicidio durante un intento de asalto en una gasolinera quedó después bajo sospecha, hasta que las investigaciones federales apuntaron hacia un escenario completamente distinto: el político habría sido herido en la misma finca donde Ismael “El Mayo” Zambada fue sometido antes de ser trasladado por integrantes de Los Chapitos hacia Estados Unidos.
De acuerdo con información publicada por El País, las pesquisas y las filtraciones recientes del expediente han permitido reconstruir buena parte de las últimas horas de Cuén y han colocado su muerte en el centro de una trama que involucra al Cártel de Sinaloa, autoridades estatales y federales y personajes de primer nivel de la política sinaloense. El caso también ha adquirido una nueva dimensión por la detención de Fausto Corrales, colaborador cercano del exrector y testigo de los acontecimientos de aquella mañana.
Cuén era una figura con amplia influencia en la vida pública de Sinaloa y mantenía una relación política deteriorada con quien entonces era gobernador del Estado, Rubén Rocha Moya. El origen de sus diferencias se remontaba, entre otros asuntos, a la influencia que el primero había acumulado durante años alrededor de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Ambos habían sido aliados, pero para 2024 su confrontación política era abierta y se había convertido en uno de los principales conflictos dentro del escenario estatal.
La mañana del 25 de julio de ese año, Cuén acudió acompañado por Corrales a una finca ubicada al norte de Culiacán. Según el testimonio atribuido a este último dentro de la investigación, el exrector esperaba participar en una reunión en la que estarían Rocha Moya, Ismael “El Mayo” Zambada y Joaquín Guzmán López, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán. El supuesto propósito del encuentro era resolver las diferencias políticas entre Cuén y Rocha, mientras Zambada participaría como mediador.
Sin embargo, las investigaciones divulgadas posteriormente sostienen que aquella reunión habría servido como señuelo para atraer a Zambada. Joaquín Guzmán López presuntamente tenía como verdadero objetivo someter al veterano jefe criminal, sacarlo de México y llevarlo a Estados Unidos. Zambada llegó a la propiedad acompañado por dos hombres de seguridad, mientras Cuén ya se encontraba en el lugar y Corrales esperaba en el exterior.

Según la reconstrucción difundida del expediente, hombres vinculados con Los Chapitos sometieron a Zambada y a sus escoltas. Minutos después se escucharon disparos dentro de la propiedad. Corrales habría intentado ponerse a salvo, pero también fue retenido. Cuando nuevamente pudo ver a Cuén, este ya presentaba una herida de bala en una pierna. Las circunstancias exactas en que recibió los disparos siguen sin estar plenamente esclarecidas.
Mientras Zambada era llevado a un aeródromo para posteriormente viajar junto con Guzmán López hacia Nuevo México, otro grupo se quedó con Cuén y Corrales. El político herido habría sido trasladado durante un tiempo por Culiacán con la supuesta intención de conseguir atención médica, pero finalmente murió desangrado. La investigación no ha establecido públicamente por qué los hombres armados dispararon contra él ni si su muerte fue deliberadamente planeada desde antes de la reunión.
Tras el fallecimiento habría comenzado otra parte de la historia: la construcción de una versión falsa para explicar el homicidio. De acuerdo con el relato atribuido posteriormente a Corrales, hombres de Los Chapitos le ordenaron llevarse el cuerpo de Cuén en una camioneta y simular que había sido víctima de un asalto cuando ambos se encontraban en una gasolinera. Esa fue precisamente la primera versión que recibió y difundió la Fiscalía General del Estado de Sinaloa.

Durante los primeros días posteriores al crimen, la explicación oficial sostuvo que Cuén había sido atacado por sujetos que intentaron despojarlo de su vehículo mientras cargaba combustible. Sin embargo, las inconsistencias comenzaron a acumularse. Las imágenes de videovigilancia del establecimiento no coincidían plenamente con el relato y, semanas después, el propio Zambada aportó desde Estados Unidos una versión que colocaba al político dentro de la finca de Culiacán aquella mañana.
El 10 de agosto de 2024, Zambada difundió una carta en la que afirmó que había sido convocado a una reunión y aseguró que Cuén se encontraba en el lugar. Su relato modificó radicalmente la perspectiva sobre el asesinato. Dos días después, la Fiscalía General de la República atrajo la investigación y posteriormente señaló irregularidades en las actuaciones realizadas originalmente por las autoridades sinaloenses. La entonces fiscal estatal terminó renunciando al cargo cuatro días después de que la instancia federal asumiera el expediente.
Para octubre de 2024, la FGR ya sostenía la hipótesis de que la escena de la gasolinera había formado parte de un montaje y señaló que servidores públicos de la Fiscalía sinaloense habían intervenido en las actuaciones que permitieron sostener inicialmente esa explicación. Pese a ello, el expediente permaneció durante un largo periodo sin novedades públicas relevantes, mientras Sinaloa entraba en una espiral de violencia relacionada con la ruptura entre las distintas facciones del cártel tras la salida de Zambada del país.
El caso volvió al primer plano casi dos años después. El 19 de agosto de 2026, la FGR informó de la detención de Fausto Corrales, acusado de falsedad de declaraciones y de encubrir el homicidio de Cuén. Entre los elementos incorporados a la investigación figura un video difundido en internet en 2024 en el que Corrales habría contado una historia diferente a la que inicialmente presentó ante la Fiscalía estatal, incluida la llegada de Cuén a la finca, la presencia de Zambada y los disparos ocurridos posteriormente.
La situación de Corrales agregó una nueva controversia debido a que los investigadores federales conocían desde septiembre de 2024 la existencia de ese material y habían concluido que su primera declaración contenía información falsa. Sin embargo, su captura no ocurrió sino hasta agosto de 2026. El 25 de este mes, un juez determinó procesarlo y mantenerlo en prisión mientras enfrenta el procedimiento correspondiente, pese a que los delitos atribuidos no están considerados entre aquellos que ameritan automáticamente prisión preventiva.
La muerte de Cuén también quedó inevitablemente ligada a la crisis política que posteriormente envolvió a Rocha Moya, aunque no todos los acontecimientos que rodean ambos casos cuentan con una relación judicialmente establecida. El exgobernador siempre negó haber acudido a la reunión del 25 de julio de 2024. Tiempo después, autoridades de Estados Unidos formularon acusaciones en su contra y contra otros funcionarios sinaloenses por presuntos vínculos con Los Chapitos, señalamientos que Rocha rechazó.
El asesinato de Héctor Melesio Cuén pasó así de ser presentado como un aparente crimen callejero a convertirse en una de las piezas centrales para comprender lo ocurrido el día en que Ismael “El Mayo” Zambada terminó en manos de las autoridades estadounidenses. Dos años después, las investigaciones continúan produciendo interrogantes sobre la actuación de quienes participaron en los hechos, las irregularidades de las primeras pesquisas y las razones por las que información relevante permaneció durante tanto tiempo sin traducirse en acciones judiciales.
La historia de Cuén quedó además vinculada al periodo de violencia que siguió a la captura de Zambada y a la ruptura interna del Cártel de Sinaloa. Su muerte, ocurrida en medio de una reunión que aparentemente debía resolver un conflicto político pero que habría sido utilizada para ejecutar una operación criminal de mayores dimensiones, resume una de las etapas más turbulentas de Sinaloa: aquella en la que política, instituciones de justicia y crimen organizado terminaron cruzándose alrededor de una misma finca y durante una misma mañana.
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