En una entrevista para con el periodista Óscar Balderas, el exgobernador Rubén Moreira Valdez reveló una serie de situaciones relacionadas con la seguridad que se presentaron durante su sexenio. En virtud de la relevancia de sus declaraciones transcribimos el texto completo de la entrevista.
En el año 2011, Los Zetas estaban en la plenitud del poder. Se habían separado exitosamente de sus creadores el Cártel del Golfo y se habían instalado en Coahuila buscando nuevos bastiones con salida hacia Estados Unidos. Para entonces, su poder ya era innegable.
La masacre de Allende y la toma del penal de Piedras Negras los hacía ver como un grupo criminal invencible.
Ese año también hubo un cambio de gobernador en Coahuila. Salió Humberto Moreira y entró su hermano Rubén, quien cargaba con una estrategia diferente para expulsar a Los Zetas del Estado: golpear sus finanzas a partir de bloquear los negocios aparentemente pequeños. Y así comenzó un cerco económico contra la gente de la última letra. Perdieron casinos, table dance, deshuesaderos, gasolinerías. Hasta que finalmente empezó su desaparición.
Hoy Rubén Moreira está en ‘Esquina Balderas’ para contar su experiencia. Cómo es gobernar una entidad atenazada por el crimen organizado. El impacto personal del asesinato de su sobrino a manos de Los Zetas y las estrategias que implementó para empujar a ese grupo criminal hacia su casi extinción.
Es Rubén Moreira, actualmente diputado federal y exgobernador de Coahuila. Rubén, muchas gracias por estar aquí, qué gusto.
No, al contrario, gracias por la invitación y, pues, estamos a la orden.
A ver, para quienes no sepan, ¿en qué estás en este momento?, ¿qué estás haciendo ahorita?
Pues soy diputado federal, estoy acá en la 66 Legislatura ahora; coordino la fracción parlamentaria del PRI, a esto me dedico en este momento.
Una chambita de 24 horas, ¿no?
Pues sí, y más en estos tiempos que hay tantos acontecimientos: que viene en los próximos días todo el paquete económico, la primera de ingresos, luego egresos, que está mezclado con temas de otro tipo. Por ejemplo, la nueva legislación de amparo, el tema de la ley aduanera que parece que al gobierno le urge; una legislación en materia de extorsión general, ya pasó la reforma constitucional y ahora parece que quiere una ley general. Hay muchas cosas justo al cierre del año.
Oye, justo este tema, lo aduanero, evidentemente, va a tener que pasar por el tema de huachicol fiscal, que es el tema, digamos, de moda, la trama judicial que nos tiene a todos muy atentos; el tema de la extorsión sin duda es uno de los grandes males, un freno de mano que tiene este país. Y tú tienes mucha experiencia en eso, y quisiera entrar de lleno a la conversación y la razón por la cual te he invitado, y es que nos ayudes a contarnos tu experiencia y las enseñanzas que te dejó gobernar Coahuila, un estado sin duda retador. Yo siempre pienso en Coahuila como un estado que en realidad son muchos países, podrían ser muchos países pequeños, nada tiene que ver el norte de Coahuila con la parte del sur, ni los extremos oeste y este. Pero quisiera preguntarte, regresemos a tu etapa como entonces gobernador electo de Coahuila, ¿de qué año estamos hablando? Y, ¿cómo recibes tú Coahuila en términos de crimen organizado?
Estamos hablando de diciembre de 2011 a diciembre de 2017, ese periodo son los seis años. Es un mal momento para empezar a gobernar porque no tienes presupuesto de inicio, ya se agotó el que estaba ejerciéndose o está por agotarse, y tienes que esperar un mes, dos, para que empiece a recaudar el estado y volver a tener dinero para hacer tus acciones. Fue un inicio como todos en esos días, pero con tres complejidades creo yo.
La primera, una deuda grande que ahí estaba. La segunda, el tema de la inseguridad terrible. Y la tercera, no muy buenas relaciones con el presidente Calderón, del priismo y en particular del PRI local, y, al final del día, había que trabajar con él.
La violencia era muchísima, yo había tenido poca experiencia en temas de seguridad, pero había padecido dos, tres asuntos del tema.
¿A tí personalmente?
Pasó algo interesante, pero preocupante en el trayecto del municipio de Viesca a Matamoros.
Yo todavía no era gobernador, y la Policía Municipal nos siguió con pretensión de detenernos. El chofer –que todavía me ayuda, que, además, es guardia, al cual además respeto mucho–, llegó un momento en que me dijo: ‘No nos vamos a parar, agárrese’, porque pusieron la camioneta enfrente; maniobró, la patrulla se quitó hasta que llegamos a Torreón, y ya le habían avisado a la gente del alcalde de Torreón, y ahí nos hizo una especie de protección para quitarnos la persecución que traíamos.
Había padecido también en algún momento en una esquina de Saltillo, donde un jovencito, todavía lo recuerdo, un domingo a las tres de la tarde, muy sola, pues pasaron como jugando, pero se asoman muchachos, y desde la camioneta nos apunta, a quienes estábamos ahí detenidos, no sabía quiénes éramos, nos apunta con una pistola. Ya habían pasado los acontecimientos de Allende.
La masacre de Allende, que es cuando, déjame hacer memoria, recuerdo que son los hermanos Treviño Morales, el ‘Z-40’ y ‘Z-42’, los que ordenan encontrar en Allende a un supuesto delator, que había entregado los números pin de las Blackberry de Los Zetas y por esa venganza es que comienza esta masacre, que algunos calculan en 300 muertos.
Sí, salió esta cifra de 300, pero si quieres un rato más, platicamos una parte específica de eso. Ya había sucedido, pasó unas semanas antes de que empezara la campaña electoral. La verdad, no obstante, que Allende no está en un lugar remoto, no se difundió mucho, hasta que una publicación nacional sacó fotografías.
En la campaña, el día que yo fui, había mucha tensión, muchísima tensión, muy tenso, eso fue, si mal no recuerdo, un 18 de marzo, un 17, 18 de marzo, fueron esos acontecimientos terribles.
Ya habían pasado esas situaciones, y había pasado otra cosa, en la campaña, todo el mundo te decía: ‘No te metas en materia de seguridad’. Los asesores te dicen: ‘No te metas en materia de seguridad’. La gente que promueve temas de marketing te dicen: ‘No te metas en temas de seguridad, porque a Calderón no le estaba yendo bien’; (Felipe) Calderón llevaba ya cuatro o cinco años en el gobierno y no estaban bien las cosas, Calderón también había tenido un problema en el 2009, en términos económicos…
En la crisis económica…
Había perdido todo, me había llevado a mí a ganar la elección en un distrito de Saltillo, con el 76% de los votos porque había un gran rechazo entonces al Partido Acción Nacional. Había mucha violencia en todo el país, yo había formado parte de aquel grupo que dio seguimiento al michoacanazo [detención de alcaldes y altos funcionarios por presuntos vínculos con el crimen organizado, ocurrida en 2009].
Yo era diputado federal, había sido presidente de la Comisión de Derechos Humanos, y había sido presidente del grupo este trabajo que dio seguimiento al michoacanazo. Entonces te decían los asesores: ‘No te metas en seguridad, mira la encuesta te va a hacer que ganes, por la misma inercia que hay, pues enojo con el presidente Calderón y con su partido, no te metas en eso’.
En el discurso inicial de campaña, yo planteé todo lo que iba a hacer, de tal manera que mi opositor no pudiera decir que iba a hacer otra cosa; entonces hablé igual de deporte, que igual de cultura, que igual de infraestructura, y en uno de los párrafos estaba el tema de la seguridad: volteé yo al público y yo no veía que hubiera, pues digamos…
Mucha emoción…
Estaban seguros que iban a votar por mí, pero vi que al final de la página venía el apartado de seguridad, y cuando llego ahí utilicé una frase, que no es mía, ni se diseñó para esa campaña, es más nunca había dicho de qué campaña es, y no era de ese tema, era de una campaña de Yunes que yo había visto en Veracruz, que él decía ‘Del deporte me encargo yo’, ‘De la infraestructura me encargo yo’, en su campaña, en otro momento, incluso había perdido la elección. A mí se me vino a la mente decir: ‘De la seguridad me encargo yo’.
¿Y la multitud qué tal?
Se pararon todos a aplaudir, y un aplauso más fuerte, y eso marcó mi sexenio. Empiezo el 1 de diciembre [de 2011].
Déjame ponerte una cuarta dificultad, habías nombrado tres, yo veo una cuarta: que tu antecesor era tu hermano [Humberto Moreira Valdés].
Sí, hubo un interino en medio de nosotros, de hecho a él [el gobernador interino, Jorge Torres López] le toca la masacre de Allende.
Bueno, también mucha gente lo sabe: la relación con mi hermano no terminó exactamente bien, ni está exactamente bien por un acontecimiento que también sucedió.
Empiezo el 1 de diciembre, va Poiré allá.
Francisco Blake Mora
¿Alejandro Poiré?
Al cual no lo vuelto a ver, pero tuve una buena relación institucional. Había muerto [Francisco] Blake, cuando fui yo gobernador, perdón, gobernador electo o candidato, yo había tratado con Blake.
¿Que era secretario de Gobernación [que murió] en otro accidente de aeronaves?
Sí. Te cuento que el día que él [Francisco Blake] muere, un día antes habían asesinado a un sobrino del gobernador interino [Jorge Torres López]; entonces yo estaba acá en la Ciudad de México, y le marco [a Blake] para verlo, y me dice: ‘Mañana te veo’, así quedó, me habla temprano y me dice: ‘Voy a Morelos y de regreso te busco’. Me fui yo a un restaurante aquí de la Ciudad de México, por Reforma a esperar, y ahí en la pantalla vi que había muerto Blake, le marco, pues obviamente no contesta, vi el accidente, entonces le marco y ya no contestó, le marqué a su secretario y estaba conmocionado.
Pero bueno, el 1 de diciembre va a Poiré, y el 1 de enero, no, el 25 de diciembre, va familia de mi esposa a Saltillo, y pues se me hizo fácil invitarlos a Palacio de Gobierno, fuimos a Palacio de Gobierno, nos fuimos a la plaza, a un museo que estaba abierto y ahí me despido de mis hijos y le doy rumbo a mi casa, que es al norte de la ciudad.
Antes de llegar a un cruce importante, que es el bulevar Colosio y el bulevar Eulalio Gutiérrez; de repente veo una escolta que se adelanta y que casi se sale por la ventana, y me hacía señas que me parara. Nos detuvimos. La camioneta es blindada y vi yo que corría gente por todos lados, y que se empezaban a pertrechar en un lado. Había un enfrentamiento que se estaba dando en la esquina del fraccionamiento donde vivo. Ahí me detuvieron, fue rápido. De repente me dicen pase, entramos al fraccionamiento, volvemos ahora a la casa, y antes de imaginar, se llenó ahí de tiradores, y de todo esto, porque se veían los disparos, se veían los disparos en esa esquina.
Después supimos que el convoy de los delincuentes se topa con la escolta que iba más adelante y esa escolta iba a checar el lugar y se iba a regresar, y ellos reaccionan como si lo estuvieran atacando, y ahí se hace una balacera terrible, continúa la balacera por otras partes de la ciudad. Mis hijos escuchan en el radio, están atacando a 1001, 1001 es la clave que reciben los gobernadores. Me empezaron a hablar colaboradores, se escuchó en la parte de la ciudad, y el día 1 de enero del 2012, voy al Congreso y digo un discurso donde digo: ‘Tenemos que combatir el crimen’, ese fue mi compromiso, es un discurso que está ahí en el Congreso, sentí miedo de mucha gente, miedo que se repitió en el futuro porque yo empecé a hablar de los criminales.
¿Aquella balacera te cambió el plan de gobierno?
Yo creo que me empujó a precipitarlo, a combatir el crimen.
¿A darle prioridad al tema?
Sí, a combatir muchas cosas. Yo no sabía exactamente qué hacer, pero, bueno, vas entre preguntando asumiendo temas de lógica. Cuando estudias la lógica de cómo se financia el crimen, dices, hay que cerrar esto, hay que cerrar lo otro, hay que cambiar las policías; una policía completa se había mandado con pruebas de control de confianza, la de Torreón, y había quedado solamente una persona registrada. Luego hicimos lo propio en Monclova, a cambiar algunos alcaldes, también tuve la solidaridad tremenda de otros alcaldes, entre ellos Jericó Abramo Masso, de Saltillo, que le entró a esto con dinero para los policías y con la voluntad.
Yo me acuerdo que por aquellos años Los Zetas habían diseñado una cosa terrible que se llamaba la clave Sierra 92, y esa clave era cuando veían un vehículo que tenía placas foráneas de Coahuila y había dos o más hombres jóvenes, los policías municipales se inventaban una infracción: exceso de velocidad, no traes el cinturón, lo que sea, los orillaban, y entonces les aplicaban la clave, y era identificar si no eran contrarios. En ese momento, te acordarás, había una pelea muy dura contra el Cártel de Sinaloa, y entonces si había sospecha, solo la sospecha de que pudieran ser contras, se les desaparecía, y eso operaba en prácticamente todas las policías municipales. ¿Te sorprendió a ti el nivel de infiltración que tenía el crimen organizado cuando llegas, cuando son tus primeros meses como gobernador?
Sí, me sorprendió. Los Zetas llegan a Coahuila en el 2004, o sea, dos sexenios antes.
Avanzaron de pronto, al tiempo te das cuenta que ellos se habían separado del [Cártel del] Golfo, te das cuenta que estaban buscando una salida hacia la frontera, te das cuenta que no tenían nadie que lo resistiera en Coahuila.
Entonces ocupan la zona de Allende, de Piedras Negras, y te das cuenta, después de muchas cosas que pasaran desapercibidas o uno no veía, que el Estado no estaba preparado para ese tema, nunca lo estuvo, no teníamos una buena policía desde muchos sexenios antes, porque no se ameritaba, tal vez.
Ellos [Los Zetas] avanzaron rápidamente y toparon en la Comarca Lagunera, pues con el Pacífico, ya ves que tiene muchas vertientes de nombres ahí el Pacífico. Chocaron con el [Cártel del] Pacífico.
En la campaña algún incidente tuve, donde me dijeron: ‘Hay que retirarse porque hay gente armada en los cerros’; y, bueno, pues así estaba, son los dos carteles, más derivaciones luego que había ahí.
Los Zetas avanzaron, y ocuparon el norte, pero luego ocuparon todo el Estado, y en Saltillo también hubo un tema complejo. Este mecanismo se repetía en todo el norte del país, si tú ibas a Monterrey, pues había una patrulla ahí de Santa Catarina o de San Pedro que te paraba por alguna razón y te preguntaba dónde ibas o qué ibas a hacer, a la mayor parte obviamente la dejaban pasar. Si tú pasabas por un lugar que se llama Castaños, que estaba un poquito antes de Monclova, pues también.
Tú vas atando cabos de todo y entonces planteamos una estrategia que nosotros le dijimos multidimensional, es decir hay que atacar al crimen desde muchas vertientes, desde el empleo hasta la educación, hasta las fuentes de financiamiento, que pueden ser muchas, y que hoy en la actualidad son muchísimas más que antes, me refiero al país.
La parte justamente de atacar esas finanzas a mí es una historia que cuento mucho, porque me parece que el tema de lo que pasó en Coahuila es un modelo que deberíamos replicar en todo el país, me parece que es el único modelo que se ha sostenido en el tiempo, está el modelo, por ejemplo, de seguridad de Juárez, que siempre es volátil, el de Tijuana, pero creo que sobre todo el de municipios como Torreón, me parece que es bastante interesante. Antes de llegar a esta estrategia para cortarles el dinero a Los Zetas y empezar a ahorcarlos para que salieran del estado, quise preguntarte el tema de las cárceles, que también fue una estrategia dominante de Los Zetas: apoderarse de las prisiones para convertirlos en centros de operaciones y desde ahí mandar, pero incluso entraban y salían de prisión, era una corrupción brutal y grosera. ¿Cómo encuentras las cárceles tú en Coahuila?
Yo tomo conciencia, al principio das de cuenta que estás en medio de una tormenta, te empieza a suceder de todo. De todo tipo de cosas: ejecutados, personas desaparecidas, que es una experiencia también interesante, pero tomo conciencia el día que hay una gran fuga de reos del Cereso de Piedras Negras: se fugan 132.
Yo venía en un avión, creo que era de Aeromar, de aquella línea que existía, tardaba como dos horas en llegar acá a Ciudad de México. Yo me despedí del aeropuerto, pues bien, y cuando aterricé íbamos en el camioncito este que luego te traslada, me dice uno de los secretarios: ‘Oiga, pasó esto’. Llegas ahí a un área y empiezas a platicar. Se fueron 132. Me acuerdo que Poiré me dijo: ‘Oye, ¿por qué no fueron más?’ Dije, porque no se quisieron ir, maestro. Se fueron todos. Pero 132 es la misma cifra del incidente que hubo, creo que en la Ibero, ¿no? Entonces era una cifra que estaba muy presente. Yo en la soledad tomé conciencia rápidamente de lo que estaba pasando. Ya la ofensiva del gobierno para terminar con Los Zetas era muy grande.
Ya ellos tenían muchas bajas, tenían muchas deserciones, no tenían tanto dinero. Y la decisión, es mi hipótesis central, que tomaron fue ir a la cárcel y reclutar. Una cárcel donde después te das cuenta que ahí vivían, una cárcel donde te das cuenta que ahí ejecutaron personas que entraban y salían, una cárcel que, en teoría, no debe tener esos problemas porque el gobierno anterior había tomado otro modelo de seguridad. Cuando al gobernador anterior [Humberto Moreira Valdés] empiece a enfrentar el crimen, deciden que sean militares en retiro los que estén en todas las posiciones y se acordó con la Sedena…
Pensando que las Fuerzas Armadas son menos propensas a corromperse, ¿no?
Sí, y pensando que el nivel de violencia se podía enfrentar mejor con un militar. Ya había habido homicidios de militares, pero la gente estaba tranquila con ese modelo de decir, bueno, pues son los militares, ustedes no cargan.
Pues se van 132 [del Cereso de Piedras Negras] y entonces empieza, primero, a buscarlos; muchos fueron encontrados rápidamente, otros no se querían ir, la verdad, sabían a lo que iban y empezaron a regresar. Y creo que al final del día faltan de capturar, creo que 10 de ellos, algo así, o de que fueron abatidos algunos otros, pero era básicamente reclutarlos. ¿Y de dónde los sacaron? Pues de la cárcel.
Qué locura que las cárceles fueran centros de reclutamiento, de adiestramiento y además de exterminio en algunos casos.
Sí. Cuando empezamos, viene la otra experiencia. Empezando el sexenio inmediatamente, como yo he sido presidente de la Comisión de Derechos Humanos, pues a recibir a las familias de personas desaparecidas. Y en la primera experiencia, ya cuando los tienes a todos, pues descubres que eran más los desaparecidos que los que eran buscados.
Le preguntas a una señora, oiga, esto es textual, espero que me lo perdonen: ‘Oiga, señora, ¿y su hijo cómo desapareció?’ Ah, pues iba de acá a acá. Ah, muy bien, ¿iba solo? ¿No, mire, iba con su jefe, o un empresario por ahí, y un chofer’. Muy bien, ¿y aquí está la familia de ellos? ‘No, no está’. Entonces les dije: ‘Oye, pues son mucho más que los que están viniendo acá’. O sea, el desaparecido, en medio de la tragedia, tiene una fortuna cuando alguien lo busca, la fortuna de que lo busquen. Pero puede ser un desconocido, un migrante, alguien que no saben dónde está.
O por miedo, simplemente no quieren denunciarlo, asumen la desaparición como, ni modo.
Y entonces nos empezamos a juntar cada mes, un tema que todavía sigue en Coahuila, lo continuó Miguel Riquelme y Manolo Jiménez lo continúa. Entonces salió mucha legislación y mucho aprendizaje porque pues terminas aprendiendo muchísimo de lo que está sucediendo, terminas borrando desconfianzas, también se hacen enconos, luego en todo esto, pero lo primero es saber cuántas personas habían desaparecido.
Y empiezas a darte cuenta pues del terrible fenómeno que es la violencia en esas circunstancias. Y en eso salió las ejecuciones dentro del Cereso de Piedras Negras, que hicimos una gran investigación, una investigación muy grande, un pedacito del Río Bravo que incluso se dragó para tratar de encontrar restos.
Hay una pared que a mí me tocó verla, una pared como manchada, que nunca se pudo quitar, alguien decía que era grasa. Terrible. Me tocó ir al final del sexenio a ese Cereso, a una ceremonia estas de matrimonios de reos, lo vi y la gente te lo contaba.
La grasa, como lo que llaman los forenses ‘emulsión orgánica’, los cuerpos disueltos, lo que queda, digamos, con un cuerpo sometido a ácido o calor extremo.
Y tú hablabas con ellos y te decían los reos: ‘Se recuperó el Cereso porque no podían venir a visitar nuestras familias porque las acusaban Los Zetas, porque nos golpeaban, nos mataban, o porque nos sacaban a delinquir’.
Esto también yo lo aprendí de alguna manera, porque en la Comarca Lagunera, tiempo atrás, hubo ciertos homicidios que se cometían y no encontraban quién era, pues era un reo que estaba dentro del Cereso de Gómez Palacio, entonces no lo encontraba porque se salía. Entonces vas aprendiendo y tienes que ir actuando.
Yo cerré el Cereso de Sabinas. ¿Por qué? Porque te distrae tener tantos, los juntamos en Piedra Negras; cerramos el de Acuña. Entonces, ya con poco dinero puedes hacer más cosas.
Claro, y focalizar tu atención en menos centros. Quiero, antes de llegar a la parte de la estrategia para sacar a Los Zetas, preguntarte porque esta violencia te tocó familiarmente, te tocó personalmente, y fue el asesinato de tu sobrino [Eduardo Moreira]. Quería que me contaras, Rubén, cómo fue esa experiencia y cómo fue además para ti tener que dar la noticia a tu familia de lo que había ocurrido.
Es bastante difícil. Creo que un mes antes del acontecimiento, me habló el cónsul americano en Monterrey, un hombre que hablaba español. Y cuando me hablan, estaba yo aquí por el aeropuerto de la Ciudad de México, en un restaurante que está enfrente, iba yo para Saltillo. Y me dicen: ‘Le habla el cónsul’, me pasan el teléfono y me dice: ‘¿Puedo utilizar un traductor?’ Le dije, sí, claro. Me llamó la atención porque yo rápidamente había pensado, que tenía que ver algo de temas comerciales, porque él venía de un sector comercial. Y me dice: ‘¿usted va a ir a Piedra Negras el viernes?’ Sí. ‘¿Sus camionetas son así y así?’ Sí. ‘Lo van a matar el viernes en Piedra Negras. Los Zetas van a sustituir sus camionetas, está todo preparado. Nos dice una estación de nosotros, nos dice esa información’. Me dice: ‘Oiga, cuídese’ y nos despedimos.
Le pregunté: ¿le puedo comentar a las autoridades mexicanas? Yo con cierta desconfianza, después de lo que había pasado en otros lugares. Me dijo: ‘Sí, claro, coménteles’. Entonces le hablé a Poiré, precisamente, le hablé a Poiré y me dijo: ‘¿Dónde estás?’ Acá. Dijo: ‘No te vayas, hospédate aquí, ¿tras algún guardia?’ Sí. ‘Si requieres algo, me hablas’. Pues correcto, entonces me fui a un hotel de aquí de Polanco y ahí me hospedé.
Y al día siguiente me dijo: ‘Vete con Genaro García’, que era el secretario de Seguridad, y ahí había un funcionario norteamericano y me leyeron lo que iba a pasar y pues coincidía con el lugar a donde yo iba a ir.
¿Era un complot para asesinarte?
Sí, era el lugar donde yo iba a ir y todo, pues ya, obviamente no fui.
Y bueno, reforzamos la seguridad y me entrenaron un poquito a mí en que distinguiera quiénes eran policías de nosotros, porque pues con tantas cosas de repente, empezamos a hacer pruebas de confianza a las policías, retiraron a algunos que no eran aptos de la guardia.
Y eso se repitió en uno de los diciembre: iba yo a Piedras Negras, a punto de volar a Piedras Negras; en Coahuila se tiene que usar a veces el avión porque está a 500 kilómetros, y aparte por los atentados y todo eso. Y me dijeron: ‘En el público, hay gente para… unos sicarios, lo van a matar’. Entonces ya esa vez tampoco fui.
Esto lo primero pasó unos dos meses antes, tres meses antes [del asesinato de Eduardo Moreira]. Se lo comenté al exgobernador [Humberto Moreira] lo que me había sucedido. Y un día, estando yo en la Ciudad de México, ya había ganado la elección el licenciado Peña Nieto. Llegué al hotel y llegué ahí a la oficina. Ahí me informan que hubo un enfrentamiento en Piedra Negras, una cosa que pasaba ya todos los días, y que ya habíamos tenido un enfrentamiento que fue muy importante en el área de Allende, Coahuila. Ya había un enfrentamiento antes ahí. Pues ya bien, hubo varios abatidos. Así quedó. Y de repente alguien dijo, parece que es un sobrino de uno de Los Zetas, pero así quedó.
El día siguió normal: vi yo a un expriista que traía un proyecto. Y cuando iba de regreso a Toluca, porque esa vez sí vino en un avión que rentaba el Gobierno del Estado, iba yo a Toluca y me habla un alcalde, con el cual había hablado en la mañana, me había saludado. Me habla un alcalde y me dice: ‘Mataron a Lalo. Mataron a Lalo’. (Eduardo Moreira Rodríguez) Nunca pensé que fuera mi sobrino. Había un alcalde que se llamaba Eduardo. Yo pensé en él porque estaba combatiendo mucho el crimen. Fue tan rápido que me dijo ‘Mataron a Lalo’. Y donde me dijo dónde estaba su cuerpo, se trata de mi sobrino. Eduardo es hijo de un hermano mío, que fue gobernador, y había vivido conmigo aquí en la Ciudad de México un tiempo.
¿Muy cercano a ti?
Sí, había vivido un tiempo conmigo. Un muchacho formidable, que quería hacer política y que por eso se había quedado en Acuña, Coahuila. Lo matan y pues tengo que hablarle a su papá. Obviamente, ya te vas a imaginar cómo se puso, cómo se pone cualquiera, yo no lo puedo culpar en eso.
Me imagino, una mezcla de rabia, una mezcla de una tristeza, de una desesperación y de un reclamo, claro.
Un reclamo personal porque eran los tiempos también, y no lo culpo, eran los tiempos donde mucha gente decía: ‘Es que al momento que los combates estás generando más violencia’.
Alguna vez salí yo de Palacio Nacional, me gustaba caminar, de Palacio de Gobierno, me gustaba caminar, y una señora me dijo: ‘Ya no los cocoré, mire cómo está esto, ya no los cocoré’, me dijo una señora.
Mucha gente pensaba que era mejor no enfrentar a los criminales; de hecho en su disgusto, decía eso él [Humberto Moreira], decía que eso [la muerte de su hijo] pasaba por la estrategia nueva, donde el Estado se estaba haciendo cargo, ya no los militares, en fin.
Le hablé a mi esposa, ella es hidalguense, ella vive normalmente acá en la Ciudad de México, y se fue al aeropuerto a alcanzarme.
Me habló en ese momento el obispo de Saltillo, don Raúl Vera, me habló, con el que hay días que tengo buenas relaciones y días que tenía malas, pero me habló.
Un obispo muy militante.
Sí. Me habló y me dio su solidaridad.
Me habló inmediatamente el presidente Calderón, lo sentí muy conmocionado, muy conmocionado lo sentí; dijo: ‘Mañana están en Saltillo todos contigo. Y me habló el presidente Peña, también, inmediatamente.
Fue muy duro. Al día siguiente, mi hermano… me pidieron o me exigieron que no estuviera yo en el velorio. Cuando llegué yo a Saltillo estaban algunos de mis colaboradores, me fui a Palacio, hablé con los que estuvieran. Fue una conmoción terrible.
Y al día siguiente, mientras estaba el velorio en Acuña, Acuña está unos 550 kilómetros de Saltillo. Cuando estaba ahí, llegó pues todo el mundo, todo el mundo, subsecretarios o altos funcionarios de la Marina, altos funcionarios de la Defensa, altos funcionarios de la Policía Federal, que entonces existía, ahí estuvieron conmigo y se trazaron rutas. Ya para en la noche tenían ubicados algunos de estos personajes que habían sido [responsables del asesinato]. Y pues así fue ese día, ese día terrible. Amigos gobernadores me hablaron de inmediato, algunos fueron a ver al exgobernador.
Y el domingo, pues era una conmoción terrible, porque además tenía yo un problema político porque el exgobernador estaba totalmente conmocionado. Yo no lo puedo culpar de eso. La esposa, la viuda también, haciendo declaraciones. Estábamos en la casa platicando de cosas.
Antes, cuando yo salí de mi habitación, dejaban un planito que yo pedí, donde había habido incidentes de violencia. De tal manera que uno iba viendo rápidamente, pues el Estado siempre estaba con bronca. La primera vez que salió en blanco, dije: ‘Mira, la primera vez que está en blanco’. Pero ese día salí y estaba ahí el plano y lo agarré, bajé a la oficina y estaba ahí el fiscal y estaban algunos otros funcionarios. Y le dije: ‘Oye, este enfrentamiento o esta balacera que se dio aquí, no está muy raro en el Progreso, Coahuila’.
¿En la que mataron a Lalo?
No, en la que mataron a ‘El Lazca’. O sea, después de lo de Lalo, viene de ‘El Lazca’. A lo mejor estoy perdido en uno o dos días. Pero, ¿qué fue? Y me acuerdo que me dijeron: ‘No, pues este, un enfrentamiento de la Marina.
Ah, muy bien. Y entonces le pregunto yo: ‘Es que trae muchas armas’, o traía, se me hizo raro, traía dos, tres armas. Pues, ¿qué es esto? Entonces me contestaron: ‘Bueno, pues tal vez era un correo que llevaba armas’. Así quedó. Habíamos quitado toda la Policía de Progreso. Y así quedó. Al rato me dijeron: ‘Oiga, la Marina está pidiendo un ministerio público’. Pues que vaya el ministerio público.
Y así quedó. Al día siguiente, los empresarios, un grupo de empresarios, me invitaron a platicar conmigo y fue en la Ciudad de México. Yo estaba acá en la Ciudad de México, en la Terminal 2. Ahí nos vemos. Yo sentí que iban a darme su apoyo para que yo no me echara para atrás en la lucha contra el crimen. O sea, yo sentí que alguien les dijo: ‘Si no lo apoyan este va a echarse para atrás y vamos a perder lo ganado’, entrecomillado ganado. Y estábamos en eso y me entra el mensaje. Me decía el fiscal: ‘Oiga, ¿se acuerda del cadáver de ayer? Sí. Pues resultó que era ‘El Lazca’.
Uf, Heriberto Lazcano Lazcano.
Y entonces le dije [a los empresarios]: ‘Permítanme salir’. Le dije [al fiscal]: ‘¿Cómo me estás diciendo eso? Sí. Dije: ‘Asegura el cuerpo’. Dijo: ‘No, pues por eso nos dimos cuenta, porque se robaron el cuerpo’. Se robaron el cuerpo. Hay que poner las cosas en su lugar también. En esos lugares, pues no hay semefos o no había en ese momento y se hacían las autopsias en las funerarias.
Era muy sencillo entonces robarse el cuerpo con tres personas, cuatro, te podías robar el cuerpo.
Sí, claro, y más en esos momentos. Pero además estaba en calidad desconocido porque él no traía ninguna identificación. La identificación la traía otra persona, el otro, porque fueron dos personas abatidas. Pues si lo había abatido la Marina, había ido al Ministerio Público y nadie lo había reconocido, pues ahí estaba en calidad desconocido, esperando que alguien reclamara el cadáver. Se lo robaron. ‘Pues ya le hablaste a la Marina’. No, ya va la Marina para allá. Ah, caray. Pues déjame, le hablo a Poiré.
Le hablé a Poiré y me dijo: ‘¿Estás seguro?’ Le dije: ‘Pues sí, chécalo con la Marina, es lo que me están diciendo’. ‘¿Cómo sabes?’ [dijo el secretario de Gobernación] Dije: ‘Porque nosotros estamos utilizando Plataforma México. Cuando se lo robaron, el fiscal dijo: ‘Metan las huellas en Plataforma México’ y saltó, porque Heriberto Lazcano había sido miembro del Ejército Mexicano. Entonces tenían ahí, sus generales como luego se dice.
Ya no me regresé, me fui al hotel aquí en la Ciudad de México. Una cosa que poco he comentado pero te la voy a comentar, pasó otro incidente. Estando yo acá en el hotel me habla una de mis hijas y me dice: ‘Papá, se está metiendo gente armada a la casa’, ella vivía en Pachuca. ¿Cómo que está metiendo gente armada? ‘Sí, papá, estamos escondidas en el clóset. Ella y la muchacha que ayudaba a ella a la casa. ‘Estamos escondidas en el clóset, papá’. Espérame y hasta le colgué y le marqué al señor gobernador [de Hidalgo], dije: ‘Me está pasando esto. Dijo: ‘No te preocupes, va para allá todo el mundo’. La historia fue que la Marina andaba buscando el cuerpo. Fíjate la coincidencia, como el Lazca era de Hidalgo, de Pachuca para ser claro…
De una zona llamada Tezontle…
Tezontle… Pues empiezan a revisar las colonias y cuando llegan a la colonia, que es una colonia cerrada, donde vivía esta muchacha, o sea mi hija, pues le tocan a la puerta: ‘Usted no ha visto algo raro’. Dijo: ‘Sí, cómo no, en ocasiones hay guardias’ y se fueron a esa casa, parece ser que se equivocaron de casa y eso dio chance a que se aclarara un poquito y sacaron a las personas de la otra casa. Le hablo yo a uno de los almirantes, creo que era el subsecretario y me dice: ‘¿Qué quebramos?’. La confianza, la confianza, dije. Dijo: ‘Es que andamos buscando, me aclaró andamos buscando el cuerpo’.
No, tú estabas con los nervios desechos…
Desechos y pues esa la historia del Lazca. Yo tengo una hipótesis de qué sucedió, seguramente cremaron el cuerpo en algún lugar, porque ya no se volvió a saber del rastro, pero si vas a Pachuca y vas al panteón, pues hay algo que no cuadra.
Gracias por contarme la Rubén, quiero ahora llegar a la parte que a mí me entusiasma mucho, tenemos todavía unos 15 minutitos para platicarla, que es la decisión de ir tras las finanzas de Los Zetas, y aquí me parece muy interesante porque ustedes en el Gobierno de Coahuila toman un enfoque distinto, piensan en el cártel como una empresa criminal y a las empresas hay que pegarles en las finanzas y las quieres desaparecer, y a mí una de las cosas que más me parecieron interesantes, es que tú comienzas a hacer tres movimientos claves: el cierre de los giros negros, otro, las maquinitas tragamonedas, ustedes las empiezan a confiscar, y un tercero que también me gustaría que me contaras, de dónde surge la idea, es ponerle lupa a las gasolinerías en el estado.
Yo soy abogado. Soy profesor también. Y tengo una profesión que te va a llamar la atención, también estudio teología. Cuando estudié para profesor, estudié ciencias sociales, y en aquellos tiempos el marxismo estaba de moda, entonces decía que hay cosas en la estructura económica que van determinando, y bajo esos principios, que luego me decía que estaba muy locochón lo que pensaba, pues de dónde están sacando el dinero, seguramente y, estoy cierto, que las grandes cantidades de dinero que se sacan y que van a cuentas, yo siempre he dicho en Suiza, pues dañan al país, pero esas no sostienen la actividad criminal que está dándose en el lugar, porque lo que bancarizaron no lo van a regresar necesariamente.
Entonces yo les dije: tenemos que pegarle a lo que le está dando el día a día, el dinero, de dónde están sacando el dinero. Una parte de la droga, entonces empiezas a poner los retenes, a poner más policías, a invitar más al Ejército, hicimos cuarteles, todo eso. Otra parte de la recluta de personas, entonces yo tengo mi hipótesis de por qué se complicó el país en algunos lugares, y que es producto, ahí sí, del neoliberalismo, después lo platicamos, entonces a poner escuelas, a traer más empleo, en fin, pero no hay dinero que se está moviendo todos los días, entonces a veces daba yo instrucciones de: ‘A ver, vamos a salir a buscar a todo aquel que ande vendiendo droguita, como le dicen, y me lo van a…’ es que van a salir en tres días, que salgan en tres días o en cuatro días por el amparo y por todo eso.
Ahora vamos a cerrar todos los giros negros, y junto con eso, la venta del alcohol se va a controlar, y yo mismo hice el reglamento hasta qué hora se vendían las tiendas, hasta qué hora se vendían los súpers, hasta qué hora se vendía en las cantinas, y a las dos de la mañana, después no se puede vender…
Los tabledances los cerraste…
Eso es para siempre, eso es para siempre. Los palenques, las peleas de gallos, algunas ferias como la de piedra negra, se cerraron, por qué, porque de ahí se estaba moviendo y financiando.
Y lo del alcohol es bien importante porque ellos vendían alcohol a las 24 horas, en lugares como Acuña, entraban a las casas de las personas y les decían, usted no nos compró el alcohol, porque la botella no trae el sello de ellos, por eso mucha gente empezó a hacer las fiestas en Estados Unidos, la ceremonia religiosa en México y la fiesta en Estados Unidos, por qué, pues porque alguien en la fiesta, un mesero avisaba que el alcohol no era del autorizado. Entonces empezamos a hacer eso, y con otros productos también, empezamos a detectar que había refresco echado a perder, caduco que se vendía, entonces empezamos duro contra todo eso.
Recuerdo que también, y uno de los que también me gusta mucho como estrategia, fue el cierre de los deshuesaderos, de estos lugares donde te venden la refacción de coche, y evidentemente cuando vas con el dueño le dices, a ver, dame la factura de eso que me vas a vender, pues no tiene.
Entonces le pegamos muy duro a todas las ventas de alcohol, unos que les decían puntos, yo tengo la certeza de que eran propiedad de ellos, pues todo el ingreso, porque a lo mejor era mercancía robada, todo el ingreso, y hoy mismo hay un estudio del Colegio de México donde nos dice que la venta de cigarros en una buena parte del país ellos la tienen, entonces son ingresos grandes.
Luego, pues a los casinos, ya había pasado el tema de Monterrey [el incendio en el Casino Royale], y había un antecedente ahí en Saltillo que se perdió, antes de que yo fuera gobernador, de un atentado a Caliente, donde mataron a dos personas. Entonces a cerrar los casinos, a cerrar los palenques, a todo eso lo cerramos, y luego a dialogar con la policía cuando había robos, por ejemplo, de autopartes, hasta que dijimos pues todo esto lo están traficando en los yonques, pues a cerrar los yonques. Y eso generó que tampoco que ya no hubiera robos de vehículos, entonces fue irles quitando ingresos de muchos tipos, y la misma persecución que haces, pues los alejó de sus ranchos que tenía, porque compraban ranchos muy grandes, las carreras de caballos eran un lugar de violencia, terminaron a balazos, pero además yo sé, y todo el mundo lo sabe…
Los caballos…
Los caballos eran un negocio, y ves tú las detenciones en Estados Unidos, de gente relacionada con eso, pues a cerrar las carreras parejeras. Me reservo el nombre de un gobernador de otra parte del país, que un día me dijo yo voy a las carreras parejeras, y dices, ay caray, cómo es posible que vayas a eso.
A eso y a perseguirlos a ellos, y a compartir información, se compartió mucha información. Cuando llega Peña se comparte mucha información. Hubo unas detenciones en Torreón, de los dos carteles, pero se dieron todas como en dos, tres días, más de 60 personas, y eso hizo que bajara la violencia, entonces le empezamos a pegar a los generadores de dinero de estas personas, a cerrar hoteles donde teníamos la sospecha que había algún tipo de relación, a trabajar mucho con Migración.
Yo siempre me daba mucho miedo que un día tuviéramos un San Fernando, me daba mucho miedo, o que los dejaran abandonados en medio del desierto y encontrábamos, como ha pasado en muchas partes del mundo, un tráiler lleno de cadáveres. Entonces empezamos a trabajar muchísimo con Migración, y pues es un diseño geopolítico también para ese tipo de cosas, empezamos a cerrar tianguis junto con autoridades federales, donde se vendían productos pirata, porque también los manejaban ellos, muchos de estos tianguis, entonces fue un trabajo de estarle pegando a sus finanzas.
Hay un estudio que me gusta mucho que hizo Sergio Aguayo y Jacobo Dayán, que se llama
‘Reconquistando» La Laguna: Los Zetas, el Estado y la sociedad organizada’, que justamente plantea que esto –golpear las microfinanzas, la caja chica y la caja grande, de donde sacaban dinero para armas, para municiones, para corromper policías– precipitó el final de Los Zetas. Yo te pregunto: ¿este modelo que tú implementaste y con tu equipo, es replicable para el resto del país?, ¿podríamos aprender de ese modelo y llevarlo a otros espacios en este momento de violencia, de control territorial del crimen organizado?
Sí, con sus adecuaciones, porque hoy está el otro fenómeno, que es la extorsión. Pero, por ejemplo, las maquinitas, cuando te das cuenta del número de maquinitas que había, eran miles, miles, entonces con que saquen mil pesos diarios, tienen 32 millones, pero al fin del mes si son mil, pero eran cientos y entonces las incautamos y las destruíamos y lo hacíamos público, que se viera, ahí hacíamos un poco de espectáculo también para que la gente viera y tratamos de que la Fiscalía General de la República incinerara los productos y que todo el mundo viera.
Las maquinitas y los casinos hacía inmensos, inmensas recaudaciones y la maquinita está trabajando ahí sola. La dejaban y le decían al de la tienda tres cosas, la primera, no la desconectes si es que es eléctrica, normalmente eran de estas mecánicas; la segunda, no desalientes que venga nadie, y la tercera, ten cambio, debes de tener cambio para que el niño que entre tenga con qué jugar, o la persona que entre tenga con que jugar.
Entonces todo eso se puede repetir en muchas partes, claro, ahora hay un fenómeno que es la extorsión, que está dando muchos ingresos a la delincuencia, tantos que yo creo que es mucho más a que en algún lugar específico que la droga, y hay otro fenómeno que nosotros evitamos, porque estaba incipiente, que es el hecho de que el gobierno participe, los gobiernos municipales participen, pero hoy en tierra caliente, por ejemplo, pues los municipios le entregan el presupuesto prácticamente al crimen porque si no los matan.
El ramo 33 es lo que más añoran los criminales cuando van a visitar a los presidentes municipales.
Claro, y lo saben todo, acá en Coahuila que hicimos, bueno primero los jefes de la policía todos a prueba de control de confianza porque el alcalde te decía, me van a venir a matar, me van a venir a presionar, a no pues diles que te lo mandaron de allá y que aquí está la prueba de control de confianza. Luego me di cuenta que se los metían en Protección Civil, bueno pues vamos sobre Protección Civil. Luego me di cuenta que los pasaban a jefe de bomberos, pues quita los jefes de bomberos. Luego me di cuenta que los pasaban a Alcoholes, pues terminaron pasando por prueba de control de confianza medio ayuntamiento y eso evitó que se diera el fenómeno que hoy está en otras partes.
Rubén, se nos está acabando el tiempo, yo me podría quedar contigo tres horas más, pero quisiera hacerte la última pregunta, porque esta experiencia que tú tuviste y la que tienes ahora como diputado federal, te ha permitido tener un panorama muy amplio de cómo está el país y me gustaría mucho tu diagnóstico en este momento, ¿dónde estamos en el tema de seguridad en el país?, haciendo un balance de qué se está haciendo bien y qué se está haciendo mal en este momento tan crucial para la historia de México y la violencia.
Poniéndome la crítica de opositores, yo digo que Harfuch está haciendo bien las cosas, está actuando, lo va a juzgar la historia.
Hay una nueva forma de combatir, que no me gusta que una buena parte de los gobernadores no lo están acompañando por varias razones, primera porque el pasado gobierno quitó muchos recursos, entonces los gobernadores no tienen dinero, no tienen dinero para hacer una universidad, como la que pusimos en San Pedro, Coahuila, porque vimos que los muchachos no tenían opción. No tienen dinero para mejorar las policías, entonces lo están dejando solo, por eso no acaba, porque anda por un lado.
¿Qué se hizo mal? meter la Marina, la Defensa a actividades administrativas. Lo que le pasó a la Marina, pues es muy sencillo, el combustible en Texas está a la mitad de precio que acá, iba a terminar eso mal, es mejor tener contrapesos unos contra otros.
¿Qué se hizo mal? Le quitaron dinero a la Policía Civil, la podían haber corrido toda, estaba mal, pero con presupuesto para tener una nueva.
¿Qué se está haciendo mal? Que se sigue con el espectáculo de culparse unos a otros. Si tú me dices, si hizo todo bien Calderón, creo que no, pero lo hizo todo mal, tampoco, o sea hubo cosas que se hicieron bien. Si tú me preguntas de Peña, igual.
Si tú me preguntas si la paz es posible, sí la paz es posible, siempre va a haber un tema, porque la naturaleza humana es así, y si sueltan a las policías, una policía buena puede terminar siendo muy mala.
Rubén, muchas gracias, me voy a quedar con esa frase, que la paz es posible, estamos por cumplir 20 años de guerra contra el narco el siguiente año, y ojalá que tus palabras sean de profeta, porque vaya que las necesitamos.
Sí, ojalá que así sea.
Rubén Moreira, muchísimas gracias por estar aquí en Esquina Balderas, y si me permites, te voy a invitar otra vez, porque nos quedaron varios temas todavía en El Tintero.
Claro, claro. Muchas gracias, y muchas gracias a ustedes por estar en este episodio de Esquina Balderas, nos vemos en el siguiente, aquí en La Saga.
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