Por Horacio Cárdenas Zardoni
Uno de los temas más complicados de la vida de Saltillo, desde hace un medio siglo y desde diversos puntos de vista, es definitivamente el de la conectividad aérea.
En efecto, la lógica más elemental nos diría que, por tratarse de una capital estatal, la conexión regular, continua y permanente con el centro del país, sería una prioridad. Esto responde a la visión centralista que privó durante tantos años en México, pero repito, tenía su lógica.
Pero luego tenemos que nuestro país ha tenido una evolución económica más bien lenta, razón por la cual, la configuración de ciertos elementos de poder público y de gestión administrativa, sufre algunas modificaciones. Entre ellos está la cuestión de los aeropuertos, si Saltillo está tan, relativamente cerca de Monterrey, pues que use aquel aeropuerto, al menos hasta que la demanda sea suficiente para requerir uno propio.
Durante los años 80 y 90 del siglo pasado yo tenía una comunicación aérea establecida con la Ciudad de México, misma que luego se se fue que agotando y cancelando. Sería difícil señalar que se debió a una decisión gubernamental, pues eran distintas las empresas que operaban ruta. Pese a que los vuelos iban razonablemente llenos, y que de que los boletos eran más caros saliendo de aquí, las operaciones se cancelaron, y los saltillenses que quisieran viajar por avión tuvieron que hacerlo desde el Aeropuerto Mariano Escobedo de Monterrey, que no es necesario recordar que está del otro lado de esa ciudad viniendo de Saltillo.
Pero esto no quiere decir que Saltillo no recibiera vuelos, al contrario llegó a convertirse en un aeropuerto con bastante movimiento de carga y hasta en un Hub de paquetería internacional, sus ventajas tendría definitivamente.
Y así ha sido los últimos 20 años, pocos pasajeros y mucha carga ahora de repente estamos viviendo un Boom de conectividad aérea en el primer rubro. Desde hace algo así como un año tenemos un vuelo diario a la Ciudad de México, aterrizando en el AIFA, y ahora Aeroméxico anuncia que tendrá dos frecuencias a la capital del país, pero al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, Ay no se nos olvide Volaris a Guadalajara que comienza en el mes de diciembre.
Podríamos decir por supuesto, que qué bueno que Saltillo ahora es visto como un destino y un origen importante transporte aéreo, que repetimos, lo ha sido siempre, Pero ha habido razones para contenerlo, y son estas las que han variado.
Sobre el tema de la conexión a la Ciudad de México nos entra la duda de que dentro de poco tiempo estaremos enfrentando un problema de preferencias que podría llevar a registrar una guerra de las empresas aéreas. Hasta el momento son pocas las personas que prefieren llegar al aeropuerto Felipe Ángeles por sobre el Benito Juárez. Las razón es obvia, último está dentro de la Ciudad de México, y el otro está bastante lejos, a menos que su destino sea por aquel lado, el llegar allí y trasladarse implica un costo en tiempo más que en dinero, que incluso propicia que muchos viajeros prefieran saliendo y llegando a Monterrey, con tal de llegar al AICM y no al AIFA.
Ahora la guerrita se traslada a Saltillo, todo el que pueda usará Aeroméxico, y el que no pueda porque ya están llenos los vuelos, se tendrá que contentar con Viva aerobus, con la implicación de tener que movilizarse en el centro del país en un gasto de tiempo que no contemplado originalmente.
En algún momento podría darse el caso de que los vuelos de Aeroméxico vayan llenos, y el de Viva no logre completar el pasaje para hacer viable el vuelo, viéndose quizá obligado a cancelarlo, con la consiguiente molestia a los pasajeros, que si se vuelve recurrente, terminará por afectar la confianza del público línea.
Pero bueno, estamos hablando de cosas que se deben de resolver en la cámara nacional de la industria aérea, o en la Secretaría de Comunicaciones, o yo que sé, uno es primero que nada observador, y de vez en cuando usuario. Pero por lo mismo, tenemos derecho a esperar un buen servicio, y a especular sobre lo que ahorita es motivo de alegría y entusiasmo, que en ocasiones anteriores se ha convertido en la clásica llamarada de petate saltillera, de las que hemos visto muchas.
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