Horacio Cárdenas Zardoni
Un día de estos cualquiera, apareció en primera plana de un periódico de Saltillo la nota de que este 2026 será muy complicado para la ciudad de Saltillo, en materia de lluvias. Citando a los expertos de rigor, vaticinan que por allá por septiembre lloverá de manera descomunal, de lo que se deriva la advertencia de que los cursos de agua serán insuficientes para dar salida a los caudales, a los que bajen de la sierra, y a los que ocasionen las precipitaciones aquí mismo en la mancha urbana, de los estanques, charcas, pantanos y otras acumulaciones, ni hablaron, por el simple hecho de que estos dejaron de existir, para ser comercializados como predios para la construcción de casas, sobre todo en fraccionamientos de cierto lujo.
Cuentan las más antiguas crónicas sobre la fundación de la villa de Santiago del Saltillo, que el agua era aquí tan abundante que hasta había pequeñas cascadas, nada espectacular, pero existían, de allí lo del saltillo, a diferencia del salto. El valle era surcado, cuentan, por alrededor de 600 arroyos, eso en las partes donde había pendiente, que al llegar a las zonas más planas, se convertían en lo ya dicho, pantanos, charcas y estanques, ojalá se pudiera uno vanagloriar de un lago, pero no, la orografía no dio para tanto.
Fue la ambición de unos, la falta de previsión de otros, las largas temporadas de secas y la creencia de que tapando un arroyo, este dejaba de existir como ruta de agua. Por eso es por lo que cada vez que llueve una cantidad más o menos respetable, se inunda la parte norte de la ciudad, lo que de inmediato mueve a la furia de las personas afectadas, tanto en su patrimonio, como en su capacidad para movilizarse, y reviven las demandas de que se arregle un problema que, de inicio simplemente no existía.
No existía y hubiera seguido sin existir, si no hubieran decidido, entre particulares y gobierno, llevándose de encuentro a los compradores de los terrenos y las casas, respetar lo que era paso o estanco de agua ¿En qué cantidades?, las que fueran.
Si se ha usted asomado a algunos de los arroyos del norte de la ciudad, hay algunos que tienen una profundidad de 6, 8 o 10 metros, con diferentes anchuras. Esto nos da una idea de que por ellos corrió agua en cantidad y con la velocidad suficiente para socavar esa profundidad, digo, no son arroyitos de 50 centímetros de hondo y un metro de ancho. Por allí corría mucha agua, no puedo decirle si continuamente, pero sí de vez en cuando. Si nos apegamos al principio de que mientras más viejo un río, más lento corre el agua, los de la región sureste de Coahuila son muy jóvenes, con pendientes muy abruptas, lo que favorece que el agua alcance velocidad y arrastre lo que encuentre, eso hasta llegar a terreno plano, donde tiende a estancarse… ya se imagina por donde, Los Pinos, el Campestre, Campanares, los fraccionamientos que tiro por viaje sufren inundaciones, y peor, que el agua se estanque allí por días, ni más ni menos que lo que lo hacía hace siglos y milenios.
Ahora hay que pedir auxilio a los bomberos, para que mediante bombas, desalojen el agua estancada, tarea que no es sencilla, pues ¿para dónde quieren que corra, si todo es plano?, o bueno, si localizan el trazo del arroyo desaparecido, pues por allí lo canalizan, pero si no… a esperar que evapore, que se filtre al subsuelo, si es que no se les ocurrió la brillante idea de asfaltarlo, y cero opciones más.
Y como siempre, que si ya están aprobados los planos, que si ya está liberado el recurso económico, tasado por supuesto en cientos de millones de pesos, que nadie quiere aportar de su pecunio, esto los particulares, y del presupuesto público menos, pues los gobiernos lo consideran más suyo que los otros. Ahora la novedad es que están negociando precio para adquirir los predios por los que pudiera pasar el trazo del canal, que no arroyo, por el cual desaguar… ¿pues de cuando acá se le pone precio a tierras de inundación?, solo que se garantizara con obras de suficiente envergadura, río arriba, que no va a bajar ni una sola gota adicional a la que puede absorber el drenaje pluvial, que por supuesto, también debería tener una especificación muy por encima de la que se aprobó y construyó originalmente.
Sea lo que sea, y venga como venga. Dudo que la nota y la advertencia muevan a particulares, afectados potenciales, dueños, y gobierno en sus tres niveles, a emprender lo que sea necesario para que de aquí a septiembre estén realizadas las obras que se requiere realizar con urgencia acá en la zona norte de Saltillo. A como somos, es más fácil que los dueños de casas desalojen sus pisos bajos, y todas sus posesiones las suban al segundo y construyan un tercero, antes que se comiencen las famosas obras que han cacareado durante los últimos veinte años y no se ve para cuando puedan iniciarse, bueno, eso si los cimientos de sus casas están lo suficientemente reforzados como para aguantar el ablandamiento del suelo… de una vez se los advertimos, que también puede que falle.
Solución colectiva, no se ve a la mano, cada quien dejado a sus recursos, y pues a darle, que el niñote viene enojado este año.
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