Por Horacio Cárdenas Zardoni
¿Cuándo fue la última vez, el último año, en el que la empresa Altos Hornos México registró ganancias?, estamos hablando de ganancias liquidas, libres de polvo y paja, de las que los dueños, o en su defecto los pocos o muchos accionistas, pueden llevarse con la tranquilidad de que luego no les pedirán una aportación emergente de capital, porque ya sabe, faltó lana para esto o aquello.
La verdad es difícil de saber, cuando comenzamos a interesarnos en la empresa siderúrgica, hace unos treinta y tantos años, ya tenía una larga historia, no precisamente agradable, y menos irreprochable, antes podríamos decir que más bien todo lo contrario.
Nos interesó Altos Hornos porque nos hallábamos en plena era salinista, citando a un clásico macuspano contemporáneo, en plena época del neoliberalismo y del conservadurismo, cuando el gobierno con fuertes tendencias tecnócratas, estaba interesado en “adelgazar” el aparato gubernamental, entendiendo por ello sí, sonarle con el despido de algunos miles de burócratas, pero sobre todo con que el estado dejara de ocuparse de la producción de bienes y servicios, salvo cuando estos tuvieran un carácter estratégico, que el propio gobierno se encargaría de decir cuales eran. Entre las cosas que el gobierno consideró que podía transferir al sector privado, mediante una cantidad sustanciosa de dinero, que en teoría debería entrar a las arcas gubernamentales para aplicarlo a las cosas que se supone que son responsabilidad del gobierno: tener reservas, pagar deudas, sobre todo cuando se contrataron para rescatar esas mismas empresas que ahora quería vender, emprender proyectos, otra vez, estratégicos que no admitían la intervención de nadie, etc. se hallaban Teléfonos de México (se imaginan que la comunicación no haya sido estratégica en aquel momento), las camisas Arrow o Manchester o las dos, Fertilizantes Mexicanos y Altos Hornos de México.
Así, desde las más altas estructuras de poder decidieron que AHMSA debería de venderse, y los cinco o seis mil millones de dólares que se supone que valía, pagarse a la Tesorería de la Federación. Pero AHMSA no se podía vender así como estaba, se requería darle una buena sacudida, porque resulta que en su historia inmediatamente anterior, como empresa propiedad del estado, tenía demasiados vicios, truculencias, prácticas que rayaban en lo ilegal, todo amparado en que tenía un uso “político”, entienda por esto lo que cada uno quiera. Así como estaba, con un sindicato vampírico, con un exceso de nómina, con estándares de calidad y rendimiento por debajo de lo esperado, y una productividad de vergüenza, ¿Quién iba a querer una empresa en esas condiciones?
Se tomaron toda clase de medidas para que pareciera la mera verdad, se corrió a empleados por cientos y miles, se dizque sanearon las finanzas, y se sacó a pasarela a ver quién se apuntaba con la compra, y sí, hubo quien se apuntó, pero a los ojos de muchos, fue la peor elección de entre las pocas o muchas que hubiera interesadas, pues el grupo de inversionistas, encabezados por Autrey y Ancira, entonces aguerridos jóvenes por toda la línea neoliberal, tenían más la especialidad de la especulación financiera que la producción, de cualquier cosa o de lo que fuera, pero de acero, de eso no.
Sí, en el fondo la siderurgia es un negocio, como negocio puede ser cualquier cosa, pero al acero hay que tenerle además cariño, respeto, fe incluso, pero por las venas de los nuevos propietarios corría más bien una cinta de teletipo de la bolsa de valores, que fierro líquido. Y así le ha ido.
Durante todos estos años, lo menos treinta que recordemos, ni una sola vez Altos Hornos ha reportado que no le debe nada a nadie, estamos hablando de dinero a proveedores locales, a bancos nacionales y extranjeros, a financieras, al Seguro Social, al gobierno federal, al ayuntamiento, a un sinfín de acreedores de todo tipo, que en un momento se dejaron deslumbrar con la oportunidad de hacer negocio con una de las principales empresas siderúrgicas del país, encandilamiento que luego se tornó en pesadilla por lo malos pagadores que salieron los que originalmente se presentaron como genios.
Es cierto que el presidente Andrés Manuel López Obrador le tiene ojeriza a todo lo que huela a iniciativa privada, a la generación de riqueza mediante la aplicación de capital y el trabajo de la gente, pero lo que tiene por Altos Hornos de México es un odio cerval, al grado que ha perseguido a su cabeza principal Alonso Ancira por todo el planeta, sin exagerar, no cejando con haberlo encerrado y entregando un dinero supuestamente obtenido ilegalmente de Petróleos Mexicanos, cuestión que nunca ha quedado probada a satisfacción, ahora pareciera que quiere verlo en la quiebra.
Aquel golpe que le dieron a Minera Carbonífera Río Escondido, filial de Grupo Acerero del Norte del que también depende AHMSA, fue brutal, la cancelación de contratos de compra de carbón de la cuenca del mismo nombre, redundó en la pérdida de un negocio fundamental para el conglomerado, pero también en el despido de miles de obreros y la pérdida de muchos más empleos indirectos, tan brutal fue el trancazo, que se llevó de encuentro hasta a la Comisión Federal de Electricidad, pues resultó que el único proveedor de mineral con las características para operar las plantas carboeléctricas de Nava era precisamente MICARE y el GAN, ¿pero cómo se iba a desdecir?, adelante con la decisión, y allí tiene a las plantas trabajando a una décima de su capacidad instalada, quemando carbón que no calienta igual y que para colmo daña los equipos.
Ahora decidieron cortarle la luz… AHMSA no tiene electricidad para operar, y no está operando. ¿cuánto cuesta el tener una empresa de ese tamaño parada, por día, además del daño ocasionado a costosísimos equipos que no se pueden, o no se deben apagar como el que apaga la tele?, debe ser un dineral. Tan grave es la situación que ya anunciaron que tardarán en pagar los aguinaldos, para los que quien sabe de dónde sacarán dinero, pues acero no están vendiendo porque no lo están fabricando.
Ya solo falta que en un golpe de mano, AHMSA se declare en quiebra, cierre operaciones, entre en concurso mercantil para ver qué se le paga a proveedores, y despida a todos sus trabajadores, de todos los niveles, a eso es a lo que la ha llevado el odio de López Obrador, algo podrán rescatar sus dueños, no demasiado ni todo lo que vale, pero ¿qué importa que Monclova y cinco municipios se conviertan en un infierno, antes de devenir pueblos fantasma?, todo es poco para satisfacer la sed de venganza del que hoy es presidente, sed que desgraciadamente, con nada se calma.
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