Manuel Fragoso Álvarez
En una tira de Mafalda, esa ‘L’ Enfant Terrible’ hija del gran Quino, la maestra en una clase les pide a los niños que digan una palabra con la letra ”P”; la maestra le pregunta a Miguelito, él se queda pensando y Mafalda se pone nerviosa y empieza a decir: -que no la diga, que no la diga… Miguelito responde con voz fuerte –¡política! y Mafalda dice; Chin, la dijo. Y bueno, la palabra en sí no dice mucho, pero la hemos manoseado tanto que ya dejó de tener el significado que se le confiere que es o era algo así como: “la ciencia o conjunto de actividades dirigidas a la toma de decisiones colectivas para garantizar el bien común”. Hoy la vemos más como una palabra “mala”, porque si la anteponemos a una persona como un diputado, senador, presidente municipal de Tequila, funcionario de la cuatrote, secretario de alguna dependencia gubernamental, o gobernador de algún estado, pues si suena como mala palabra. Porque ser político debe de ser una persona cortés, diplomática capaz de mantener relaciones positivas y así lograr sus objetivos: o sea la carta bajo la manga del saco, es obtener lo que quieres.
Pero ahora, en estos tiempos que corren “veloces como un Cadillac sin frenos”, dice Sabina, para tratar de llevarla bien en esta sociedad (saciedad anónima) tienes que ser, hablar y decir toda de forma: políticamente correcto. Y esto significa que toda opinión, certeza, argumentación y lógica, estará basada en que lo que puedas aducir sobre cualquier tema, tendrá que ser manejado con pinzas quirúrgicas, porque si no, te funarán, te harán cringe o te señalarán como a alguien que hay que ponerle una red flag. Y ya en el peor de los casos te cancelarán o sea te harán sufrir el rechazo público hacia tu persona, debido a cualquier acción, comentario o comportamiento, que “ellos”, los hoy llamados “grupos minoritarios”, consideren inaceptables, inmorales u ofensivos, esto implica boicotear tu trabajo y hostigarte digitalmente, buscando un castigo social inmediato y su exclusión del espacio público.
Y entonces te vas a quedar callado, porque tu opinión queda a la deriva: si dices algo sobre la guerra de Israel contra los otros, serás antisemita, si criticas a los de Gaza, serás islamofóbico, si opinas sobre el aborto eres conservador anti-choice, si dices algo acerca del bombardeo sobre Ucrania eres un Ukro-nazi, si mencionas la aprensión de Maduro serás injerencista, derechista y vas en contra de la democracia y la libre determinación de los pueblos de tener al dictador que ellos quieren, si no apoyas que se mande ayuda “humanitaria” a Cuba, es porque eres un neo liberal de mierda, un neo-conservador, aunque ellos, los políticos, sepan que esa ayuda jamás llegará a los verdaderos necesitados, al verdadero pueblo cubano, a ese que carga sobre sus hombros a esa bola de sátrapas que los ha des gobernado desde hace 65 años y que viven bajo un sistema comunista que controla su economía y su vida social, llevándolos a una calidad de vida crítica mientras que sus “gobernantes” viven una vida de lujos.
Y olvídate de criticar a los miembros de la comunidad LGBT WXY y Z. Porque serás denostado y te calificarán como transfóbico u homófobo, sin importar si tú lo único que tratas de defender son tus ideas, porque no digan que es transfobia si un hombre hetero busca a una mujer y se topa con un hombre que cree serlo, el hombre lo rechaza porque no es lo que él busca y es acusado de transfobia por el tipo y sus amigos del mismo grupo. O si te quejas de que han cambiado los personajes de alguna película por una persona de color, aunque el libro diga cómo era el personaje, te verán como racista sólo por dar tu opinión.
Y ni modo, vivimos con la educación que recibimos y con los valores con los cuales fuimos educados, para bien o para mal, pero así somos y no andamos lloriqueando como estos millenials, los cuales fueron definidos como la «Generación de Cristal» por la filósofa Monserrat Nebrera. De esta generación se dice que tienen un sentido «exagerado» de lo políticamente correcto, porque fueron sobreprotegidos, mientras que otras generaciones anteriores los consideran débiles, pues esa búsqueda de corrección social, sólo les genera conflicto, ansiedad o depresión.
Y como decía aquella periodista de un canal de televisión, aquí nos tocó vivir y ni modo, hay que adaptarse a los tiempos o andar renegando por todo y contra todos, pero con cuidado porque ahora hasta quedártele viendo a alguien o es acoso o es violencia visual.
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