Editorial

LA OPERATIVIDAD DEL REGLAMENTO


Por Horacio Cárdenas Zardoni


Todos tenemos una idea más o menos clara de lo que son las leyes y los reglamentos. Lo sabemos porque nos lo han imbuido desde la escuela primaria, eso de que el nuestro, México, es un país de leyes, que vive en un estado de derecho, que nos regimos todos los ciudadanos por una constitución, de la cual emanan las tales leyes, y de allí para abajo, hasta llegar a los reglamentos más puntuales sobre cosas que a veces uno ni se imagina que están reglamentadas.


Pero como suele ocurrir, una cosa es que hayan tratado de enseñárnoslas, y otra distinta que las hayamos aprendido, o sí, las podemos repetir como el proverbial perico, pero así como que alguna vez las hayamos analizado, y que de ese análisis crítico se derive nuestro apego y obediencia intencional y consciente, hay una enorme diferencia. Bueno, estoy hablando de la educación de antes, porque en su retórica incendiaria, nos dicen que la Nueva Escuela Mexicana acabará con esas prácticas, para sustituirlas con aprendizaje sólido, que se traduzca en acciones plenamente voluntarias… si es que estamos de acuerdo con ellas, desde luego, porque tampoco es de esperar que obedezcamos algo que nos hicieron conocer y evaluar, y que no estando ni conformes ni de acuerdo, las cumplamos a ciegas.
Ahora que se está discutiendo en el ayuntamiento de Saltillo la conveniencia de un nuevo reglamento de tránsito y vialidad, cabe preguntar qué es exactamente lo que las autoridades municipales están esperando del ordenamiento que juiciosamente están elaborando.


Lo preguntamos por esto, porque tiene un buen tiempo que los ordenamientos municipales son letra muerta, no se aplican, no se consultan, no se instruye sobre ellos, menos se advierte. Solo cuando alguien ha incurrido en alguna falta, ah, entonces sí, a aplicarle todo el rigor de la ley… bueno, del reglamento, que entra en funciones no para la prevención, como sería lo lógico y lo correcto, sino para tratar de resolver el entuerto en que se ha metido el ciudadano y de paso también la autoridad, porque aunque son raros los pleitos, siempre se puede alegar que no hubo la adecuada difusión sobre su operación, y no, el subterfugio usual de que el desconocimiento de la ley no exime a nadie de su cumplimiento… no suele ganarle demasiados juicios a los ayuntamientos.


Bueno, bajándonos de las ramas, lo que trae entre ceja y ceja el municipio es el asunto de las motocicletas y motonetas, bueno y de pasada, otros vehículos llamados alternativos, que han proliferado en los últimos tiempos, y a los que los saltillenses les han demostrado tener mayor preferencia, por varias razones, que se centran en una sola: es cada vez más difícil circular por las calles y avenidas de Saltillo, es más fácil que pase y circule una moto, una bici, un patín, un scooter, que un carro, una camioneta y hasta un camión de transporte colectivo, que si bien tienen la capacidad de transportar cada uno a cincuenta o más personas, si las apretamos lo suficiente, pero no pueden evadir el tráfico, al menos mientras no se creen carriles dedicados, opción poco probable, dado el escaso espacio de rodamiento que ya hay.


A qué más que la verdad, las motos y demás tienen lo suyo de anárquico, al menos así lo percibe el gobierno y también la gente que está atorada en un vehículo de cuatro o más ruedas. Los conductores de vehículos de dos, y hasta de una rueda hacen lo que todo el mundo en su posición haría… aprovechar cualquier espacio por el que puedan colarse, para avanzar en su trayecto. Lo hacen jóvenes y adultos, mujeres y hombres, estudiantes, trabajadores. Ya sería mucho esperar de la gente que trae un vehículo ligero, que se quedara esperando en el tráfico, a que avance el conjunto de los que están atrapados, para ellos, el espacio entre dos carros, es un carril exclusivo para ellos, y lo aprovechan para coraje de quienes los ven. ¿No será el reglamento de tránsito un intento de desquitarse, de bajarlos de su vehículo, al nivel del resto de los mortales que viajan en automóvil?, es una teoría, pendiente de confirmación, pero con trazas de verdad.


El pleito, ahorita, es que no quieren que se suban a los puentes, que esos sí están muy bien identificados, pero también que se abstengan de circular por las vías rápidas, y aquí si podemos preguntarnos ¿Cuáles vías rápidas?
Bueno, ponga que pase el reglamento, que al fin, lo están haciendo por ‘el bien común’, según su entender. Pero ahora viene la parte interesante ¿Cómo le van a hacer para impedir que se suban las motos? ¿de cuántas motopatrullas o patrullas de cuatro ruedas, o hasta caballos, o policías de a pie van a disponer para esa labor titánica de luchas, no contra el tráfico de las motos, sino contra la anarquía del tránsito, la falta de cultura vial de los saltillenses, y contra la mera necesidad de movilizarse?


Me estoy imaginando que uno aquí, otro allá, pero para ordenar a los que vayan a entrar ¿y los que ya vienen por la avenida, los van a corretear, detener, decomisar su vehículo?, o lo que es más probable, que quede como letra muerta, para sacarla a relucir cuando ocurra un accidente, de los que se suceden con demasiada frecuencia, y si huyen de la autoridad, más…


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