Ciudad de México, dic. Ignacio Morgado, catedrático emérito y fundador de uno de los primeros laboratorios de psicobiología en la Universidad Autónoma de Barcelona, afirmó en entrevista que la neurociencia aún no puede explicar qué ocurre en el cerebro ante la muerte y que la consciencia podría ser un misterio imposible de resolver.
El especialista sostuvo que, pese a los avances científicos, todavía no se ha logrado curar enfermedades neurológicas como el alzhéimer o el párkinson y advirtió que el sufrimiento asociado al final de la vida es uno de los temas más urgentes para la ciencia del cerebro.
Morgado explicó que el estudio de la muerte y la consciencia requiere equipos multidisciplinares que incluyan neurólogos, ingenieros en inteligencia artificial, expertos en investigación animal, estadísticos y físicos, debido a la complejidad del cerebro humano, compuesto por 86 mil millones de neuronas interconectadas.
En el diálogo con Infobae México, planteó que la consciencia es el estado que se pierde cuando dormimos sin soñar o bajo anestesia, pero su naturaleza íntima sigue siendo desconocida.
El neurocientífico propuso que la consciencia evolucionó para ajustar el comportamiento al entorno y ayudar a enfrentar situaciones inesperadas. Añadió que la evolución “no ha querido que sepamos qué es la consciencia”, porque el misterio permite creer en algo más allá de la vida, lo que genera resiliencia y ayuda a soportar la idea de la muerte, la pobreza, el dolor y la enfermedad.
Sobre el papel de las emociones, señaló que “funcionamos más por emociones que por razón” y advirtió que el miedo condiciona la vida humana, especialmente el temor a la enfermedad y al sufrimiento.
Morgado relató que en los últimos meses presenció dos eutanasias de amigos y aseguró que “lo duro no es morir, es cómo mueres”, subrayando que el sufrimiento es central en la experiencia humana porque “somos seres emocionales y porque tenemos consciencia”.
Asimismo, cuestionó la posibilidad de programar máquinas con consciencia y planteó que, según teorías como la integración funcional defendida por investigadores del California Institute of Technology, un sistema artificial tan complejo como el cerebro humano podría llegar a volverse consciente.
Sin embargo, advirtió que surgirían dilemas éticos y filosóficos: cómo saber si una máquina es consciente, si tendría un sentido del yo, si podría tomar decisiones o incluso si debería tener derechos.
El especialista destacó también el papel de la filosofía, que “plantea las preguntas que la ciencia debe responder”, y criticó el efecto de los dispositivos móviles y redes sociales en el cerebro, pues fomentan una atención fragmentada, la búsqueda constante de recompensa inmediata y la pérdida de profundidad en el pensamiento.
Reivindicó la lectura como herramienta para expandir experiencias y vivir otras vidas a través de libros, series y contenidos que favorezcan el conocimiento y la reflexión.
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